(II) Ciclos de Miércoles Música galante

(II)

  1. Este acto tuvo lugar el
La Stravaganza . Mariano Martín, flauta travesera barroca. Francisco Luengo, viola da gamba. Inés Fernández Arias, clave

SEGUNDO CONCIERTO _________________________________________________

La primera parte de este concierto nos sitúa en la corte prusiana en torno al árbitro del gusto musical, el propio rey Federico II.
Cuando Ch. Burney visita Berlín en 1772, Quantz cuenta setenta y cinco años, pero constata que se encuentra en grado de tocar con gran rapidez y precisión. Ha de hacer lo propio con el estancamiento del estilo: Su música es simple y espontánea; responde al gusto de hace cuarenta años, y por más que aquél fuera un período feliz de la música, no estoy de acuerdo con quien esté convencido de que desde entonces los músicos no han descubierto nuevos refinamientos que merezcan ser adoptados. Porque sin caer en el artificio y el capricho, y aun admitiendo que la música haya adquirido hace cuarenta años el culmen de la perfección, hay que reconocer que una simple melodía puede ser embellecida por el uso actual de las apoyaturas, la preparación y resolución de los trinos, del crescendo y diminuendo graduales sea en frases o en notas individuales, y sobre todo en la variedad de la expresión que deriva de los progresos que han introducido hoy día los violinistas al usar el arco. El rey, al estancarse en el que en su juventud era nuevo estilo, el galante, con su expresión deliciosa, casi fríamente bella, que prefiere la bizarría un tanto afectada a la fuerza, ha detenido en su corte el progreso musical. Tan liberal en otros campos, es un dictador de ideas estéticas. Quantz confiesa a Burney que uno de los conciertos interpretados la tarde anterior en palacio y al que había asistido el investigador inglés había sido compuesto hacía veinte años y los otros dos tenían ya cuarenta. Burney reconoce que, al paso que han resistido el trascurso del tiempo, se encuentran en ellos elementos armónicos y melódicos de permanente validez si se escuchan imparcialmente. Este estancamiento en el gusto de la corte será una de las razones por las que Emmanuel Bach no encuentra aceptación en ella como compositor y le impelirá a buscarse otro empleo. Al publicar sus memorias de viaje, Burney vertiría críticas sobre la vida musical berlinesa que levantarían ampollas.
Marpurg había publicado una autobiografía de Quantz, que reproduce Burney, donde constata su acercamiento a la flauta como intérprete y compositor: Por entonces, cuando estudiaba con Buffardin, era muy poca la música compuesta originalmente para flauta travesera, por lo que los intérpretes se veían obligados a adoptar para su instrumento músicas escritas para oboe o violín. Advierte que no está suficientemente preparado para la composición y estudia con Pisendel, Gasparini y A. Scarlatti, optando por el estilo mixto, el «vermischter Geschmack» del que habla en su tratado, que mezcla características del francés, italiano y alemán.
Sus obras para el instrumento favorito del rey se cuentan por centenares. La del programa ha sido publicada en una colección sin fecha y en París con el título: SONATES / Pour la Flûte traversière / avec le Basse composés par M. QUANTZ. Advierte aquí el editor que muchas personas de buen gusto han manifestado el deseo de disponer de los conciertos escuchados en París del señor Quantz, cuyo mérito es reconocido por todo el mundo. El revisor de la edición moderna, J. Ph. Hinnenthal, las publicó en 1935 atribuyéndolas a Haendel como hacía un antiguo manuscrito procedente de la familia Fürstenberg-Herdringen; en 1960 les restituyó la autoría, aunque no despeja del todo la duda, ya que apunta la posibilidad de que pudiera tratarse de una de las «otras músicas de los mejores maestros» que tiene la intención de publicar el editor Leclerc. Los cuatro tiempos, que se introducen con un Adagio, podrían hacer pensar en la sonata da chiesa, pero el carácter melódico acompañado de este tiempo, así como la inclusión del Minuetto, nos llevan al mundo galante. Sólo esta pieza de danza presenta, como era obligado, disposición bipartita.
Johann Philipp Kirnberger había estudiado clave y composición con Bach y los alumnos de éste Gerber y Kellner. Tras desempeñar diversos empleos se afinca en Berlín, donde hasta su muerte estará al servicio de la hermana de Federico II, la princesa Amalia de Prusia, formando grupo con los hijos de Bach Emmanuel y más tarde J. Christian y los alumnos de Johann Sebastian Agricola y Nichelmann. Desarrolla una gran actividad en todos los campos, si bien cuando Burney lo conoce se dedica especialmente a su labor de teórico, donde ha dejado una importante obra como tratadista (constata de paso el historiador inglés la gentileza y cordialidad de este inteligente maestro, que tiene un carácter grave, austero y algo áspero debido, al parecer, a las contrariedades y desilusiones).
La pieza del programa lleva por título: SONATE / pour la Flûte traversière / dedièe à Mr. Willmann / par J. Ph.  Kirnberger / A Berlin chez Arnold Wever. Si el destinatario se identifica con (Johann) Ignaz Willmann, la obra deberá haber sido editada en fecha tardía, ya que éste nace en 1739. La sucesión de tiempos no deja de ser llamativa: un Adagio, de amplia melodía con somero apoyo del continuo, precede a dos Allegro de un sonatismo clásico bipartito y monotemático.
Las crónicas de viaje de Burney son un documento imprescindible y de primera mano para el conocimiento de la época, y nuevamente es interesante recurrir a él y escuchar su descripción de un concierto de Federico II. El rey interpretaba de forma rotatoria una serie de 300 conciertos, la tercera parte de ellos compuesta por él mismo y el resto por Quantz: El concierto comenzó con un concierto para flauta travesera, en el que Su Majestad interpretó con gran precisión; su embouchure era clara e igual, su técnica brillante y su gusto sencillo y puro... Su Majestad tocó después tres largos y difíciles conciertos y todos con la misma perfección. Es comprensible que quien era capaz de interpretar así, un consumado músico, fuera también compositor; incluso se permitió terminar las que al morir dejó su maestro Quantz inconclusas. Aunque la autenticidad de algunas de las obras a él atribuidas es cuestionable, parece fuera de toda duda la autoría de 121 sonatas para flauta y cémbalo, entre ellas la del programa. La facilidad y simplicidad por lo que respecta a la técnica compositiva denota el gusto en que el rey, y con él su corte, se había quedado anclado. Al igual que la de Kirnberger, un Largo declamatorio introduce dos tiempos de sonata bipartitos, de 12 breves compases la segunda y más desarrollada y virtuosística la del primer Allegro.
Tres son las sonatas de Emmanuel Bach para gamba y bajo continuo. La del programa, que en el manuscrito lleva el título de Solo a Viola di gamba col Basso, ha sido compuesta en Berlín en 1745. La seguiría en 1746 la en Re mayor y todavía en 1759 la de Sol menor con cémbalo obligado. No deja de extrañar el que escriba para un instrumento en vías de desaparición, ocupado ventajosamente su puesto por el violonchelo, y que no asuma el esquema «moderno» en la sucesión de tiempos, rápido-lento-rápido. No obstante, la fogosidad del Allegro y las necesarias modificaciones en el tempo dan la medida de la inscripción estilística de Emmanuel Bach. La indicación Arioso es engañosa y no hay que pensar en un pretendido carácter de Lied.
Del Rococó ibérico donde nos sitúan las dos últimas piezas nos ocuparemos más específicamente al comentar el tercer concierto. Oliver Astorga (su nombre de pila parece ser Domingo José) ha desarrollado su actividad profesional en Alemania e Inglaterra, y es en Londres donde publica sus obras, entre ellas, en 1767, las Seis sonatas para violín y bajo, que según costumbre de la época prevén la utilización de la flauta como instrumento melódico. El primer tiempo presenta la forma de la sonata bipartita, pero introduce al principio de la segunda sección un desarrollo antes de volver a la reexposición, fórmula que adoptaría la forma-sonata clásica. El Andante es una forma-Lied ternaria y el Minuetto sigue la estructura habitual de la música de danza con reexposición del tema de arranque y variada para concluir.
También en Londres, y dedicadas al rey Don Juan de Portugal, aparecen las sonatas de Antonio Rodil, la cuarta de las cuales cierra el programa. Dispuesta según el esquema rápido-lento-rápido, el tiempo de sonata inicial presenta un amplio desarrollo y reexposición variada. El Adagio, con un cierto carácter de siciliana, está, contra lo habitual, no en una tonalidad relativa sino que simplemente minoriza la tónica, recurso que utilizará el Clasicismo. Concluye con un Rondó, cuya segunda copla vuelve a utilizar el modo menor de la tónica, y repite antes del último estribillo la primera copla pero en el tono principal, conformando el rondó-sonata de que hablan los teóricos. Una obra, desde el punto de vista formal, muy avanzada.

      1. Johann Joachim Quantz (1697-1773)
      1. Sonata en Re mayor para flauta y continuo
      1. Johann Philipp Kirnberger (1721-1783)
      1. Sonata en Sol mayor
      1. Federico "El Grande" (1712-1786)
      1. Sonata en Mi menor (Sp. XIX)
      1. Carl Philipp Emanuel Bach (1714-1788)
      1. Sonata en Do mayor para viola da gamba y continuo
      1. Juan Oliver (1733-1830)
      1. Sonata en Sol mayor, para flauta travesera y bajo (arreglo de Lothar Siemens
      1. Antonio Rodil (1720-1787)
      1. Sonata en Re mayor