(III) Ciclos de Miércoles Dvorák en su centenario

(III)

  1. Este acto tuvo lugar el
Cuarteto Wanderer . Yulia Iglinova y Rubén Reina, violín. Julia Málkova, viola. Anton Gakkel, violonchelo

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TERCER CONCIERTO
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  Cuarteto nº 10 en Mi bemol mayor, Op. 51, B 92
Desde el comienzo de su carrera, Dvorák dedicó sus esfuerzos a la música de cámara, lo que no deja de ser un tanto sorprendente. Su temprana experiencia de intérprete de instrumentos de arco pudo ser un acicate, al mismo tiempo que le prestó la solvencia técnica necesaria para abordar un género exigente como pocos, y que otros muchos compositores  reservaron para etapas de madurez. De hecho, su op. 1 es un Quinteto en La menor y el op. 2 un Cuarteto en la misma tonalidad, que datan de 1861 y 1862. Y no solo eso, sino que hacia 1869-70 Dvorák se embarcó en una aventura condenada al fracaso al crear tres cuartetos de gran extensión, algo amorfos, en los que pretende con verdadera audacia fundir los patrones clásicos con las nuevas tendencias alimentadas en Liszt y Wagner; uno de ellos, nº 3 en Re mayor, es de duración superior a la hora y el nº 4 en Mi menor, tristanesco y también muy extenso, consta de un solo movimiento a la manera lisztiana.
Dvorák no siguió ese camino sino que experimentó un proceso de esencialización clasicista, ya evidente en el Cuarteto en Mi mayor op. 80, de 1876, que inicia la serie de los siete cuartetos de madurez, al que siguen el Cuarteto en Re menor op. 34, de 1877, dedicado a Brahms, pero cuyo estilo no refleja excesiva pleitesía y el que hoy se interpreta, en Mi bemol mayor. Éste fue escrito entre el 25 de diciembre de 1878 y el 28 de marzo de 1879, siendo estrenado en Praga el siguiente 17 de diciembre. El Allegro ma non troppo sigue la forma sonata clásica habitual no sin aportar ricas contribuciones muy personales. Los temas principales son flanqueados por motivos secundarios de gran significación estructural; el primero es cantable, el segundo en ritmo de polka ofrece un ejemplo de contramelodía que va directamente hasta el fin  de la exposición. El desarrollo da muestras de  facilidad de escritura, con contrastes bien planeados para compensar con movimientos de reposo el incesante fluir del sonido. El segundo movimiento vuelve a ser una dumka, una magnífica melodía en Sol menor introducida por el primer violín sobre pizzicati del violonchelo; un cambio de tempo de 2/4 a 3/8 transforma esta parte en un furiant en Sol mayor, construyéndose el movimiento en torno a esta alternativa tan pronto soñadora como fogosa.
La Romanza propone una melodía sencilla, distanciada y sin apasionamiento, que se repite con modificaciones de un colorido algo opaco. El pasaje central es aun más sombrío hasta que retorna la parte principal con aire de marcha sobre pizzicati, a la que sigue una variación  apasionada que prepara el descenso al silencio de la coda. El finale se inspira tanto melódica como rítmicamente en la danza popular checa skocná; un a modo de segundo tema se muestra mas reservado y reposado, aunque paulatinamente va animándose de suerte que todo el material va ganado en ligereza danzable, hasta culminar en una coda de agitada vitalidad.

Cuarteto nº 14 en La bemol mayor, Op. 105, B 193
Dvorák empezó a trabajar en este Cuarteto cuando todavía estaba en Estados Unidos el 26 de marzo de 1895. Lo dejó de momento de lado, y sólo lo concluyó en Praga en noviembre y diciembre del mismo año, pero después de haber compuesto entretanto el Cuarteto en sol mayor op. 106. Espejo de muchas experiencias, el Cuarteto revela el entusiasmo por el reencuentro con la tierra natal checa después del segundo viaje americano. Es curioso, aunque no es una cuestión  para tratar aquí, que Dvorák no escribiera ninguna nueva obra de música de cámara, ni en realidad de música "pura", en los nueve años que le restaban de vida, dedicando sus afanes al poema sinfónico y sobre todo a la ópera, un género en el que el éxito se le había mostrado en general esquivo. El Cuarteto, que fue estrenado en Viena el 10 de noviembre de 1896 por el conocido Cuarteto Rosé, ofrece una síntesis cabal del arte camerístico del autor, de su cuidadoso oficio y maestría, y mantiene la  asombrosa facilidad melódica en la que siempre basa la fácil comunicabilidad de su mensaje, con temas sencillos, francos y de una arrolladora eficacia.
Precedido de una breve introducción Adagio ma non troppo, el Allegro appassionato se basa en una idea de gran prestancia y fuerza lírica a la que se opone una segunda que se expone con insistencia. Flota en el aire el motivo inicial del famoso Octeto op. 20 de Mendelssohn y el desasrrollo ofrece imaginativas y felices evoluciones. El Molto vivace es uno de los mejores movimientos que escribió Dvorák del género scherzo. Se trata de un furiant pero de una sutileza rítmica inmaculada, con un trío en el que Dvorák se autocita, no literalmente, por medio de la canción de cuna de Julie del tercer acto de El jacobino, pasaje cuyas voces en canon, dice Sourek con lírica exaltación "hacen casi escuchar un coral de alondras sobre las praderas del sur de Bohemia, inundadas de sol".
El Lento e molto cantabile enuncia un tema plañidero con silencios expresivos; sigue otro parágrafo melódico del mismo talante pero dotado de mayor intensidad donde se suceden mutaciones del material en las que hay reminiscencias de las típicas transiciones de Brahms. Retorna la primera sección con una peroración evasiva que se disuelve en un amplio episodio de poética andadura. El último movimiento, Allegro non tanto, es un número extenso con una primera idea de aroma popular que se repite obstinadamente hasta que, después de un puente rítmico, aparece una segunda, asimismo dotada de gran dinamismo y elasticidad; en lo que podría considerarse un desarrollo, se producen sustanciales metamorfosis del material. La coda, exultante y controlada a la vez, pone una nota final de jovialidad .

      1. Antonín Dvořák (1841-1904)
      1. Cuarteto nº 10, en Mi bemol mayor, Op. 51, B92
      2. Cuarteto nº 14, en La bemol mayor, Op. 105, B193