Recital de canto y piano Conciertos de Mediodía

Recital de canto y piano

  1. Este acto tuvo lugar el
Esperanza Rumbau Hernandis, mezzosoprano. Juan Hurtado, piano

Comienza el recital con varios ejemplos de canciones de concierto españolas. La Saeta en forma de Salve (1930) de Joaquín Turina es una de sus canciones más atractivas. Manuel de Falla escribió con textos de María Martínez Sierra, al margen de sus dos obras capitales ("El amor brujo" y "El sombrero de tres picos") algunas canciones que no son obras maestras pero tienen interés; la Oración de las madres... es una reacción ante las desgracias de la primera guerra mundial; El pan de Ronda es el único episodio de un proyecto más amplio, "Pascua florida", que no se llevó a término. El valenciano Ricardo Olmos es autor de bellas, pero casi desconocidas canciones, de las que Esperanza Rumbau ha sido y es buena defensora. Son en cambio muy apreciadas las que compuso el catalán Eduardo Toldrá, cuyo centenario conmemoramos.

El recital cambia de rumbo para acoger ahora canciones hispanoamericanas. Del argentino Alberto Ginastera se escoge un ejemplo de su faceta más nacionalista. De los también argentinos Carlos Guastavino y Manuel Gómez Carrillo, dos canciones que están a caballo entre la recreación de lo folklórico y la música de salón, opción ésta que es la predominante en la muy conocida María de la O del cubano Ernesto Lecuona.

El tercer bloque presenta dos ejemplos de romanzas de dos insignes zarzueleros. Ruperto Chapí estrenó El barquillero en 1900 sobre libro de López Silva y Jackson Veyán: Es buen ejemplo del género chico. De Manuel Fernández Caballero se ha optado por una jota de concierto, aunque muy similar a las que compuso en obras teatrales como, por ejemplo, Gigantes y cabezudos.

Y finaliza con un giro radical hacia el mundo operístico neoclásico. La clemenza di Tito es la última ópera de Mozart, estrenada en Praga en septiembre de 1791, pocos meses antes de la muerte. "Parto, ma tu ben mío" lo canta el personaje de Sextus (en el estreno, un castrado) en el acto 1º, y es un emocionante aria de despedida con clarinete obligado. Pero la "ópera seria" estaba ya en decadencia en favor de la "ópera cómica", en la que sobresaldría poco después Rossini. L'italiana in Algeri, estrenada en Venecia en 1813, es buen ejemplo del género, y el aria que la protagonista, Isabella, en poder de turcos y pensando siempre en su patria, canta en el acto segundo muestra que en la ópera cómica también cabían pensamientos serios.