Recital de piano Conciertos de Mediodía

Recital de piano

  1. Este acto tuvo lugar el
Kaori Kuzumi, piano

F. COUPERIN, el más famoso de una amplia dinastía de músicos y por ello conocido como "el grande", fue clavecinista real. Publicó, entre otras cosas, cuatro libros para el clave con hasta 27 "órdenes" o suites de piezas, muchas de ellas con títulos que facilitan su comprensión. La única es la pieza nº 5 del octavo orden del libro 2º (1717), una zarabanda de gran intensidad. En Los cuclillos benévolos, un episodio del nº 4 del orden 13 del libro 3º (1722), juega con las alusiones tradicionales asociadas a ese canto, y viene tras Los viejos galanes y antes de Los celos taciturnos para que todo quede claro.

J.Ph. RAMEAU, tan grande como músico y como teórico, es la más alta cima del barroco tardío en Francia. Publicó hasta tres colecciones de piezas para clave, en las que no faltan las del género descriptivo: La llamada de los pájaros es la quinta de la segunda colección, publicada en 1724.

L.C. DAQUIN es uno de los últimos grandes clavecinistas franceses, aunque solo logró publicar un primer libro de piezas para tecla y, de ellas, hoy apenas se interpreta más que el delicioso Cucú, un rondó basado en el canto que simboliza la infidelidad amorosa.

F. LISZT compuso las dos Leyendas en 1863 entre los libros 2º y 3º de Años de peregrinaje y se trata de dos narraciones o poemas sinfónicos, pero para piano. En el primero, San Francisco de Asís. La predicación a los pájaros -de nuevo una obra "pajarera" en el programa de hoy- parte de una de las leyendas narradas en las Fioretti. En el segundo, San Francisco de Paula caminando sobre las olas, toma uno de los milagros cantados en la Vita de Miscimarra.
Las dos Baladas de Liszt, siguiendo el modelo de las de Chopin, son mucho más tempranas que las Leyendas. La segunda, en Si menor, es de 1853 y maneja con suma maestría hasta tres temas diferentes en el marco de la forma sonata.

S. BARBER, el eminente compositor norteamericano, es hoy conocido casi exclusivamente por su Adagio para cuerdas (1936), que procede del movimiento lento de su Cuarteto nº 2. Para piano, además de las cuatro Excursiones Op. 20, encantador paseo por unos territorios sin excesivos antecedentes (1944), compuso la espléndida Sonata de 1949 y el Nocturno de 1959 en homenaje a John Field.