(y III) Ciclos de Miércoles Hugo Wolf en su centenario

(y III)

  1. Este acto tuvo lugar el
Cuarteto Leonor . Delphine Caserta y Enrique Rivas, violín. Jaime Huertas, viola. Álvaro Huertas, violonchelo

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TERCER CONCIERTO
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  El otro Wolf

Además de las hasta aquí mencionadas obras de Wolf, éste nos deja un pequeño grupo de piezas para piano y otro, todavía más escaso, de trabajos camerísticos. Algo más de 20 títulos para piano (contando las partituras inacabadas y los fragmentos), la mayor parte de ellos sin publicar, no suponen por calidad o simple interés histórico, un legado importante. En su exigua obra camerística, sin embargo, sí podemos encontrar dos, o incluso haciendo un esfuerzo tres, composiciones de importancia. Una, no voy a decir que popular pero sí bastante conocida -aunque no en su versión original-; otra muy poco conocida y tocada -pero de excelente fuste estilístico y musical- y una tercera prácticamente desconocida, pero que también se debe tener en cuenta. Estas tres, que con un esbozo de cuarteto de cuerda, siete bosquejos para un quinteto con piano, un fragmento de una sonata para violín y un movimiento de seranata, forman la producción de cámara de nuestro autor, son las que se proponen en el siguiente concierto, a saber y por este orden, la encantadora Serenata italiana, el novedoso Intermezzo en Mi bemol mayor y el interesante Cuarteto de cuerda en Re menor.
La Serenata Italiana en Sol mayor no es seguramente la mejor música de Wolf, pero por algo habrá alcanzado la popularidad que tiene: no siempre las músicas de mayor encanto son las mejores, y lo que se dice encanto, a esta pequeña joya le sobra. A diferencia del cuarteto, como veremos después una página de compeja gestación, los aproximadamente siete minutos de música que contiene la Serenata le salieron a Wolf de un plumazo. Fue en los primeros días de mayo de 1887, tras una de las muchas depresiones que había sufrido, pero, aunque el resultado le satisfizo plenamente, la pieza no tuvo ningún éxito. De hecho no fue publicada hasta que Lauterbach y Kuhn se interesara por darla a conocer, ya en 1903. De manera que, cinco años después de escribirla, Wolf procedió a arreglarla, algo que hizo a medias: intentó separar sus secciones en varios movimientos y dotarla de una orquestación. No llegó a hacer lo primero, pues su estado físico y síquico no se lo permitieron -en 1897 llegó a escribir en el manicomio donde se encontraba 40 compases de una tarantela-, pero sí dejó preparada una orquestación para cuerda, maderas -sin corno inglés, que acabó cambiando por una viola- y trompas, sin trompetas, trombones y percusión. El resultado de la orquestación no aportó nada al original, pero como además de la orquestación Wolf añadió al título original -que era simplemente Serenata- el adjetivo "italiana", las pequeñas agrupaciones pronto empezaron a interesarse en ella para iterpretarla; el público también respondió muy bien a esta obra desde el primer momento. Por lo demás, se trata de un sencillo rondó escrito en compás de 3/8 en el que se suceden los pizzicati que imitan las guitarras de los lánguidos gondoleros y las curvilíneas cantilenas  que nos transportan a los colores nocturnos de la Italia que celebraron -e imaginaron- los músicos románticos alemanes, casi sin excepción
Dos años después de completar el Cuarteto en Re menor, es decir, en 1886, Wolf quizá se planteara escribir un nuevo cuarteto. Comenzó con el Scherzo, en Mi bemol mayor, pero ahí se quedó todo, o lo que es lo mismo, convirtiendo el movimiento en lo que hoy conocemos como Intermezzo para cuarteto de cuerda. Pero Wolf no tuvo la suerte de poder escucharlo, ni por supuesto publicarlo. La pieza, que él rebautizó como un "Intermedio humorístico", se tocó por primera vez el 28 de febrero de 1907, en un concierto en la entonces llamada Wiener Akademische Wagner-Verein, y su intérprete fue el famoso Cuarteto Prill. Pero su ejecución, a la cual asistió el todo Viena pro-Wolf, no sirvió para que la obra se publicara; a los herederos del compositor no les gustó la interpretación -habría que ver si la fama de los Prill corría pareja a su capacidad para estudiar con propiedad la música que tenían que tocar- y el Intermezzo quedó almacenado en la correspondiente estantería. Incluso el mismo Max Reger se encargó de explicar al editor con todo lujo de detalles por qué "no es absolutamente necesario publicar esta obra". Unos 11 minutos de duración para 505 compases de música de unos materiales no exactamente de primera clase pero, al menos, espléndidamente conjuntados, dispuestos y reelaborados a través del tiempo; eso es lo que se nos va a entregar hoy en una interpretación que no me extrañaría nada fuera estreno absoluto en Madrid, y quizá en España. Ustedes la disfruten.
Wolf se pasó la vida vilipendiando la música de Brahms, eso es de dominio público. Pero lo que no se comenta tanto es la impresión que al hamburgués le causó la música instrumetal (¿parte de su incipiente cuarteto?) que un Hugo Wolf de 18 o 19 años le presentó para que hiciera una valoración. Pero Wolf no estaba dispuesto a quemar trece cuartetos antes de que alguna autoridad del lugar (recuérdese: una Viena hiperconservadora) le diera el visto bueno. Tras el rapapolvo recibido por Brahms en ese encuentro, prosigió a trancas y barrancas hasta ver su cuarteto acabado.
El Cuarteto en Re menor comenzó su andadura en 1878. El movimiento que primero quedó preparado fue el Scherzo, que reza como fecha de finalización el 16 de enero de 1879. El primer y tercer movimientos (éste último, inicialmente pensado como segundo tiempo) tienen fechas 20 de enero de 1879 y 9 de julio de 1880, aunque los compases 1 a 52 definitivos fueron añadidos en 1884, año en el que Wolf escribió el último movimiento. La primera publicación se realizó en 1903, pero en partes separadas, y parcialmente modificadas. La fuente más fidedigna hoy para su interpretación es la nueva edición de la Sociedad Internacional Hugo Wolf de Viena, llevada a cabo en 1955 y basada en la partitura autógrafa, que se encontró en la Biblioteca Nacional de Austria. Se trata, por consiguiente, de una obra que presenta muchos problemas para ser interpretada cabalmente y comprendida en su verdadera faz, si es que llegó a tenerla. Sus materiales puestos en sonido, sin embargo, revelan una música de excelente solidez y un cuarteto verdaderamente hermoso. Desde luego es cualquier cosa menos la que marca la etiqueta que siempre le ha ido colgando: una obra de juventud.
Es posible que podamos encontrar reminiscencias beethovenianas en algún momento de la obra. La secuencia de tiempos, por ejemplo, es exactamente la misma que la de la Novena; el primer tiempo puede recordar a alguno de algún cuarteto de la época central del de Bonn; y, con mayor claridad aun, al escuchar el tercer movimiento del cuarteto de Wolf, no podemos evitar sacarnos de la cabeza el lento del Op.132. Pero si todo eso es cierto, no lo es menos que el primer movimiento posee un sabor eslavo a la Smetana, o que en el mismo lento podemos imaginar los azulados tonos del preludio del primer acto de Lohengrin, o, más adelante, una especie de desparrame hemorrágico tristanesco. Hay, pues, que añadir a los problemas antedichos en su composición, un cierto eclecticismo estilístico en la identificación de los orígenes de los materiales. Sin embargo, no veo eso tan claro en la propia sustancia, que, sin recordar especialmente tampoco al piano más cantabile de sus Lieder, lo que a la postre está mostrando no es más que una fortísima personalidad como valor más definitorio. En ningún caso esta obra merece el tratamiento que se le da en las salas de concierto y estudios de grabación: el más despreciativo de los olvidos.

      1. Hugo Wolf (1860-1903)
      1. Intermezzo, en Mi bemol mayor
      2. Serenata italiana en Sol mayor
      3. Cuarteto de cuerda en Re menor