Recital de piano Conciertos de Mediodía

Recital de piano

  1. Este acto tuvo lugar el
Tatiana Kriukova, piano

D. SCARLATTI compuso durante los largos años al servicio de la corte española una enorme cantidad de sonatas para teclado, la mayoría en un solo movimiento, con el modesto título de "Ejercicios". En ellas el teclado barroco se libera, se tiñe de galantería y detalles rococós, y en muchas ocasiones prefigura lo neoclásico. En la corte española se tañía, como en todas partes, el clave, pero en ella hubo también pianofortes. En todo caso, tocadas al piano moderno suenan muy bien, tanto si son intimistas como aparatosas y brillantes.
MENDELSSOHN también fue un consumado maestro en el arte de variar. Las más logradas son las Variaciones serias Op. 54, escritas en 1841 y en las que, ya desde el título, trata de reaccionar contra las habituales "variaciones brillantes" de los pianistas de salón, un mero pretexto para lucir ornamentaciones y agilidades sin que se profundizara en las posibilidades expresivas del tema elegido.
DEBUSSY publicó sus Images, para piano en 1905 (1ª serie) y en 1908 (2ª serie). La obra que abre la primera serie, "Reflejos en el agua", no parte del sonido sino de los efectos ópticos que le suscita su contemplación. El último de sus 24 Preludios pianísticos, Fuegos artificiales, es una pieza de gran brillantez, en la tradición del piano trascendental de Liszt, y de un cierto sabor descriptivo: Escuchamos girones de la Marsellesa, incluso.
RAVEL escribió las cinco piezas de Miroirs (Espejos) entre 1904 y 1905, en un estilo lleno de novedades que desconcertaron a sus primeros oyentes. Alborada del gracioso (título original en español) es la cuarta pieza y muestra de nuevo el entusiasmo de Ravel (vasco-francés) por nuestra cultura. La obra completa fue estrenada por Ricardo Viñes en 1908.
El primer cuaderno de Preludios de M. ZALBA fue escrito en 1992 como preparación a la composición de sus dos Conciertos para Piano y Orquesta. Consta de doce preludios de diferentes estilos y lenguajes, en los que se conjugan también distintas exigencias musicales y técnicas. Hay preludios dedicados a compositores como Scriabin (el nº 1) o Debussy (el nº 4 a su Isla alegre) y también a la pianista que hoy los interpreta (nº 11 y nº 12).
S. RACHMANINOV, excepcional pianista, alcanzó una gran popularidad con una obra temprana, el Preludio en Do sostenido menor Op. 3 nº 2 (1892), que el público le exigía como bis en todos sus conciertos. En 1903 compuso una serie de 10, la Opus 23, y en 1910 otra serie de 13, la Op. 32. En total, la típica colección de 24 Preludios en todos los tonos y modos mayores y menores que desde Kalhbrenner hasta Shostakovich han escrito muchos compositores-pianistas y que tiene en la Op. 28 de Chopin su punto de referencia. El Op. 32/5, Moderato, es muy lírico; el Op. 3/2, Lento, es muy efectista y el Op. 23/2, Maestoso, es de enorme virtuosismo.