Conciertos de Mediodía

Recital de piano

  1. Este acto tuvo lugar el
Ignacio González Sánchez, piano

J. HAYDN escribió una gran cantidad de música para tecla comenzando con el clave y terminando en el pianoforte, con cerca de 60 sonatas que influyeron decisivamente en la codificación de todos los recursos de la sonata clásica. La Sonata en Do mayor es probablemente la última, escrita como las Hob. XVI. 51 y 52 entre 1794 y 1795 durante su segunda estancia en Londres. Es de una maestría impresionante en cada uno de sus tres movimientos y en la unidad que se logra con ellos.
F. SCHUBERT compuso las Tres piezas para piano en mayo de 1828, apenas seis meses antes de su temprana muerte. Tardaron cuarenta años en ser editadas (1868) y nada menos que por Brahms, quien les puso el modesto título que tienen. Modesto, porque en ellas llega Schubert de nuevo a la perfección que ya había conseguido en el piano con los Momentos musicales o los Impromptus. Escritas en forma de rondós (episodios impares comunes y dos episodios pares en las dos primeras), no tienen una clara secuencialidad, es decir, pueden interpretarse como una unidad, o sueltas. Pero tanto en un caso como en otro siempre serán bien recibidas.

F. CHOPIN compuso los dos Nocturnos Op. 48 en 1841, y fueron dedicados a su alumna Laure Duperré. El primero es uno de los más amplios y dramáticos; el segundo, un Andantino de no menos amplitud, es mucho más reposado y melancólico.

F. LISZT publicó en 1846 una doble versión de Tre soneti di Petrarca, una para canto y piano (S. 270/1) y otra para piano solo (S. 158). Debidamente reelaboradas, las piezas pianísticas fueron incluidas en el segundo de los Años de peregrinaje, el dedicado a Italia (S. 161/4, 5 y 6), tras haber dado forma definitiva a las canciones (S. 270/2). El Soneto 104 glosa aquel que comienza "Pace non trobo": "No encuentro paz y no he de hacer la guerra; temo y espero, ardo y sigo helado... En tal estado estoy, señora, por vos."
F. MENDELSSOHN, en piano, es sobre todo el autor de las 50 Romanzas sin palabras en las que el piano canta sin necesidad de textos poéticos. Pero no menos fortuna ha tenido el juvenil Rondó caprichoso Op. 14, de 1827, en el que tras una introducción en modo mayor (Andante cantabile) aparece un brillantísimo Presto en modo menor en la forma del rondo-sonata donde logra un imitadísimo milagro de nueva escritura pianística.