(y IV) Ciclos de Miércoles Dvorák en su centenario

(y IV)

  1. Este acto tuvo lugar el
Dubhe Quartet . Bruno Vidal y Víctor Arriola, violín. Emilio Navidad, viola. José Enrique Bouché, violonchelo
Juan Carlos Cornelles, piano

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CUARTO CONCIERTO
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Cuarteto nº 12 en Fa mayor, Op. 96, B 179 "Americano"
El más famoso de los cuartetos de Dvorák lo compuso en Spillville, una colonia de inmigrantes checos en el estado de Iowa, a donde se había trasladado para pasar las vacaciones estivales. Fue escrito con rapidez entre el 8 y el 23 de junio de 1893, año singularmente fértil que vio nacer la Sinfonía del Nuevo Mundo y el Quinteto op. 97. El compositor dirigía desde el año anterior el conservatorio neoyorkino que había creado la filántropa Jeanne Thurber con la intención de contribuir al alumbramiento de un nacionalismo equiparable al que se desarrollaba en diversos países de  Europa. La elección de Dvorák pudo tener un punto de fidelidad nostálgica hacia el viejo "Father Heinrich", Anton Philipp Heinrich (1781-1861), llamado "el Beethoven de América", que había llegado de Bohemia hacía 75 años. Apasionado tanto en la historia como en la música de los indios, pero falto de técnica y tal vez de talento, no llegó a ser el gran músico americano que soñaba. Con toda su fama,  tampoco Dvorák podía ser la solución de recambio a pesar de su desinhibida absorción de diversos elementos musicales del país.
El Cuarteto, que se estrenó en Boston el 1 de enero de 1894, es un milagro de pureza de escritura, una idílica imagen donde las impresiones recibidas se superponen a un fondo esencialmente checo. El Allegro ma non troppo se inicia con trémolos de los violines mientras la viola apunta el tema principal que luego pasa al primer violín, quien se hace cargo del segundo, más reposado, y todavía un tercer tema, de carácter interrogativo, completa la exposición. La sección de desarrollo contiene un magnífico canon, elaborado aparentemente sin el mas leve esfuerzo. La materia musical de este tiempo es la más afín a la Sinfonía del Nuevo Mundo, pero el grado de estilización es mucho mayor. El Lento comienza como una serenata del primer violín construida sobre una célula del movimiento anterior, que se expande morosamente sobre los pizzicati del violonchelo. Los demás instrumentos colaboran eficazmente tanto en el mantenimiento de la línea melódica como en sus leves cambios de intensidad. El retorno a la idea inicial es conducida por el violonchelo, que no interrumpe en ningún momento el clima de serenidad total.
El canto de un pájaro parece estar en el origen del tema principal del Molto vivace, donde vuelve todo el nervio y vitalidad de los ritmos eslavos. No puede dejar de ponderarse el virtuosismo de su escritura y la elegancia en el tratamiento de los instrumentos, con un episodio de juego de los dos violines realmente fascinante. El último movimiento  es una especie de rondó del primer violín con un tema cálido sin exceso, al que responde una frase en dobles cuerdas. Se repite la idea principal para dar paso a un pasaje lento en forma de coral que, según Sourek, puede ser la rememoración de una improvisación del propio Dvorák en la pequeña iglesia de Spillville. Bruscamente se acelera el movimiento, reapareciendo las ideas principales, para concluir con una coda de escritura polifónica.

Quinteto en La mayor, Op. 81, B 155
Dvorák había escrito ya un Quinteto con piano en la mayor op. 5 en 1872. En julio de 1887 intentó rehacerlo pero no quedó satisfecho de la tarea emprendida, por lo que decidió componer uno nuevo en la misma tonalidad. La redacción se realizó entre el 18 de agosto y el 3 de octubre de 1887. El estreno se produjo el siguiente 6 de enero en Praga. Superadas crisis de madurez y libre de complejos, esta obra refleja a su autor en estado químicamente puro, con un lenguaje tan pronto coruscante y extrovertido como íntimo y pudoroso, y dentro de una construcción de oficio infalible que se pliega con naturalidad a la facundia y soltura inventivas que parece no va a tener fin. Desde el primer momento, el planteamiento es riguroso al par que generoso en ideas y detalles.
Dentro de la forma sonata, se expone en el Allegro non troppo un primer tema por el violonchelo arropado por los arpegios del piano, de gran potencia lírica, que se extiende a lo largo de varios compases. Un segundo tema introducido por la viola, trae la efusividad melancólica del folclore checo. Motivos secundarios de espontánea desenvoltura se van sumando hasta llegar al desarrollo, donde los dos temas principales se entregan a una vigorosa confrontación modulando libremente hasta que el primero reaparece con todo su esplendor en piano y cuerdas, ahora acopladas con total efectividad, sin que la recapitulación y coda cesen de iluminar nuevas perspectivas. El Andante con moto es una dumka en Fa sostenido menor. La forma es un rondó en seis partes cuyo estribillo es un nostálgico canto de balada presentado por el piano en el registro agudo; viola y primer violín generan a su vez una contramelodía, armónicamente muy refinada. Surge entonces un repentino cambio que da entrada a una sección rápida, de contagiosa energía y aparente novedad, pero que tiene su origen en el tema de balada inicial. El movimiento discurre de acuerdo con las alternativas propias de la personal lectura que hizo Dvorák de esta modalidad folclórica.

El tercer tiempo muestra el extraordinario empuje del furiant ya a partir del primer tema, raudo y ligero, al que sigue otro más calmo y apacible, y todavía un tercero de color eslavo en el que Dvorák parece entregarse a una parodia del vals. La presencia de Schubert se hace tangible, incluso temáticamente, dado que existe una reminiscencia del motivo del Allegro vivace de su Fantasía en Fa menor, D. 940. El trío, perfectamente diseñado, se basa libremente en el primer tema. Para el número conclusivo, Allegro, se recurre a la forma sonata, pero por doquier se advierte la gran libertad con la que se asume. Dvorák apela en la idea principal al ritmo de polka que aquí alcanza gran efervescencia e incluso se permite dar entrada a la dumka del segundo movimiento, eso sí, profundamente transformada. En el desarrollo se asiste a un fugato en el que los temas son sometidos a nuevos cambios y en el que predomina el humor. Completada la recapitulación, el jolgorio se detiene un momento, antes de que los cinco instrumentos se entreguen a una impetuosa y encendida coda que pone punto final a esta obra excepcional.

      1. Antonín Dvořák (1841-1904)
      1. Cuarteto nº 12, en Fa mayor, Op. 96, B179 “Americano”
      2. Quinteto en La mayor Op. 81 B155