3/3 Ciclos de Miércoles Jóvenes intérpretes

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  1. Este acto tuvo lugar el
Carmen Yepes, piano

MIRADAS HACIA LA INFANCIA


En la literatura del siglo que se nos ha ido no son en absoluto infrecuentes las páginas centradas en la infancia. No siempre ligadas a un plan pedagógico más o menos confeso (pensamos en los primeros cuadernos del Microcosmos de Bartok o en los Duetos para niños, escritos en 1940 por William Walton), son obras que muestran de un modo esencial, despojado diríamos de mucha retórica de época, el pensamiento musical de sus respectivos autores. En una partitura de los años 80 como Ein Kinderspiel (Un juego de niños) del alemán Lachenmann, encontramos quintaesenciados, como ejemplo de lo dicho, el talante aforístico y la permanente búsqueda tímbrica del músico de stuttgart,
La primera parte del programa de este concierto tiene un rostro muy francés, como evidencian las tres obras que lo integran (todas, por cierto, del siglo XX). Sonará en primer lugar el Children's Corner (Rincón de los niños) que el compositor francés Claude Debussy escribiera pensando en su hija. Seis piezas llenas de humor y ternura, desplegadas ya desde el encanto pudoroso de la dedicatoria: "A mi querida pequeña Chouchou con las tiernas excusas de su padre por lo que sigue". El tempo, el carácter y el empleo de las posibilidades del instrumento han hecho de inmediato de esta obra pieza preferida de los pianistas, como lo fuera del propio autor en sus apariciones como intérprete. La primera de las piezas de la suite fue la Serenade for the doll (Serenata para la muñeca) de 1906, a la que se añadieron las restantes hasta 1908, todas ellas con títulos en inglés, como divertida deferencia a la niñera inglesa de la citada Chouchou. Los juguetes de la niña cobran vida en la imaginación del compositor, quien no desaprovecha la ocasión para hacer una burlona cita del Tristán wagneriano en Doctor Gradus ad Pamassum, Al respecto, dice Debussy: "Se trata de una especie de gimnasia higiénica y progresiva. Conviene, pues, tocarla todas las mañanas, en ayunas, comenzando por moderé hasta alcanzar el animé".
Los niños de Frederic Mompou son, a tenor de lo que traduce la música de sus scenes d'enfants (Escenas de niños), frágiles y delicados, acaso tristes a veces. Pero también son niños que juegan (Jeux sur la plage), que bailan o cantan en un jardín, que gritan (Cris dans la rue), Son páginas escritas por el compositor catalán entre 1915 y 1918, que coinciden con su celebrada Suburbis. Sus cinco piezas son tanto impresiones suscitadas en Mompou por la observación de los juegos infantiles como evocaciones de su propia infancia, sin que por ello obedezcan a argumento o "programa" alguno. Por ejemplo, en el fragmento titulado Jeu III (Juego III) un mordente inicial sugeriría el silbido de un niño que llama a otros desde el portal de su casa. Especialmente relevante es la pieza que cierra el ciclo, Jeunes filles au jardín (Muchachas en el jardín), que ha conocido una transcripción violinística de Szygeti. Contemplando un jardín con un gran muro, el compositor imagina a unas chicas bailando lánguidamente sobre el césped. Enredada en la danza suena la melodía de La filla del marxant.
Contrariamente a las anteriores miradas hacia la infancia ya descritas, la propuesta de Olivier Messiaen nos conduce a la divinidad, Vingt regards sur l'Enfant Jésus (Veinte miradas sobre el Niño Jesús) son otras tantas obras que, compuestas en 1944, constituyen uno de los ciclos pianísticos más importantes del músico francés. Dedicado a su esposa, la pianista Yvonne Loriod, posee las características fundamentales del pensamiento musical del autor, orientado aquí en torno a dos preocupaciones de gran calado: crear una música "teológica" e investigar técnicas nuevas a partir de elementos de la tradición, en especial en lo relativo a la rítmica. En ese sentido, el uso de la métrica hindú le permite obtener una música desligada de la rigidez del compás, dotada de una gran flexibilidad. Junto a ello, Messiaen expresa simbólicamente esas "miradas" por cuatro temas principales exhibidos de modo cíclico, y por colores específicos que, en la imaginación sinestésica del compositor, surcan los diferentes cuadros de la obra: "un gris azulado de acero atravesado por rojo y naranja vivo, un violeta malva manchado de marrón cuero y rodeado por un púrpura violáceo", como señala Jean-Yves Bosseur. Lo que es otra manera de aproximarse a las notas que Messiaen escribía para las diferentes piezas y que, respecto de las dos que aquí nos ocupan -las números XI y XVI- dicen así: "Primera comunión de la Virgen. Un cuadro en el cual la Santa Virgen está representada arrodillada, asomada a las tinieblas, con una aureola brillante en torno a su vientre. La acción ocurre entre la Anunciación y la Natividad. Con los ojos cerrados, adora al fruto de sus entrañas. Es la primera y la más grande de todas las comuniones." "Mirada de los profetas, los pastores y los Magos. Es el concierto de las maderas, con una alusión a los profetas por un cántico, y a los Reyes Magos y los pastores por una música exótica, tam-tam y oboe, concierto enorme y gangoso..."
Los "Cuadros de una Exposición" que Modest Mussorgsky escribiera en 1874, obra que ocupa por entero la segunda parte del presente concierto, nos lleva al siglo romántico aunque manteniendo lazos con la temática general que, aun de modo laxo, la convocatoria persigue. En efecto, el por momentos rudo arcaísmo de los pentagramas del compositor ruso, unido a los instantes amables y grotescos de algunos de sus cuadros, aporta una magia casi de cuento de hadas al conjunto del ciclo. Como se sabe, fue escrito con el estimulo de la exposición de acuarelas y decorados escénicos del pintor y arquitecto Viktor Hartmann, organizada tras el fallecimiento del artista, acaecido en 1873. Mussorgsky transmutó algunos de los cuadros del que fuese su amigo en un mágico paseo sonoro en el cual los diversos lienzos -once en total- aparecen como en el transcurso de un paseo ante el oyente. Hay cuatro intermedios que, precisamente con el título de "Paseo", cubren esta función, más que introducción. Se trata de una música fuertemente descriptiva en ocasiones, como cuando el "Gnomo", de torpe andar, es evocado por un capricho grotesco; o la visión del "Viejo Castillo" por un bajo ostinato. Un realismo muy alejado de los valores románticos nos descubre a unos niños jugando y peleando en las Tullerías, o caricaturiza los gritos de los vendedores en el "Mercado de Limoges". Hay, dentro de una atmósfera entre mística y arcaica, lugar para bajar a unas "Catacumbas" en las cuales las calaveras "brillan desde dentro", según indicación del compositor, mientras "La cabaña de Baba-Yaga" cierra con gran pompa y brillantez el paseo.
No es aventurado afirmar que los "Cuadros", pese a su gran fuerza y singularidad, no hubiesen llegado tan eficazmente al oyente medio sin la genial orquestación que de ellos hiciera Maurice Ravel. Con lo cual, si bien se mira -yeso del "mirar" desde el sonido es otro elemento recurrente en este concierto- encontramos también en la última obra del mismo referencia a la música francesa.

 

  1. I
      1. Claude Debussy (1862-1918)
      1. Children's corner
      1. Federico Mompou (1893-1987)
      1. Scenes d'enfants
      1. Olivier Messiaen (1908-1992)
      1. Vingt Regard sur l'Enfant Jésus (XI. Premiére communion de la Vierge)
      2. Vingt Regard sur l'Enfant Jésus (XVI. Regard des Prophètes, des Bergers et des Mages)
  2. II
      1. Modest Músorgski (1839-1881)
      1. Cuadros de una exposición