Recital de canto y laúd Conciertos de Mediodía

Recital de canto y laúd

  1. Este acto tuvo lugar el
Miriam Torres-Pardo, canto y laúd

    Este recital tiene una característica de rareza poco usual hoy, aunque fue bastante normal en el pasado: La cantante se acompaña a sí misma, lográndose así una íntima unión entre voz e instrumento.

    También es infrecuente el programa, que abarca músicas con cuatro siglos de diferencias, entre el Ars nova del XIV al barroco pleno del XVII. Normalmente, los recitales se ordenan por épocas, géneros o por bloques nacionales coherentes para facilitar al intérprete el paso de unos estilos a otros. Hemos respetado el deseo de la cantante-laudista de ofrecer su concierto mezclando épocas y estilos, ya que desea obtener unos efectos que la "escucha historicista" podría obstaculizar.

    Los comentarios a las obras, por tanto, son un poco innecesarios y bastará seguir los textos de lo que se canta para seguir paso a paso la velada. Anotemos, sin embargo, algunos datos "de situación", ordenados cronológicamente.

    Las obras más antiguas son tres de las que contiene el Llibre Vermell (el libro rojo, por estar así encuadernado) de Monserrat, que contiene cantos monódicos o polifónicos de los peregrinos a aquel célebre monasterio en el siglo XIV, casi todos dedicados a la Virgen.

    Seguimos en España, pero ya en pleno Renacimiento, con dos villancicos y un romance de tres vihuelistas, Luys MILÁN (El Maestro, Valencia 1535), Luys de NARVAEZ (El delfín, Valladolid 1538) y Diego PISADOR (Libro de música de vihuela, Salamanca 1552).

    El italiano CACCINI y los franceses GUÉDRON y DURANT nos introducen ya en el nuevo estilo de canto del Manierismo, en el que se rompe el equilibrio polifónico de la "práctica antigua" y se apuesta por la modernidad. Eso mismo hacen en Inglaterra los músicos isabelinos, y especialmente John DOWLAND, del que escucharemos tres preciosas canciones, la última precedida de una canción anónima medieval inglesa Greensleeves (Verdes praderas) sobre la que se tejieron en época de Dowland -y en la nuestra- muchas variaciones.

    Y terminamos con un emotivo "tono humano" de Juan HIDALGO, arpista de la Capilla Real madrileña en los años centrales del XVII y autor de la primera ópera española que nos ha llegado entera, Celos, aún del aire, matan (1660) con libro de Calderón de la Barca.