(II) Ciclos de Miércoles Dvorák en su centenario

(II)

  1. Este acto tuvo lugar el
Trío Bellas Artes . Rafael Khismatulin, violín. Paul Friedhoff, violonchelo. Natalia Maslennikova, piano

_______________________________________________________________________

SEGUNDO CONCIERTO
_______________________________________________________________________
Trío en Fa menor, Op. 65, B 130
La década de los ochenta significó para Dvorák el ascenso a la categoría de compositor internacional, favorecido por la protección de Brahms y el instinto comercial del editor Simrock. Tras la composición de la Sinfonía nº 6, que se orientará en parte por ese derrotero, y de la ópera El jacobino que no alcanzará tal proyección, el año 1883 es de dudas y conflictos, con el dilema de escribir una ópera en alemán que pudiera abrirle muchas puertas en los teatros europeos o la voluntad de permanecer en su tierra natal, opción que es la que finalmente prevaleció. A ese estado de incertidumbre parece responder este Trío en Fa menor, casi un compromiso entre el universalismo, entonces equivalente al estilo clásico vienés, en el ámbito de la música de cámara y la consideración a unas raíces intransferibles.
Se ha hablado mucho de la influencia de Brahms y ésta es innegable en muchos momentos: en el entramado de ideas, en el mismo carácter de éstas, en su juego rítmico e invención melódica. Concretamente de su Quinteto op. 34 en la misma tonalidad, que Dvorák admiraba. Pero el Trío carece de la elocuencia y la robustez del Quinteto, es de textura más liviana y resuelve con gran delicadeza los problemas de empaste siempre presentes durante el siglo XIX en las músicas para cuerda y piano, ante el imparable ascenso del sonido de éste. Fue escrito en los primeros meses de 1883 - entre antes de febrero y mayo -  un año que vio también la creación del Scherzo capriccioso op. 66, de abril y mayo, y de la Obertura Hussita op. 67, en verano, para la inauguración del Teatro nacional checo de Praga en noviembre. El estreno tuvo lugar en Mladá  Boleslav el 27 de octubre de 1883 por Ferdinand Lachner, Alois Neruda y el propio Dvorák al piano.

El Allegro ma non troppo se inicia con una melodía al unísono de las cuerdas antes de que la entrada del piano acreciente la tensión. El segundo tema introducido por el violonchelo con sus ritmos insistentes, tras delicadas transiciones, desemboca en una especie de marcha a modo de codetta. En el desarrollo, abierto a múltiples variantes, se insinúa el tema principal hasta que retorna enfático para la recapitulación que se encamina hacia una coda reminiscente del material tratado. En el Allegretto grazioso, en Do sostenido menor, las cuerdas acompañan staccato al piano que expone una idea de claro color folclórico. El trío en Re bemol mayor, enarmónica mayor de la tónica, es confiado a las cuerdas acompañadas por el piano hasta que se alcanza un diálogo más equilibrado.
El Poco adagio empieza con una melodía melancólica del violonchelo con sustento solemne del piano, juego al que pronto se agrega el violín. La escritura está muy cuidada con su constante apelación al canon que aporta solidez, sin mengua de espontaneidad. En la sección central el violín acompañado con discreción se entrega a una expansión lírica de gran efecto. El material temático retorna en la sección final que se prolonga en una coda intimista y contenida. El final Allegro con brio, en ritmo de furiant, vuelve a Fa menor con un tema decidido y martilleante y otro más tranquilo de gran encanto melódico que recuerda el primer vals del op. 54 de hacia 1880. El primero sirve de marco para diversos episodios contrastantes hasta que la música, que se resuelve en mayor, parece desvanecerse paulatinamente hasta precipitar un final rápido.

Trío Op. 90, B 166, "Dumky"
Ya se ha indicado en las notas al Primer Concierto la importancia que significó la dumka y su peculiar forma musical para Dvorák como elemento de afirmación cultural con su dualidad elegía-júbilo. Explícitamente aparece en la Dumka para piano op. 35, las Danzas eslavas op. 46 nº 2 y op. 72 nº 2, el Sexteto para cuerda op. 48, la Dumka para piano op. 12 nº 1, el Cuarteto op. 51 y el Quinteto op. 81, y de forma más velada en otras muchas obras. Pero, sobre todo, en este Trío que se compone nada menos que de seis dumky (plural de dumka) cada una con su propia tonalidad, rompiendo así la estructura tradicional de las composiciones de este tipo. Incapaces de comprender este planteamiento novedoso que indudablemente tiene tendencia rapsódica, algunos han querido ver escondido en este esquema la habitual división en cuatro movimientos. El primero estaría integrado por las tres primeras dumky que han de interpretarse sin interrupción, con la indicación attacca subito, mientras que el resto desempeñarían respectivamente las funciones de movimiento lento, scherzo y finale. La interpretación parece un tanto forzada y en todo caso resulta bastante indiferente para la audición que se ve gratificada por la presencia dentro de cada número del contraste, a veces muy acusado, entre tempi lentos de carácter contemplativo y pasajes rápidos danzables, normalmente furiants. El Trío fue empezado en noviembre de 1890 y completado el 12 de febrero de 1891, el año que vio la primera interpretación del Réquiem op. 89. El estreno tuvo lugar en Praga  el 11 de abril de 1891 por Ferdinand Lachner violín, Hans Wihan violonchelo y Dvorák al piano.
La primera dumka arranca con un desolado lamento del violonchelo en Mi menor, acogido luego por el violín, que alterna por dos veces con breves allegri, quasi doppio movimento en Mi mayor que igualmente se confían al violonchelo, sobre una textura contrapuntística de acompañamiento. Sin solución de continuidad comienza la segunda dumka, Poco adagio en Do sostenido menor, con una melodía, una vez más del violonchelo, de expresividad schubertiana sobre un toque fúnebre del piano. Irrumpe bruscamente una danza rápida, vivace non troppo, muy modulatoria; después de una cadencia, se vuelve al clima doloroso inicial nuevamente interrumpido por la recapitulación del vivace. El attacca subito prescrito por el compositor, conduce a la tercera dumka, Andante en La mayor, cuya melodía es una transformación de la dumka anterior y expresa serenidad a través de una escritura de trama ligera y complaciente. El vivace ma non troppo en menor introduce un tema sincopado que desemboca de nuevo en el Andante y en una coda imaginativa.
En Re mayor, la cuarta sección presenta un contraste menos acusado entre los tempi de las dos secciones. La primera, Andante moderato y quasi tempo di marcia enuncia una melodía que enuncia el violonchelo con gran expresividad. El subsiguiente allegretto scherzando apunta un motivo en Fa mayor llevado por el violín sobre un fondo melódico y rítmico del piano, que en este fragmento goza excepcionalmente de una escritura especialmente fluida. La quinta dumka, en Mi bemol mayor, se inicia por primera vez en la obra con un Allegro, que ofrece dos motivos, el segundo tratado abundantemente en canon. Al reaparecer el primero, la intervención de los instrumentos de arco se hace quasi recitativo y la coda descuella por su aliento bullicioso. La última dumka, en Do menor, propicia en el Lento maestoso un clima de inquietud con tanteos y vacilaciones; el vivace que sigue a esta introducción es una danza impetuosa de raíz popular, protagonizada por el violín que experimenta un sustancial desarrollo. La alternancia de ambos elementos se despliega con habilidad y sabiduría, hasta culminar en el brillante final.

      1. Antonín Dvořák (1841-1904)
      1. Trío en Fa menor Op. 65 B130
      2. Trío en Mi menor, Op. 90, B166 “Dumky”