(II) Ciclos de Miércoles Britten: música de cámara y canciones

(II)

  1. Este acto tuvo lugar el
Trío Bellas Artes . Rafael Khismatulin, violín. Paul Friedhoff, violonchelo. Natalia Maslennikova, piano

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NOTAS AL  PROGRAMA
SEGUNDO CONCIERTO
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Night Piece (Notturno)
A pesar de que el piano fue un instrumento capital para Britten, como intérprete solista o como acompañante en recitales, prácticamente toda su literatura como compositor para piano solo se reduce a las piezas breves (numerosas, eso sí) que escribió entre los nueve y los doce años de edad. Dentro de lo que es su mayoría de edad musical hay que registrar tan sólo una temprana suite, Holiday diary, Op. 5, de 1934, unas particulares Cadencias para los movimientos primero y tercero del Concierto K. 482 de Mozart, que Sviatoslav Richter estrenó en Tours en el verano de 1966, y una pieza suelta fechada tres años antes, Night Piece (Notturno), encargo del Concurso de Piano de Leeds para que sirviera de obra obligada en su primera edición.
La intención de Britten con ella era probar la musicalidad, más que el mero virtuosismo de los concursantes, y lo hizo con una obra muy exigente en pulsación, uso del legato en la melodía y sutil juego con el pedal. (El concurso, digámoslo como anécdota, fue ganado por Michael Roll, entonces con sólo diecisiete años de edad). Escrito en Si bemol mayor, la estructura de este Nocturno es ternaria, de curso fluido y sereno, interrumpido antes de la coda por una cadencia sobre cantos de pájaros. Se ha hablado, naturalmente, de la sombra de Messiaen en este detalle y de los Nocturnos de Bartok como modelo inicial, pero más parece el fruto espontáneo de un Britten seducido ya por la noche en otras obras, como sus Serenade y Nocturne, para voz y orquesta, o la ópera A midsummer night's dream, estrenada tres años antes.
Five Walztes
Así, con la z y la t cambiadas de sitio, fueron revisadas y bendecidas por Britten en 1969 estas piezas de adolescencia. La razón la explicaría él mismo en el prefacio de la partitura definitiva, publicada al año siguiente: «En 1925 surgieron 10 Walztes, incluido un Petite Valse; triste resulta que mi ortografía francesa fuera mejor que la inglesa. Algunos de ellos habían sido escritos algo antes y, ya que el autor era un niño corriente, son bastante infantiles (no era Mozart, me temo). Sin embargo, tal vez puedan ser útiles a los jóvenes o inexpertos para estudiar...». Chopin es el modelo aquí, claramente, pero no el molde en su totalidad porque entre la inocencia de los pentagramas aparece de vez en cuando alguna travesura. Eric Rosenbery señala, por ejemplo, el repentino cambio a modo mayor para terminar el Vals nº 1 como una advertencia del niño dispuesto a marcar su propia senda.
Suite para violonchelo nº 1, Op. 72
Mstislav Rostropovich fue el inspirador y destinatario de las cinco obras con el violonchelo como protagonista compuestas por Britten entre 1961 y 1971. Primero surgió la Sonata con piano que cierra este programa, luego la Sinfonía para violonchelo y orquesta y por último tres Suites para violonchelo solo. Esta Suite nº 1 fue compuesta en el otoño de 1964, tras una gira por Rusia con el estreno de la Sinfonía citada, y presentada al público por primera vez el verano siguiente en Aldeburgh.
La obra muestra numerosas particularidades, quizá la más notable el empleo de un "Canto" a modo de eslabón que encadena la obra de principio a fin. Algunos lo han visto como una especie de ritornello barroco a gran escala y otros señalan el "Promenade" de los Cuadros de una exposición de Mussorgsky como el precedente más cercano. El "Canto" aparece en cuatro ocasiones a lo largo de la suite, enlazando tres pares de piezas de muy marcado carácter cada una de ellas: una humorística "Fuga" con un singular diálogo de dos notas staccato, un lírico "Lamento" con expresivos choques entre Mi natural y Mi bemol, una "Serenata" con reminiscencias de Debussy y tintes españoles, una "Marcia" que incluye un guiño a La historia del soldado de Stravinsky, un "Bordone" que apuntala un motivo en pizzicato y una frase de contrastantes ondulaciones y, por último, un vertiginoso "Moto perpetuo" en cuyo seno emerge al final el "Canto quarto".
En la partitura, como en las restantes suites, Britten escribió escuetamente «for Slava».
Suite para violín y piano, Op. 6
Britten comenzó a componer esta Suite durante una estancia en Viena en el otoño de 1934 y la concluyó en el mes de junio del año siguiente en Londres. Algunos de sus procedimientos técnicos, en especial un motivo de cuatro notas de cerrada simetría (Mi, Fa, Si, Do) que recorre toda la obra, presentan cierto paralelismo con los de la moderna música vienesa de esos años. El estreno tuvo lugar en abril de 1936 en el Casal del Metge de Barcelona, en el marco del Festival de la Sociedad Internacional de Música Contemporánea, a cargo de Antonio Brosa al violín y el propio compositor al piano. Brosa, que desarrollaba una notable carrera internacional, abierta constantemente a la música nueva, estrenaría también el Concierto para violín y orquesta de Britten, en 1940 en Nueva York, con la New York Philharmonic dirigida por John Barbirolli.
La Suite es brillante y requiere intérpretes muy capacitados. Tras una especie de fanfarria introductoria (frecuente en las obras de Britten de esos años) viene una "Marcha" de caracter dinámico y fragmentario y, a continuación, un "Movimiento perpetuo" lleno de cruces rítmicos y con una ambigüedad tonal que, como estamos teniendo ocasión de ver, seguiremos encontrando en la música de Britten hasta el final de su vida; el tercer tiempo es una "Canción de cuna" de efecto hipnótico y concluye la obra con un desenfadado "Vals" donde el motivo de cuatro notas que amalgama la obra se revela con claridad.
En el último año de su vida Britten publicó una versión revisada que eliminaba el último tiempo en ser compuesto, el "Moto perpetuo", dejando el conjunto con el título de Tres piezas para violín y piano.
Sonata en Do mayor para violonchelo y piano, Op. 65
«Esta Sonata -escribió Britten- fue proyectada durante unas vacaciones en Grecia en el otoño de 1960 y escrita en Aldeburgh en diciembre y enero siguientes. Está inspirada en las interpretaciones de Rostropovich, y está dedicada a él...». Inspirada en sus interpretaciones: tanto en lo que es capaz de tocar como en su manera de hacerlo. Es, pues, una obra tan "a la medida" como las canciones o papeles operísticos concebidos para Peter Pears.
Rostropovich y Britten se habían conocido poco antes en Londres con motivo de la interpretación por aquél del Concierto para violonchelo y orquesta nº 1 de Shostakovich. De la afectuosa y fructífera relación surgida de este encuentro ya hemos hablado. Ambos planearon el estreno de la Sonata en el siguiente Festival de Aldeburgh, con Britten al piano... y Rostropovich nos ha descrito con humor el primer ensayo, al que llegaron los dos algo nerviosos, por lo que, según él, calentaron el ambiente con más whiskies de la cuenta: «tocamos como cerdos... ¡pero fuimos tan felices!». Por supuesto, en el estreno ambos estuvieron magníficos y la obra fue defendida extraordinariamente.
Era la primera composición puramente instrumental escrita por Britten después de una década; una curiosa combinación de sonata ("Scherzo", "Elegía") y de suite ("Diálogo", "Marcha", "Moto perpetuo"), pero sus ideas fuertemente estructuradas y su patrón armónico clásico dan la razón al título. Ha señalado Michael Kennedy que su economía de medios, su delicadeza, la brevedad de los cinco movimientos, casi epigramáticos, anuncian la austeridad que seguirán sus composiciones a partir de entonces. Por el contrario, otros detalles, como su estrafalaria "Marcia" seguida de un "Moto perpetuo", nos pueden recordar las piezas instrumentales de su primera etapa (como la Suite Op.6 incluida en este programa), pero el virtuosismo del compositor y del intérprete, orgullosamente exhibidos entonces, van a ser sustituidos ahora por planteamientos musicales si no más trascendentes sí más personales y profundos.

      1. Benjamin Britten (1913-1976)
      1. Night Piece (Notturno) para piano (1963)
      2. 5 Walztes (1923-25)
      3. Suite nº 1 en Sol mayor, Op. 72 para violonchelo solo
      4. Suite para violín y piano, Op. 6
      5. Sonata en Do mayor, para violonchelo y piano, Op. 65