(I) Ciclos de Miércoles El cuarteto iberoamericano

(I)

  1. Este acto tuvo lugar el
Cuarteto Picasso . David Mata y Ángel Ruiz, violín. Eva Martín, viola. John Stokes, violonchelo
Julia Ruiz Muñoz, soprano

_______________________________________________________________________

NOTAS AL PROGRAMA
PRIMER CONCIERTO
_______________________________________________________________________

Se puede afirmar, sin temor a equivocarnos, que un compositor revela su verdadera intimidad, al máximo, en su música de cámara libre de las tentaciones de la coloración orquestal. Esto ciertamente parece ser verdad en el caso de Alberto Ginastera, un músico que según Aarón Copland "era tremendamente contrastante". Apasionado e introvertido al mismo tiempo, Ginastera cuando abordó la composición de sus tres cuartetos de cuerdas, contaba ya con un reconocimiento social y una  importante obra escrita, que le avalaba como uno de los compositores jóvenes argentinos más significativos del siglo XX.
Con independencia de sus períodos creativos, la historiografía iberoamericana reconoce un cambio en la orientación de su obra a partir de 1948, fecha en la que escribe su Primer Cuarteto. De estos años, los comprendidos entre 1948 y 1958, Alberto Ginastera concibe además obras como la Sonata nº 1 op. 22, para piano (1952), las Variaciones Concertantes op. 23, para orquesta (1953), y las Pampeanas nº 2 op. 21, para violonchelo y piano ( 1950), y la nº 3 op. 24, para orquesta (1954). En todas ellas, la expresión nacional adquiere nuevos matices.
Se trata de comprender que este código cultural del cual el creador se apropia, con una dinámica de intercambio abierto, se materializa en la música, en tipos de comportamientos, agrupamientos tímbricos, maneras específicas de combinatorias, resultantes sonoras, que muestran el dominio de una serie de procedimientos técnico-formales necesarios para que la obra adquiera validez y permanencia en el patrimonio cultural de un pueblo. Este patrimonio resulta de la unidad de acciones, realizaciones,  contactos en el desarrollo de la experiencia humana, y al mismo tiempo de las múltiples y complejas interrelaciones con la base popular, desde las alusiones más directas, hasta mayores transformaciones y grados de abstracciones.
Precisamente el propio Ginastera calificó a esta etapa como de "nacionalismo subjetivo", refiriéndose a que los elementos populares se convierten en estructuras más profundas. No aparece la cita folclórica, pero su música está enraizada en los valores nacionales. A partir de este Primer Cuarteto, su lenguaje musical inicia una evolución hacia la dodecafonía.
El Cuarteto nº 1 ya levanta olas. La crítica de dentro y fuera del país se explaya en consideraciones hacia esta magnífica pieza. Hay que recordar que esta composición fue premiada por la Asociación Wagneriana de Buenos Aires y posteriormente le valió un triunfo europeo cuando se escuchó en Frankfurt. En el New York Herald Tribune del 26 de febrero de 1955 se descubre que la música folclórica puede ser tratada con la rigidez formal europea cuando, según refiere Eduardo Storni en su libro de Ginastera, se lee que "el Cuarteto Paganini dio anoche... una obra tan fresca, brillante y estéticamente fuerte, que encontrará seguramente su camino hacia el repertorio habitual de la música de cámara. Fue el Cuarteto nº 1 del argentino Alberto Ginastera".
La obra está impregnada de un fuerte impulso creador y de una marcada individualidad. El primer movimiento tiene un incesante empuje rítmico que cautiva la atención con contrastes que no hacen desaparecer el trasfondo repetitivo, logrado con la reiteración de acordes que ocurren desde el inicio mismo. El primer motivo melódico es anunciado por el violín que a pesar de asumir un carácter más cantable, no renuncia a la repetición de sonidos que se emiten con incisivo énfasis.
El Scherzo de su segundo tiempo, Vivacísimo, duplica el aire de su primer tiempo sin abandonar los ritmos tensos de la primera parte a lo que hay que añadir, el uso de recursos propios de las cuerdas -pizzicato, col legno-, que contribuyen a prolongar el carácter vivo y enérgico de toda esta gran sección.
El tercer movimiento, sin embargo, es calmado y poético, similar en carácter a un nocturno, en el que el autor hace gala de su dominio en la escritura para guitarra cuando nos deja escuchar un distintivo que aparece en varias de sus obras concebidas antes de 1976, año en el que escribió su famosa Sonata para guitarra, op. 47. Me refiero a ese acorde sostenido que consiste en notas de cuerdas abiertas. Resaltan además durante toda esta parte dos melodías, la del violín al comienzo, y la del violonchelo, las cuales en combinación con el resto de las cuerdas se funden en sonoridades que recrean detalles tímbricos muy frecuentes en los cuartetos de A. Ginastera.
Al final, vuelve la sensación rítmica con figuraciones que recuerdan a los dos primeros movimientos. Se recupera el ímpetu característico del autor con brillantez y virtuosismo.
Si hasta este momento de su creación el compositor argentino tenía en su haber una impresionante colección de elogios, en Estados Unidos y en América sobre todo, es a partir de su Opus 26, el Segundo Cuarteto de Cuerda (1958), cuando se le trata como un maestro al que ya no se duda en situar al lado de los más prestigiosos nombres de la creación musical del mundo.
Obra celebrada por intérpretes, público y crítica, se conoce por la creación de un lenguaje propio que todos identifican como folclore, al que tiene la virtud de evocar sin citarlo.
La segunda obra en este género fue encargada por la Fundación Elizabeth Sprague Coolidge y fue estrenada en ese mismo año, en el Festival Interamericano de Música en Washington.
Manteniendo su típico esquema rítmico, Alberto Ginastera emplea en este Cuarteto la técnica de 12 tonos de manera libre y en el cuarto movimiento microtonos. Este movimiento destaca además, porque utiliza variaciones libres a modo de cadencia para el violonchelo y la viola respectivamente. No renuncia al empleo de las formas clásicas, como ocurre en el primer movimiento, o al carácter cantable de una viola en el Adagio angoscioso, y recibe influencia de B. Bartók en el uso de los glissandos, en particular en su tercera parte. La obra adopta la estructura de cinco movimientos y constituye una muestra de madurez en la escritura para cuarteto.

Transcurren unos años cuando decide radicar en Ginebra a partir de 1971. Dos años más tarde escribe su Tercer y último Cuarteto op. 40, manteniendo la misma estructura de cinco movimientos que asumió en el segundo. La diferencia fundamental con respecto a aquél, radica en que añade la voz a excepción del segundo movimiento. Para ello tomó como referencia el Cuarteto nº 2 op. 10, de Schoenberg. En los cuatro restantes, los poemas fueron escritos por tres poetas españoles contemporáneos: Juan Ramón Jiménez, Federico García Lorca y Rafael Alberti. La obra fue creada por encargo de la Biblioteca Pública y la Sociedad de Música de Cámara de Dallas en Ginebra y está dedicada a la memoria de John Rosenfield, crítico musical del Dallas Morning News (1900-1966).
Probablemente sea éste el cuarteto que más virtuosismo exija a los intérpretes. Incorpora todo tipo de técnicas de vanguardia: cuartos de tono, notas de altura indeterminada, pasajes aleatorios.
El tema del primer movimiento Contemplativo, emplea textos de una serie de poemas de Juan Ramón Jiménez. En este tiempo la soprano tiene que recitar y cantar en secciones que alternan las partes cantadas con las instrumentales.
El segundo movimiento, instrumental, trabaja una gama amplia de sonoridades que sirven de introducción al tercer movimiento, Amoroso. Aquí, en su última sección, utiliza la canción de Belisa de El amor de Don Perlimplín de F. García Lorca. Seguido de un contraste de carácter violento y angustiante que el compositor emplea para evocar los horrores de la guerra personificados en un soldado muerto, su cuarta parte Drammatico, con el texto "Morir al sol" de Rafael Alberti, emplea disonancias y evoca en general medios dramáticos para encarnar el significado de los poemas.
Vuelve al clima poético del primer movimiento en Di nuovo contemplativo, su última parte. Pensada como la coda del Cuarteto que concluye el ciclo, está basada en el poema "Ocaso" de Juan Ramón Jiménez.


Primer Movimiento
La Música - Juan Ramón Jiménez

En la noche tranquila,
eres el agua, melodía pura,
que tienes frescas - como nardos
en un vaso insondable - las estrellas.
De pronto, surtidor
de un pecho que se parte,
el chorro apasionado rompe
la sombra - como una mujer
que abriera los balcones sollozando,
desnuda, a las estrellas, con afán
de un morirse sin causa,
que fuera loca vida inmensa.

¡El pecho de la música!
¡Cómo vence la sombra monstruosa!

¡El pecho de la música!
¡Redoma de pureza májica; sonora, grata
lágrima; bella luna negra
-todo, como agua eterna entre la sombra humana;
luz secreta por márjenes de luto;
con un misterio
que nos parece ¡ay! de amor!
¡La música:
-mujer desnuda,
corriendo loca por la noche pura!
          
Tercer Movimiento

Canción de Belisa - Federico García Lorca
Amor, amor,
Entre mis muslos cerrados,
nada como un pez el sol.
Agua tibia entre los juncos,
amor.
¡Gallo que se va la noche!
¡Que no se vaya, no!

          Cuarto Movimiento

Morir al sol- Rafael Alberti
Yace el soldado. El bosque
baja a llorar por él cada mañana.
Yace el soldado. Vino
a preguntar por él un arroyuelo.
Morir al sol, morir,
viéndolo arriba,
cortado el resplandor
en los cristales rotos
de una ventana sola,
temeroso su marco
de encuadrar una frente
abatida, unos ojos
espantados, un grito...
Morir, morir, morir
bello morir cayendo
el cuerpo en tierra, como
un durazno ya dulce,
maduro, necesario...
Yace el soldad. Un perro
solo ladra por él furiosamente.


Quinto Movimiento

Ocaso - Juan Ramón Jiménez
¡Oh, qué sonido de oro que se va,
de oro que ya se va a la eternidad;
qué triste nuestro oído, de escuchar
ese oro que se va a la eternidad,
este silencio que se va a quedar
sin su oro que se va a la eternidad!


d

      1. Alberto Ginastera (1916-1983)
      1. Cuarteto nº 1, Op. 20
      2. Cuarteto nº 3, Op. 40, para dos violines, viola, violonchelo y soprano
      3. Cuarteto nº 2 Op. 26