(I) Ciclos de Miércoles El esplendor de la música española (1900-1950)

(I)

  1. Este acto tuvo lugar el
Eulàlia Solé, piano

FUNDACIÓN JUAN MARCH

Ciclo "El esplendor de la música española"

Miércoles 21 de Abril de 2004


El primer concierto del ciclo, ofrecido a la pianista María Zissi, hubo de ser cancelado hace una semana por problemas de salud de la intérprete. Nos dió tiempo a sustituirla por la pianista Eulalia Solé, quien mantuvo además gran parte del programa anunciado, por lo que le estamos muy agradecidos. Pero el escaso tiempo de preparación nos ha obligado a hacer dos modificaciones, y era imposible introducirlas en las Notas al programa.

En éstas, aparece comentada como primera obra de la primera parte El polo, de la Suite Iberia de Isaac Albéniz. En su lugar, oiremos Evocación, primera de las piezas del primer cuaderno y de toda la obra, una suerte de preludio y resumen de prodigiosa tersura que abre con mano maestra una obra fundamental de la música española que ya hemos oído completa en nuestras series hasta tres veces a cargo de Amador Fernández Iglesias, Guillermo González y Miguel Ituarte.

También aparece comentada, abriendo la segunda parte del programa, la Sonata romántica, Op. 3, de Joaquín Turina. En su lugar, escucharemos el Allegro de concierto que un joven Manuel de Falla compuso en 1903 para el concurso convocado por la Escuela Nacional de Música (hoy Real Conservatorio de Madrid) para que en los concursos a premios se tocaran obras españolas. El concurso lo ganó merecidamente Enrique Granados, y Falla se conformó con un accesit. La obra, que el autor incluiría en su concierto del Ateneo de Madrid en 1905, delata su estilo antes de las decisivas lecciones con Felipe Pedrell: Es el final de lo que Gerardo Diego denominaba graciosamente "PreManuel de anteFalla". El contraste con la Fantasía bética, ya en su momento de madurez, lo aclara todo.
                                                      *   *  *  *  *
Comienza el presente ciclo con cuatro de los compositores que están en la raíz de la música española del siglo XX, que son parte esencial de los Maestros. Y lo fueron tanto en su sentido docente como en lo que sus obras han tenido y tienen de magisterio. Además, en las de los cuatro, el piano ocupó un lugar preferente y ellos mismos fueron, con gradaciones diversas, excelentes intérpretes ante el teclado. En todos los casos puede decirse que su acercamiento a la música pianística ha dado otras tantas personalidades a la música española de su tiempo, desde el brillante mundo sonoro de Albéniz al con frecuencia intimista de Granados, que se complementan con el andalucismo romántico de Turina y con las complejas estructuras de Falla. Los dos primeros están ya presentes en mayor o menor proporción en la música del siglo XIX, pero que son parte esencial, junto a los dos andaluces, de la del XX, cultivadores del nacionalismo, del neoclasicismo y de las corrientes que circulaban por Europa. Todo un extraordinario punto de partida para explicar y justificar que se pueda hablar de un "esplendor" de la música española.
ISAAC ALBÉNIZ: El Polo, de la Suite Iberia

La Suite Iberia va apareciendo como 12 Nuevas "Impresiones", en cuatro Cuadernos, y El Polo es el segundo número de los incluidos en el Tercero. Fue estrenado por Blanche Selva el 2 de enero de 1908, junto a los dos Cuadernos anteriores, en la casa de la Princesa Edmond de Polignac, pero había sido compuesto en Niza el 16 de diciembre de 1906. Son, en su conjunto, aportaciones identificadas ya con el siglo XX, y las complejidades de su rítmica encajan plenamente en la orientación de la música del nuevo siglo, que no tarda en encontrar en Stravinsky nuevos y auténticos golpes de ingenio.
Dos de los comentarios a esta obra de Antonio Iglesias en sus libros de análisis del piano de Albéniz, son especialmente orientadores ante una nueva audición. Para Antonio Iglesias, le sobra en el título el artículo determinado, "porque se refiere, exclusivamente, al "polo" gitano y flamenco, cante y baile de los pueblos de Andalucía, que lo acompañan con guitarras, palmadas, taconeos y castañuelas..." Confirma con ello el punto de vista de Felipe Pedrell, del que recuerda lo que dice del "polo" popular: "... uno de los mejores modelos del género llamado gitano o flamenco... Es en compás de 3/8 y movimiento allegro algo moderado." En segundo lugar, una cita que se ha convertido en clásica al comentar este Polo, la referencia a la opinión de Olivier Messiaen  que lo consideraba "la obra maestra de Albéniz". Es el ritmo, en este caso, lo que despierta la admiración del compositor francés que Antonio Iglesias destaca como algo que produce verdadero asombro por tratarse de un "brevísimo germen rítmico".
ENRIQUE GRANADOS: Goyescas (volumen I)

Son siete las obras en las que Granados muestra en el piano su admiración por la pintura de Goya. Siete a las que hay que sumar la ópera, que recoge toda la intención y el sentido de su homenaje al pintor. No es, desde luego, la única obra o conjunto de obras inspiradas y dedicadas a un pintor, pero sí supone uno de los tributos más apasionados a la vez que un profundo recorrido por las posibilidades del instrumento. En el programa de hoy escucharemos la primera parte de Goyescas o Los majos enamorados, integrada por cuatro números, Los requiebros, Coloquio en la reja, El fandango del candil y Quejas o La maja y el ruiseñor. La segunda parte recoge El amor y la muerte (Balada) y Epílogo (Serenata del espectro). Llega después, en 1914, una Escena goyesca, que titula El pelele. En último término, Granados compone el Intermezo, destinado a la ópera, que con su muerte en 1916, tras el estreno escénico, se convierte en su última obra. La ópera, recordémoslo, espera su estreno en París. Pero la Primera Guerra Mundial lo hizo imposible y pasó a ser presentada en la Opera Metropolitana de Nueva York el 28 de enero de 1916.
Es el último eslabón de una admiración por Goya que había empezado varios años antes, cuando entre 1909 y 1910 Granados compone los números básicos de sus Goyescas, que estrena él mismo en marzo de 1911 en el Palacio de la Música Catalana de Barcelona. Un acercamiento libre al piano que sintetiza Antonio Iglesias con el comentario siguiente: "Que nadie busque una determinada estructura en Goyescas, es decir, una forma en consonancia posible con aquellas derivadas de la sonata, por ejemplo. Esto es imposible en Goyescas. Todo escolasticismo aparece como superado aquí." Como se ha dicho muchas veces, es lo mejor de su piano en la medida en que se mueve con mayor libertad para encontrar en el teclado, sin limitaciones, la impresión, los ecos que despertaron en su interior los cuadros de Goya, alrededor de un mundo que fue del pintor, pero que le hacía vibrar poco más de un siglo después.
JOAQUÍN TURINA: Sonata romántica sobre un tema español, Op. 3,
El piano significa mucho en la producción de Joaquín Turina y muchas veces es él mismo el que hace llegar sus obras al público en el momento del estreno, pero, como ejemplo de la amplitud de su espectro musical, su primera composición es un Quinteto, al que seguirán dos piezas pianísticas, para volver a la música de cámara con su primer Cuarteto. Las dos obras pianísticas se corresponden con otros tantos acercamientos a las corrientes de su tiempo, respectivamente, al nacionalismo y al posromanticismo. La primera de ellas, Sevilla, es una "suite pintoresca" que reclama libertad de acción, y la segunda es la Sonata romántica sobre un tema español, que vamos a escuchar, lo que equivale, dentro de ciertos límites, a un sometimiento a una forma musical de gran tradición. Y si la motivación de Sevilla se quiere encontrar en un consejo de Albéniz sobre su atención a lo español, a raíz del estreno del Quinteto, esta Sonata romántica es, al mismo tiempo, un homenaje a Isaac Albéniz, que había muerto en mayo de 1909, y estrena su obra en el Salón de Otoño de París, el 15 de octubre de aquel mismo año.
Turina sigue por ese tiempo su relación con la Schola Cantorum parisiense, lo que sin duda se refleja en la Sonata a través de dos condicionantes. De un lado, su intención de buscar un desarrollo cíclico, muy próximo a los criterios de la Schola; de otro, su complejidad estructural, de tal modo que resulta de extraordinaria dificultad para el intérprete, por lo que se ha dicho que su programación es siempre un riesgo y, como consecuencia, no ha logrado la popularidad de otras de sus piezas para piano. Su forma y la calificación romántica del título no deben confundirnos, porque, como en Sevilla, Turina no se desprende del sabor andaluz de la mayor parte de su música. En este caso el tema español aludido en el título es "el Vito", que asoma en más de una ocasión a lo largo de los tres movimientos en que está dividida la obra: Tema y variaciones, Scherzo y Final. Pese a ser su Op. 3, lo cierto es que desde el punto de vista de estructura y de organización temática, es una página que puede figurar entre las más "serias" de las que compuso, en la que no es difícil "penetrar" para participar de toda su riqueza sonora.
MANUEL DE FALLA: Fantasia baetica
Cierra el primer concierto de este Ciclo una cuarta obra llena de dificultades para el intérprete, como las anteriores. Elegidas sin duda como ejemplos de excepción en cierto sentido en los catálogos de los cuatro compositores, son cuatro obras o conjuntos de obras que no gozan del número de programaciones de otras de las suyas. Se puede decir que están más cerca de la difícil comprensión que de lo popular. Hay que entrar en ellas muy motivados, muy seguros del camino a recorrer, con la garantía de que el posible esfuerzo va a merecer la pena. De la Fantasia de Falla se ha dicho que es una de las mejores muestras del piano español, del mismo modo que lo es del de su tiempo en general. Un tiempo que está fijado en 1919, el año de su composición. Fue consecuencia de un encargo del pianista Arthur Rubinstein, que se encontraba de gira por España, tras haber realizado otro a Igor Stravinsky, en no muy buena situación económica. El propio pianista la estrenó en Nueva York el 20 de febrero de 1920.
El calificativo de baetica no aparecía en un principio y se tiene la referencia de su origen en el Catálogo de la obra de Falla de Antonio Gallego: "... sabemos que el adjetivo baetica fue añadido al final (en el momento de la edición). De ahí el comentario que Falla hace a José Mª Gálvez, cuando la obra fue incluída en el homenaje gaditano de la Real Academia Filarmónica de Santa Cecilia en 1926: Es «la única (obra) escrita por mí con intenciones puramente pianísticas en lo que a su técnica instrumental se refiere. Otra cosa: el título de Baetica no tiene ninguna especificación especialmente sevillana: Con él sólo he pretendido rendir homenaje a nuestra raza latino-andaluza.»"Falla prolongaría este homenaje en 1923 al crear la Orquesta Bética de Cámara.


      1. Isaac Albéniz (1860-1909)
      1. Suite Iberia, Primer Cuaderno: Evocación
      1. Enrique Granados (1867-1916)
      1. Goyescas o los majos enamorados (volumen I)
      1. Manuel de Falla (1876-1946)
      1. Allegro de Concierto
      2. Fantasia Baetica