Recital de canto y piano Conciertos de Mediodía

Recital de canto y piano

  1. Este acto tuvo lugar el
Charo Vallés, soprano. Miguel Álvarez-Argudo, piano

La canción francesa de concierto -la mélodie- se convirtió en la segunda mitad del siglo XIX y en los primeros años de nuestro siglo en la única alternativa seria al lied alemán. Los compositores lograron trascender en muchos casos el clima de la romanza de salón, ligera y con un piano que se limitaba a acompañar, y consiguieron obras de gran belleza y trascendencia.

CESAR FRANCK, el músico de Lieja que se convirtió en el gran maestro de la Schola Cantorum de París, es autor de unas 20 canciones, hoy muy olvidadas. Nocturno es de 1885 y El florero roto de 1879. Ninguna de ellas alcanza la trascendencia de sus obras orquestales, camerísticas o para tecla.

DUPARC, alumno de Franck, no compuso muchas más, pero el ramillete de sus canciones es el núcleo central de su obra musical y son consideradas como una de las más importantes realizaciones dentro del género. Canción triste, de hacia 1868, es la más antigua, aunque la revisó en 1902. Extasis es de 1874, revisada en 1884. Serenata florentina es de 1881. La invitación al viaje, probablemente la más famosa y una de las más exquisitas, de 1870. La morada de Rosamunda, de 1879. Varias de ellas fueron orquestadas años después.

BIZET escribió alrededor de 30 canciones, pero muy en el estilo de Gunod y de los compositores teatrales de su generación, que dedicaban casi todo su esfuerzo a la ópera. La despedida de la anfitriona árabe es de 1866, y Pastoral es de 1868.

FAURÉ, importante en tantos géneros, es uno de los más prolíficos autores de canciones, desde las más frívolas y ligeras de sus primera época a las más reconcentradas de su madurez. La mariposa y la flor es el inicio de su catálogo (1861); el tríptico El poema de un día de 1878, el mismo año en que compuso Nell. Nuestro amor es de 1879. Flor arrojada de 1884. Y las Cinco melodías venecianas de 1891: el refinamiento conseguido por el punto de partida de los versos de Verlaine volverá a repetirse entre 1892-1894, años en los que compone su obra maestra, también sobre Verlaine: La buena canción. Pero Fauré seguirá insistiendo en componer excelentes canciones hasta 1921, poco antes de morir.