(y IV) Conciertos del Sábado Tribuna de jóvenes intérpretes: I. El violonchelo

(y IV)

  1. Este acto tuvo lugar el
Piotr Karasiuk, violonchelo. Juan Carlos Garvayo, piano

Las Tribunas de jóvenes intérpretes pretenden mostrar a las nuevas generaciones de intérpretes menores de 30 años que, formados y activos en España, inician ya con éxito los primeros pasos de su carrera. Han sido alumnos hace muy poco, y aún hacen en algunos casos estudios de posgrado, pero ya son auténticos profesionales que enriquecen nuestra vida musical.

BARTÓK compuso en 1928 dos Rapsodias para violín y piano (Sz. 86 y 89), que un año después orquestó y dedicó a sus amigos los violinistas húngaros J. Szigeti y Z. Székely respectivamente (Sz. 87 y 90). La primera de ellas fue también transcrita para violonchelo y piano en 1929 (Sz. 88). El éxito y la gran difusión se deben a que son obras de gran virtuosismo sin pretensiones, es decir, fáciles para el público, acostumbrado a que los temas folclóricos sean glosados con claridad y sin excesivos ocultamientos en busca de lo esencial. Son bipartitas en el acostumbrado orden de lento-rápido.

SHOSTAKOVICH escribió la Sonata para violonchelo y piano en Re menor Op. 40 en 1934, aunque luego la revisó varias veces. Anterior a la importante serie de Cuartetos, la Sonata Op. 40 es característica de su primer estilo, un poco descarado y sin excesivas pretensiones de trascendencia. Música, pues, para el placer de escuchar, lo que no es poco, en la que mezcla muy diferentes estados emocionales. El primer tiempo es el más variado, desde lo emotivo a lo trágico. El segundo es una especie de danza popular en la que ironiza sobre el primer estilo de Prokofiev. El tercero es más lírico, aunque no conviene pasarse. Y el cuarto es un rondó provocador.

BRAHMS compuso la segunda y última Sonata para violonchelo y piano en 1886, en Thun, y la estrenó en Viena el 24 de noviembre del mismo año. Escrita en los cuatro movimientos habituales, es una de las obras de cámara de Brahms más controvertidas y la que más tiempo ha tardado en imponerse en el repertorio: hay ciertas libertades tonales y rítmicas que desconcertaron en su época y una gran riqueza de motivos temáticos que pueden hacer más difícil la audición para quien gusta de las simetrías de la sonata clásica. En todo caso, la hermosura de la obra hace tiempo que ha vencido todos los obstáculos.

      1. Béla Bartók (1881-1945)
      1. Primera rapsodia para violonchelo y piano, Sz. 88
      1. Dmitri Shostakóvich (1906-1975)
      1. Sonata en Re menor para violonchelo y piano Op. 40
      1. Johannes Brahms (1833-1897)
      1. Sonata nº 2 en Fa mayor Op. 99