Recital de piano Conciertos de Mediodía

Recital de piano

  1. Este acto tuvo lugar el
Calogero Di Liberto, piano

J. HAYDN fechó la Sonata en Mi menor (34 en la serie XVI de la ordenación de Hoboken, 39 ó 53 en otras numeraciones) el 15 de enero de 1784, aunque la revisó en 1799 para la edición de Breitkopf. Es, pues, obra de madurez, y la modalidad de Mi menor es utilizada para subrayar cierto recato íntimo, aunque nada ensimismado.

X. MONTSALVATGE, que acaba de ingresar en la selecta cofradía de los nonagenarios, es autor de un buen ramillete de obras pianísticas encabezadas por los Tres impromptus de 1933. El arca de Noé es una de las últimas, fue editada en 1990 por Real Musical y es una encantadora evocación de los lejanos años del aprendizaje pianístico en siete piezas fáciles.

I. ALBÉNIZ culminó su carrera de pianista y compositor con la Suite Iberia, doce piezas divididas en 4 cuadernos que abordó entre 1905 y 1909, el año de su muerte. Obras de extrema dificultad, suponen la demostración práctica de las ideas teóricas de Pedrell sobre un nacionalismo musical español de ambición universal. Corpus Christi en Sevilla es la tercera y última del primer cuaderno, y una de las más célebres por su intenso poder de evocación.

F. LISZT, el portentoso pianista renovador de la técnica del instrumento, hizo abundantes arreglos, glosas y paráfrasis de obras vocales de muchos compositores. De Verdi tomó pasajes de I lombardi, Ernani, Il trovatore, Don Carlos, Aida, Simón Boccanegra, Misa de Requiem y, por supuesto, de Rigoletto (1859), donde se centra sobre todo en el concertante del acto III "Bella figlia dell'amore" para lucirse adecuadamente.

S. PROKOFIEV, otro excelente pianista, es autor de 9 sonatas pianísticas, además de otras muchas piezas para el instrumento. Ya entre 1907 y 1909, alumno aún del Conservatorio de San Petersburgo, compuso hasta seis, que no publicó, pero algunas de las cuales utilizó luego. Este es el caso de la Sonata en Fa menor, su Op. 1, que en principio estaba pensada en tres movimientos y de los cuales solo conservó el primero y lo reescribió en 1909: Son innegables las influencias (Schumann, Scriabin, Rachmaninov...), pero también es perceptible una voz nueva, la suya.

M. RAVEL es autor de varios ballets. La valse escrito en 1920 para los rusos de Diaghilev, fue estrenado por los Ballets de Ida Rubinstein en 1929 en la Opera de París. La causa del rechazo de Diaghilev estribó sin duda en el tremendo sarcasmo de la obra que, de apoteosis del vals vienés de los Strauss, se había convertido en un canto expresionista a la bestialidad de la primera guerra mundial y a la desaparición del imperio austro-húngaro. Mientras la obra subía al escenario, pudo escucharse desde 1920 tanto en versión orquestal como en la también muy conocida de dos pianos. Pero la más primitiva para un solo pianista es la que hoy escucharemos.