(I) Ciclos de Miércoles Piano italiano del siglo XX

(I)

  1. Este acto tuvo lugar el

Ottorino Respighi: Tres Preludios sobre melodías gregorianas
Recordado en la actualidad casi exclusivamente por su trilogía de poemas sinfónicos "romanos", Ottorino Respighi fue un músico de molde fundamentalmente romántico. Nacido en Bolonia en 1879, emprendió muy joven la carrera de concertista (era un virtuoso de la viola) y vivió durante algunos años en San Petersburgo donde, con el fin añadido de pagarse los estudios, formó parte de la orquesta del teatro de la ópera. Durante su estancia en Rusia tuvo oportunidad de familiarizarse con la música de Tchaikovsky y de Rimsky-Korsakov, de quien recibió también diversas lecciones. De regreso a Italia, aunque prosiguiendo su actividad concertística con un cuarteto de cuerda, Respighi fue madurando un lenguaje altamente expresivo y refinado. Paladín entusiasta de la renovación musical italiana, se aproximó a las tendencias neoclásicas mediante transcripciones tanto de música barroca y medieval (Danzas y aires antiguos, Los pájaros), como de otra más reciente (La Boutique fantastique, basada en música de Rossini). Impresionado por la maestría pianística de Alfredo Casella, le dedicó en 1921 su obra más importante para piano solista, los Tres Preludios sobre melodías gregorianas. La obra es otro homenaje eminente a la antigua tradición italiana, incluso si no procede hablar aquí de "transcripción" ni de paráfrasis; Respighi trató las sencillas monodias con una gran riqueza de colores, suntuosas armonías, variaciones de registro (resulta interesante, en el primer preludio, el proceder majestuoso del canto en los graves y los agudos, a dos octavas de distancia), imprevistas explosiones de octavas y distorsiones del ritmo (en el segundo preludio), así como delicadas filigranas de acompañamiento (en el tercero). Estructuralmente, los Tres Preludios se interpretan como un fragmento único que se ejecuta sin solución de continuidad, según el esquema lento-rápido-lento. Conocedor profundo de la antigua tradición del teclado (en la Tocata para piano y orquesta de 1928, por ejemplo, aparecen dos pasajes de obras para órgano de Frescobaldi), no dejó de utilizar nuevamente elementos de estos preludios en un monumental Concerto in modo misolidio para piano y orquesta (1924) que él consideró su mejor obra. Respighi falleció en Roma en 1936.

Gian Francesco Malipiero: Vislumbres
La noche de difuntos
    Máscaras que pasan

Nacido en Venecia en 1882 en el seno de una familia de músicos, Gian Francesco Malipiero tuvo una infancia triste cuyas repercusiones sobre su formación humana y musical fueron importantes. Después del divorcio de sus padres en 1893, acompañó a su padre, el pianista y compositor Luigi Malipiero, a Trieste, Berlín y Viena, donde por algún tiempo asistió al conservatorio local. Devuelto por su madre a Italia, se matriculó en el Conservatorio de Venecia donde fue alumno del célebre Marco Enrico Bossi. Éste, desde el principio, concibió una antipatía tal hacia el joven Malipiero que le aconsejó sin más que abandonase la composición. En 1902 Bossi se trasladó a Bolonia y Malipiero prosiguió sus estudios por su propia cuenta. De vuelta con Bossi, éste volvió a creer en las cualidades del joven, que en 1904 obtuvo el Título del Conservatorio de Bolonia. Malipiero dio enseguida indicios de notable talento. En un concurso de composición convocado en 1912 en Roma por la Academia de Santa Cecilia, presentó cinco composiciones bajo nombres falsos y ganó los cuatro primeros premios. Presente en la primera representación de La consagración de la primavera en París ("una velada que me hizo despertarme nuevamente de un largo y peligroso letargo"), Malipiero abrazó la vanguardia con entusiasmo. Vuelto de nuevo a Italia, se implicó activamente, junto con Casella, en el movimiento de renacimiento de la música instrumental italiana. Personaje desconfiado, introvertido, pesimista al borde de la depresión, Malipiero produjo en los años de la primera guerra mundial algunas obras que se cuentan entre las suyas de mayor mérito. La noche de Todos los Santos de 1916, mientras se encontraba en su casa de las colinas de Asolo, en la región de Treviso, observó las lamparitas de los cementerios que centelleaban en el fondo del valle. Ello dio origen a una pequeña obra maestra, rica en sonoridades misteriosas y surrealistas, La noche de difuntos, que Malipiero incorporó a los tres Poemas Asolanos publicados por el editor Chester, de Londres, ese mismo año. Como consecuencia de la retirada de Caporetto, Malipiero se había trasladado a Roma. Se manifestaban ya los rasgos más típicos de su lenguaje abstracto, que repudia toda constricción formal en favor de la más amplia libertad fantástica, y que está empapado de una profunda melancolía. Tanto Vislumbres, de 1917, como Máscaras que pasan, del año siguiente, dedicadas al virtuoso español Ricardo Viñes, son, cada una de ellas, recopilaciones de cinco miniaturas. Malipiero estaba experimentando por aquellos años con un estilo de composición llamado "en paneles", en el que breves partes de material temático alternaban libremente para crear una unidad formal coherente, y las dos recopilaciones pianísticas se devanan vagamente en esta dirección experimental. Vislumbres, como sugiere el título, es una obra introvertida e intimista. Máscaras que pasan, en la que algunos críticos han querido entrever referencias a la antigua comedia del arte, es, quizá, la recopilación de mayor virtuosismo de toda la producción de Malipiero, en la que los colores son todavía más exasperados que en Vislumbres.

Alfredo Casella: Once piezas infantiles
Dos Ricercares sobre el nombre de B.A.C.H.
    A altas horas de la noche
Nacido en Turín en 1883, Alfredo Casella dio desde muy joven señales de ser un genio. Indeciso sobre si dedicarse a la música o a las ciencias, siguió el consejo de Bazzini (el músico que antes que nadie había descubierto el talento del joven Puccini) trasladándose a París, donde fue alumno del Conservatorio. Dotado de una mente voraz, asimiló muy pronto las tendencias más modernas y atrajo la atención internacional como pianista y como compositor de vanguardia. De regreso en Italia en 1910 con la intención declarada de modernizar el mundo musical italiano, Casella asumió una función fundamental en el movimiento de renacimiento y actuó como concertista, director de orquesta, docente, periodista, organizador de conciertos y musicólogo. Fundador de la Sociedad Italiana de Música Moderna, después convertida en Corporación de las Nuevas Músicas, Casella tenía a su favor la enorme ventaja de poder ejecutar sus propias obras (de toda la generación del ochenta sólo Respighi había estado en situación de interpretar sus propias composiciones; no obstante haber sido viola, no vaciló en ponerse a prueba en la parte solista de sus conciertos para piano, ¡ni tampoco en un difícil solo de arpa!). En 1917 Casella dio término a una de las más fascinantes obras de todo el primer siglo XX italiano, el poemita A altas horas de la noche, que escucharemos en el tercer concierto del ciclo. Se trata de una composición sofisticada y refinadísima, inclinada hacia la ejecución pianística de Ravel, llena de colores iridiscentes y figuraciones audaces. Pocos años después, en 1921, con ocasión de su debut con la Orquesta Sinfónica de Filadelfia, Casella rescribió A altas horas de la noche para piano y orquesta, presentándose ante el público americano en su triple condición de autor, pianista y director. Cuando Ricordi publicó la partitura, Casella le añadió un prólogo en el que señalaba el desarrollo de la música como un encuentro nocturno entre dos amantes, añadiendo un sabor dramático a la obra. Generalmente se identifica en 1920, y en especial en las Once piezas infantiles, el primer síntoma manifestado en Casella de aquel neoclasicismo que lo llevará, poco tiempo después, a cosechar un enorme éxito con obras como Paganiniana para orquesta o Scarlattiana para piano y orquesta. Estas piezas "infantiles" parecen ser una fusión idealizada entre el ilustre Rincón de los niños de Debussy y las obras de clara finalidad didáctica de Tchaikovsky y Schumann, pero también son un puente ideal justo entre la producción pedagógica del siglo XIX y la escuela magistral del bartokiano Mikrocosmos. La escritura angular, muy fantástica (no faltan piezas sobre las teclas blancas; después, sobre las teclas negras, ¡según el canon!), respeta muy fielmente un grupo de tres danzas antiguas (Siciliana, Minuetto, Giga) que hacen las veces de soporte de toda la recopilación. El discurso neoclásico de Casella se manifiesta, sin embargo, de forma más decidida en los Dos Ricercares sobre el nombre de B.A.C.H., de 1932 que se oirán en el tercer concierto del ciclo. Escritos para Walter Gieseking, que llevó a cabo el estreno mundial, hacen uso del famoso "tema de Bach", derivado de la notación alemana: Si bemol, La, Do, Si natural (el mismo Bach se sirvió de él en más de una ocasión). En la primera, Fúnebre, la textura polifónica evoca una cierta escritura barroca propia de Frescobaldi. Las armonías, aguerridas como siempre, se desbordan en aquella atonalidad que se hace todavía más manifiesta en la segunda pieza, Obstinado. Sobre un insistente ritmo en octavas, que recuerda al Saltarelo medieval, el tema de Bach se propone constantemente, un compás después de otro, en un esquema casi matemático y enriquecido de acordes cada vez más poderosos y fortalecidos hasta la conclusión final que cierra la obra con un acorde sorprendente en si bemol menor.

Ildebrando Pizzetti: Sonata 1942
Pizzetti, nacido en Parma en 1880, sintió intensamente la sombra de su ilustre conciudadano Giuseppe Verdi. Compositor austero, maestro del contrapunto, abrazó el movimiento de renovación promovido por Casella y Malipiero pero fue, entre todos los miembros de la generación del ochenta, el más conservador. Habiendo alcanzado un cierto éxito en el teatro de la ópera (Asesinato en la catedral, Muerte en Venecia), cambió su nombre por el de "Ildebrando de Parma" por sugerencia de Gabriele D'Annunzio (volviendo a apropiarse, no obstante, después de la guerra, del más mundano de "Pizzetti"). Su producción pianística es un tanto exigua pero significativa. Todavía se presenta, a veces, la ocasión de escuchar un bello concierto para piano y orquesta, Canti della stagione alta, mientras que sus obras sólo para piano, las Tre pezzi da un autunno già lontano (Tres piezas de un otoño ya lejano) y la Sonata 1942, se ejecutan más raramente. Compuesta en plena segunda guerra mundial, la Sonata se articula en tres tiempos dentro del esquema rápido-lento-rápido. La composición de los movimientos exteriores resulta un tanto atrevida, y rinde homenaje también al neoclasicismo en un cierto proceder de los graves y de la armonización casi modal, mientras que en el movimiento central, un magnífico Lento en Si bemol menor, la mano de Pizzetti vuelve a los terrenos que le son más connaturales y produce una página llena de pasión y de airosa elegancia.

© Sandro Ivo Bartoli, 2004


      1. Ottorino Respighi (1879-1936)
      1. Tre Preludi sopra melodie Gregoriane
      1. Gian Francesco Malipiero (1882-1973)
      1. Barlumi
      2. La notte dei morti
      3. Maschere che passano
      1. Alfredo Casella (1883-1947)
      1. Undici pezzi infantili
      1. Ildebrando Pizzetti (1880-1968)
      1. Sonata 1942