Recital de piano Conciertos de Mediodía

Recital de piano

  1. Este acto tuvo lugar el
Ana Menéndez, piano

F. SCHUBERT compuso estas Tres piezas para piano en mayo de 1828, apenas seis meses antes de su temprana muerte. Tardaron cuarenta años en ser editadas (1868) y nada menos que por Brahms, quien les puso el modesto título que tienen. Modesto, porque en ellas llega Schubert de nuevo a la perfección que ya había conseguido en el piano con los Momentos musicales o los Impromptus. Escritas en forma de rondós (episodios impares comunes y dos episodios pares en las dos primeras), no tienen una clara secuencialidad, es decir, pueden interpretarse así, como una unidad, o sueltas. Pero tanto en un caso como en otro siempre serán bien recibidas.

M. RAVEL compuso los Valses nobles y sentimentales en París durante los comienzos de 1911, año en que se estrenaron y editaron (Durand). Luego los orquestó para su utilización en un ballet denominado Adelaida o el lenguaje de las flores, estrenado en 1912. El mismo Ravel escribió, por si no estuviera claro en el título, que había compuesto "una tanda de valses al estilo de Schubert", pero su lenguaje inequívocamente moderno, y un poco sarcástico, no fue bien recibido en el estreno. Años más tarde, tras los avatares de la gran guerra, Ravel convertirá el vals en el símbolo trágico del fin del Impero austrohúngaro: La Valse, poema coreográfico (1919-20). ahora, el vals es símbolo del "placer delicioso y siempre nuevo de una ocupación inútil" (Régnier).

C. DEBUSSY editó en 1910 una colección de doce Preludios para piano, que completó con otra serie de doce publicados en 1913. En ellos recoge el autor todas sus experiencias anteriores, todas los descubrimientos sonoros que luego sintetizaría en sus Estudios de 1915, y alcanza la perfección. Voiles (Velas) es el segundo del libro 1º y evoca con placidez una tarde al borde del mar. Feux d'artifice (Fuegos artificiales) es el último del 2º libro y junta a su brillantez muchos rasgos originales, rozando la atonalidad. La cita final de "La marsellesa" es muy irónica: el bullicio da paso a la soledad. Des pas sur la neige (Pasos en la nieve) es el sexto del libro 1º y evoca la soledad más absoluta, debiendo adquirir la obra "el valor sonoro del fondo de un paisaje triste y helado". Ce qu'a vu le vent d'Ouest (Lo que ha visto el viento del Oeste) es el séptimo del primer libro y recuerda aún, aunque con otro lenguaje, el pianismo brillante de Liszt.