(y IV) Ciclos de Miércoles Britten: música de cámara y canciones

(y IV)

  1. Este acto tuvo lugar el
Cuarteto Picasso . David Mata y Ángel Ruiz, violín. Eva Martín, viola. John Stokes, violonchelo

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NOTAS AL PROGRAMA
CUARTO CONCIERTO
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Quartettino
En opinión de muchos es la más radical y rompedora de todas las obras tempranas de Britten. Se puede percibir en la partitura la cercanía de Frank Bridge, pero tanto o más aún se nos revela asimismo en ella el interés que el maestro despertó en su joven discípulo hacia las obras iniciales de la moderna Escuela de Viena y su especial admiración por Alban Berg. De una célula de cinco notas deriva cada uno de sus tres movimientos: un allegro inicial precedido por una introducción lenta, un segundo tiempo lento, rapsódico, con un apunte de scherzo central, y, como conclusión, un movimiento vivo con aire de tarantella. El esquema (salvo el detalle de la introducción) es similar al de su Cuarteto en Re mayor de 1931 o la Sinfonietta Op. 1, pero el contenido del Quartettino es más sencillo, directo y desinhibido.
Señala John Evans que la partitura autógrafa no contiene apuntes o correcciones de Bridge; algo, desde luego, sorprendente si pensamos en lo improbable de que Britten no enseñara a su maestro una obra de esta envergadura.
El Quartettino, como la Rapsodia, no fue estrenado hasta años después de la muerte del compositor; no obstante, lo hizo en una excelente ocasión: en mayo de 1983, a cargo del Arditti String Quartet, durante un concierto extraordinario organizado en el Barbicam londinense para celebrar el 40 aniversario de la Sociedad para la Promoción de la Nueva Música, de la que Britten fue presidente nueve años.
Cuarteto nº 1, en Re mayor, Op. 25
Fue compuesto en el verano de 1941 en Estados Unidos, por encargo de Elizabeth Sprague Coolidge y estrenado en Los Ángeles por el Coolidge String Quartet. A su llegada a América Britten había llevado a la mecenas (promotora de importantes encargos a Schoenberg, Copland, Bartok o Stravinsky, entre otros) una carta de presentación escrita por Frank Bridge, amigo suyo y beneficiario también de sus generosas iniciativas.
El Cuarteto, en cuatro movimientos, se sitúa en un punto equidistante entre la invención y el respeto a los modelos clásicos; un buen ejemplo, como apunta Peter Evans, lo encontramos en que la relación tonal entre sus movimientos (Re mayor, Fa mayor, Si bemol mayor y de nuevo Re), opera también en el seno del primero y el finale; otro nos lo ofrece la original estructura del primer movimiento, inaugurado de forma llamativa por una plegaria de notas largas molto vibrato de los violines y la viola junto a fragmentarios arpegios y acordes pizzicato del violonchelo para, a continuación, alternando este "Andante sostenuto" con un impetuoso "Allegro vivo", dar lugar a un juego dialéctico (de episodios, no de temas) mucho más marcado y contrastante que el de los patrones tradicionales de la forma sonata. Un "Allegretto con slancio", en el que, sobre un pulso rítmico constante una insistente figura en tresillos acentúa su presencia conforme el movimiento avanza, y un extenso y nocturnal "Andante calmo" derivado del "sostenuto" inicial conducen a un finale "Molto vivace" que evoca a Haydn sin renunciar por ello a nuevas originalidades, como la recapitulación de los principales episodios de la obra en orden inverso al de su aparición inicial.
El Cuarteto nº 1 le valió a Britten la Medalla de la Biblioteca del Congreso, en Washington, "por sus servicios a la música de cámara".

Cuarteto nº 3, Op. 94
Es la penúltima obra del catálogo de Britten (una de sus más grandes creaciones, además) y la primera en ser estrenada tras su muerte. El Cuarteto Amadeus la había estado trabajando con él en el mes de septiembre, pero hasta el 19 de diciembre no llegó a los oídos de un público que llenó The Maltings, el gran teatro y auditorio construido por iniciativa del compositor junto a Aldeburgh. El dedicatario de la partitura fue Hans Keller, quien, tras la honda impresión que le había producido el Cuarteto nº 2, llevaba treinta años insistiendo a Britten para que compusiera uno nuevo.
Su estructura es simétrica, en cinco movimientos, con mayor protagonismo de los impares, como en los cuartetos 4 y 5 de Bartok. El inicial, titulado explicitamente "Duets", presenta distintas combinaciones de los instrumentos por parejas y ya anticipa, en el arranque mismo, la base de la "Pasacaglia" final. En el "Ostinato" que sigue, con la indicación "muy rápido", asistimos a un juego de velocidad pura (no de potencia), a partir de un abierto motivo de cuatro notas que abarca casi tres octavas. El "Solo" central es básicamente una cantilena del primer violín sobre un levísimo acompañamiento de los restantes instrumentos; en la parte central, el discurso se convierte en una recreación del canto de los pájaros. Sigue una "Burlesca" en la que la habilidad de la escritura, tan eficaz como llena de fantasía, convierte una pieza aparentemente convencional en una sorpresa. (Estos movimientos tercero y cuarto han sido vistos por muchos como el más explícito homenaje a Shostakovich por parte de Britten. También se ha señalado el estrecho paralelismo de esta "Burlesca" con el "Rondo-Burleske" de la 9ª Sinfonía de Mahler). El movimiento final, subtitulado "La Serenissima", se abre con un "Recitativo" formado por varias citas de la ópera Muerte en Venecia,  una a cargo de cada uno de los cuatro instrumentos y una última con todos juntos enunciando el trascendental "I love you" de Aschenbach al final del primer acto; tras ello viene una "Passacaglia" y termina con una breve frase que parece una interrogación.
La belleza delicada de este  tercer Cuarteto es extraordinaria. Una sensación de ingravidez y transparencia se hace patente desde los primeros compases gracias al predominio de unas discretísimas dinámicas, una radical economía de elementos y un amplio abanico de recursos tímbricos y armónicos en constante cambio. La ambigüedad tonal es grande; una frágil línea recorre la obra, a veces claramente marcada (Si bemol mayor al comienzo, Do mayor en el "Solo" central y en buena parte de la "Pasacaglia", La menor en la "Burlesca", Mi mayor en la conclusión) y otras veces casi invisible. Todo resulta a la vez natural e inesperado. Pocas veces como en esta obra se tiene la sensación de que la música ya estuviera ahí antes de que la empezáramos a escuchar.

      1. Benjamin Britten (1913-1976)
      1. Quartettino (1930)
      2. Cuarteto nº 1 en Re mayor Op. 25
      3. Cuarteto nº 3, Op. 94