Recital de violín y piano Conciertos de Mediodía

Recital de violín y piano

  1. Este acto tuvo lugar el
Edith Maretzki, violín. Aimar Santinho, piano

STRAVINSKY estrenó en 1922 un ballet con canciones, Pulcinella, del cual extrajo enseguida una Suite para orquesta de cámara. En 1925 el violinista Paul Kochanski hizo con el autor una Suite de 5 números para violín y piano; en 1932, ya con el título de Suite italiana, Gregor Piatigorsky colaboró con Stravinsky en una transcripción para violonchelo y piano, y en 1935, con Samuel Dushkin, una nueva para violín y piano que es la que se toca habitualmente. Lo de italiana alude a los temas que Stravinsky tomó prestados de Pergolesi y otros maestros italianos en plena oleada de "retornos" al pasado.

TOLDRÁ, el eminente compositor catalán, fue un espléndido violinista, además de cuartetista y director de orquesta. Para su instrumento, la obra camerística más importante son los Seis Sonetos, premiados en 1922 en el tercer Concurso Patxot. El título es muy ilustrativo, ya que cada uno de ellos parte de un soneto poético al que la música "ilustra". El Sonetí de la rosada (rocío, escarcha) es un "sonetillo" en octosílabos de Trinitá Catasús que canta la ternura del amanecer. Ave Maria, de Joan Alcover, es un solemne cántico crepuscular. Les birbadores (los escardadores) de M. Morera i Galicia, traza una alegre estampa popular.

VILLA-LOBOS, el más conocido de los compositores brasileños, es sobre todo conocido por sus obras más cercanas al folklore de su país, pero compuso también numerosa obra camerística atenida a los cánones de la tradición europea, como Sonatas, Tríos con piano y Cuartetos de cuerda. En 1915 compuso dos Sonatas-Fantasía, la primera para violín y piano y la segunda para violonchelo y piano. En ellas analiza con gran libertad (Fantasía) los moldes clásicos (Sonata).

M. de FALLA compuso las Siete canciones populares españolas para voz y piano en 1914. Once años después apareció, con el título de Suite popular española, una transcripción para violín y piano debida a Paul Kochanski, debidamente autorizada y aún alabada por el gaditano. El violinista alteró el orden original y suprimió una de las canciones, la "Seguidilla murciana". La obra supone el máximo acercamiento de Falla a las fuentes populares, que cita textualmente en la línea melódica del canto, logrando en el piano un clima genial y moderno que envuelve y regenera el documento folklórico.