Recital de música de cámara Conciertos de Mediodía

Recital de música de cámara

  1. Este acto tuvo lugar el
Andrée Van Daalen, oboe y corno inglés. Aybegüm Sekercioglu, Cristian Moré, Carlos Fortea y Shoko Miyake, oboe. Vadim Gladkov, piano


El concierto de esta mañana es el típico acto que nos permite asomarnos a una cátedra de música, en este caso la de oboe que dirige Hansjörg Schellenberger en la madrileña Escuela Superior de Música Reina Sofía. En él se nos muestran los últimnos progresos de hasta cinco alumnos: Un sudafricano, un turco, un japonés y dos españoles.


Las tres Romanzas de SCHUMANN, de 1849, tienen el valor histórico de haber sido escritas para el oboe en una época, la romántica, en la que el viejo instrumento no gozaba de mucho favor, aunque seguía siendo muy empleado en contextos sinfónicos. Hasta la Sonata de Saint-Saëns, de 1921, el oboe no recibió obras camerísticas de verdadero valor.
C. SAINT-SAËNS compuso en el año de su muerte, 1921, tres Sonatas, para oboe, para clarinete y para fagot, todas con el piano como dialogante, inaugurando así una suerte de "gusto francés" por estos instrumentos. La Sonata para oboe es, en realidad, la primera "gran" sonata para el instrumento, por lo que su importancia histórica es innegable, pero se programa por su belleza, no menos cierta.
SCHUMANN compuso en 1829 varias obras de cámara para instrumentos de viento y piano. El Adagio y Allegro Op. 70 es para trompa y piano, pero el autor permitió su interpretación con oboe, con violín o con violonchelo. El Adagio, "lento y con expresión ensimismada", enlaza con un Rondó, "vivo y con fuego".
La Sonata para oboe y piano de HINDEMITH es de 1938 y una de las más logradas de su célebre serie de diez para instrumentos de viento: las de flauta (1936), corno inglés (1941), clarinete (1939), fagot (1938), saxofón contralto (1943), trompa (1939), trompeta (1939), trombón (1941) y tuba (1955). La de oboe, en dos movimientos, explora el carácter bucólico del instrumento.
BEETHOVEN compuso hacia 1795 y estrenó a finales de 1797 unas curiosas variaciones sobre el célebre dúo de Zerlina y Don Juan originales para dos oboes y corno inglés. Además del interés que tiene por sí misma, la obra constata de nuevo el homenaje de Beethoven por el ya desaparecido Mozart, de cuyas óperas inmortales toma melodías para tejer variaciones destinadas al dúo violín-piano (WoO 40), o al violonchelo-piano (WoO 46 y Op. 66), sin olvidar las pianísticas Variaciones Diabelli (Op. 120), que se convierten en "variaciones mozartianas" a la mitad de su extenso curso.