1/6 Ciclos de Miércoles Shostakovich: integral de los cuartetos de cuerda

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  1. Este acto tuvo lugar el
Cuarteto Concertino . Alexander Vassiliev y Alexander Guelfat, violín. Oleg Lev, viola. Vladimir Atapin, violonchelo

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NOTAS AL PROGRAMA
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Cuarteto núm. 2 en La mayor, Op. 68
Fecha de composición: septiembre de 1944
Duración aproximada: entre 32 y 35 minutos
Estreno: Leningrado, 14 de noviembre de 1944
Referencias: entre las Sinfonías núms. 7 y 8, y la Núm. 9.


En 1926, un año después de que saliera de su pluma la excelente Primera Sinfonía y uno antes de escribir la no tanto Segunda (dedicada el décimo aniversario de la Revolución), Shostakovich conoció a los musicólogos Boris Assafiev e Ivan Ivanovich Sollertinski. Los dos influyeron mucho en él, pero con el segundo, además, estableció una fuerte relación de amistad personal. A su muerte, acaecida la madrugada del 11 de febrero de 1944, penúltimo de la ocupación nazi en Rusia, Shostakovich, como era costumbre en los compositores rusos (Tchaikovsky, Rachmaninov o Arensky han dejado bellos ejemplos al respecto), le dedicó un trío con piano, el que hacía el número dos, tras su juvenil Op. 8 de 1923. La pieza, escrita al rebufo de la Octava Sinfonía -de un año antes-  fue compuesta entre el 15 de febrero y el 13 de agosto del mismo 1944. Y viene a ser el equivalente expresivo camerístico a la Octava: una música de guerra, pero en este caso particularizando el horror de la muerte en la desaparición de un ser humano cercano y amigo íntimo. Hasta al año siguiente no compondría otra obra importante es decir, su Sinfonía núm. 9.
Sin embargo, es conveniente detenerse en algunas de las fechas antedichas. Del trío sólo escribe el primer movimiento en la primavera de ese año; el resto lo compone en agosto, durante el veraneo en la residencia que la Asociación de Compositores tenía en Ivanovo. Y lo más sorprendente: al mismo tiempo, y en 18 días, del 2 al 20 de septiembre, su Cuarteto núm. 2, no precisamente una obra "rara" y descasada de los problemas "reales" con que Shostakovich se seguía enfrentando en plena guerra. He aquí, pues, al Shostakovich más imprevisible y en cierta medida inanalizable: tras dos sinfonías con programa bélico - la Leningrado y la Octava-y "acompañando" una música de cámara de marcado acento emotivo, el Trío núm. 2 en Mi menor op. 67, en menos de tres semanas se saca de la manga una obra no ya de increíble envergadura técnica, sino un auténtico monumento a la abstracción musical, el Cuarteto núm. 2 en La mayor op. 68. Su primera audición tuvo lugar en el mismo concierto que se estrenó el Trío, el 11 de noviembre, con el Cuarteto Beethoven como protagonista y el mismo Shostakovich al piano. Éste había escrito lo siguiente al dedicatario de la obra, el compositor Vissarion Shebalin: "Me preocupa la vertiginosa velocidad  a la que compongo mi música (...). Escribo a una endiablada rapidez y no sé contenerme (...)". No parecen necesarios más comentarios (5).
El segundo cuarteto de Shostakovich seguramente no supere la solidez formal de la anterior partitura del ciclo; pero es, sin duda, más original y nuevo. Se trata de una pieza de enorme envergadura sonora, se ha dicho muchas veces que de impronta sinfónica. Es, junto con la que cierra la serie y a algo menos de distancia de los Núms. 3, 5 y 12, la más larga, y  probablemente una de las que peor ha entendido y valorado la crítica oficial durante mucho tiempo: a mi juicio, decir, como lo han hecho reputados especialistas en la materia, que es una obra serena y exenta de conflictos, es una verdadera barbaridad. Al contrario, en su búsqueda de fórmulas expresivas adecuadas al género, Shostakovich halla en su segundo cuarteto respuestas de una insólita modernidad, que si como resultado del desarrollo de un  programa no poseen el efecto de otras obras suyas, la tensión sonora y musical producidas por esos hallazgos es fantástica. Así, en el primer tiempo, un Moderato con moto que el autor titula Obertura, el material temático pasa a un segundo plano en beneficio de un descomunal desarrollo progresivo; en el segundo, en tres partes, un Adagio que es llamado Recitativo y Romanza, la exacerbada expresividad de los largos pasajes declamatorios de la Romanza, nos explican, de nuevo, lo escueto del material temático del Recitativo; en el Vals, el tercero, se encarnan las más inconfesables emociones: un vals tocado con sordina pero en un par de "efes" con protagonista casi exclusivo en el violonchelo nos traslada a una atmósfera a mitad de camino entre Ravel y las Danzas sinfónicas de Rachmaninov; o en el cuarto, la increíble invención presente en las 22 variaciones que siguen a los 17 compases del tema base, redactan todo un catálogo de posibilidades y recursos para esta combinación instrumental.
Diría que, frente al disfrute de las bellezas del primer cuarteto, la escucha de éste habría de abordarse como una experiencia tan fascinante como desestabilizadora. Ésa sería, en cualquier caso, mi invitación.


Cuarteto núm. 3 en Fa mayor, Op. 73
Fecha de composición: enero-agosto de 1946
Duración aproximada: entre 31 y 34 minutos
Estreno: Moscú, 16 de diciembre de 1946
Referencias: coetáneo de la Novena Sinfonía


Las Sinfonías núms. 7 y 8, y en cierta medida el Trío núm. 2 (con el que Shostakovich había recibido por tercera vez el Premio Stalin, en esta ocasión de tercera categoría) habían rehabilitado ante el Partido su figura: músicas de "lectura" clara en las que el factor humano, individual o colectivamente (léase exaltación del valeroso pueblo ruso), había sido protagonista; las "elucubraciones" intelectuales de obras como el Cuarteto núm. 2 sólo interesaban a unos pocos. Shostakovich estaba ya, pues, llamado a continuar la magna labor de seguir mostrando al pueblo el extraordinario poder pedagógico de la música, y, tras la expulsión del ejército alemán, el que había sido capaz de escribir dos semejantes piezas para la guerra, habría de redactar una ahora para celebrar el triunfo total. La voz se corrió; hasta la agencia Tass dio la noticia: dos años después de la aterradora Octava, Shostakovich estaba componiendo una nueva sinfonía (con solistas vocales, coros y demás parafernalias al uso en casos así) para conmemorar la victoria de los soviéticos sobre Hitler.
Era verdad, pero a medias. Sí, que estaba escribiendo una sinfonía; no, que lo fuera a hacer con tal programa, por más que despistara a algunos diciendo que estaba buscando un texto para la obra o que, incluso, ya había escrito algunas notas de esa sinfonía conmemorativa. Tampoco se dio mucha importancia al hecho de que, simultáneamente, Shostakovich estuviera trabajando en un nuevo cuarteto. El resultado de toda esta historia fue demoledor: a nadie convenció esa pequeña obra maestra de la orquestación, ese finísimo ejercicio de inteligente ironía que es su Novena Sinfonía, y pocos se enteraron del valor de su nuevo cuarteto. En Occidente, sin embargo, la Novena fue estrenada con inusitada rapidez.
¿Y el cuarteto? Shostakovich vuelve a jugar al despiste. Si en la Novena encontramos al hombre que quiere olvidar los desastres de la guerra, en el cuarteto le sigue dando vueltas al asunto; tanto que para algunos su Cuarteto núm. 3 viene a ser una especie de "remake" de la Octava. Por otra parte, los números cantan: la Sinfonía núm. 9 fue escrita en poco más de un mes, entre el 26 de julio y el 30 de agosto; el cuarteto, iniciado en enero del mismo 1946, no estuvo preparado hasta 2 de agosto del mismo año. Demasiado tiempo para un músico que solía escribir con la rapidez del rayo. La pieza fue dedicada al Cuarteto Beethoven, y no casualmente: su maravillosa escritura, el empaste sonoro de los instrumentos, los recursos sonoros mostrados constituyen un impresionante estudio-homenaje al género. Probablemente en esta composición Shostakovich encuentra por primera vez la verdaderamente genuina voz del cuarteto de cuerda. Hoy se escucha no sólo como una de las piezas de mayor envergadura formal y sonora de la serie; también como una de las mejores y más bellas.
Por primera vez Shostakovich sobrepasa los cuatro movimientos preceptivos de la forma clásica, y la clasificación que escoge para cada uno tampoco es usual: Allegretto, Moderato con moto, Allegro non troppo, Adagio y Moderato-Adagio, es decir tres tiempos de velocidad media seguidos y dos lentos para, podríamos decir, dos bloques discursivos que se muestran como las dos caras de un misma moneda: la violencia y la angustia que ésta produce. Formalmente sigue atendiendo a fórmulas clásicas: sonata para el primero, dos scherzi en forma de rondó, una passacaglia con variaciones y otro rondó en forma de sonata. Lo novedoso no está en la forma, sino en el tratamiento de los materiales y en el desarrollo de las secciones: es aquí donde encontramos al Shostakovich apremiante, insistente, mordaz, sardónico y distante, en sana convivencia con su yo más contemplativo y, por qué no decirlo, frugal. A través del ciclo se irá repitiendo este rasgo, tan contradictorio pero a la vez tan esencializado; tan propio del carácter ruso, paradigmático especialista en hacer del sufrimiento una filosofía.

  1. I
      1. Dmitri Shostakóvich (1906-1975)
      1. Cuarteto para cuerdas nº 2 en La mayor, Op. 68
  2. II
      1. Dmitri Shostakóvich
      1. Cuarteto para cuerdas nº 3 en Fa mayor, Op. 73

  1. Cuarteto Concertino

    Alexander Vassiliev. Nació en Leningrado (hoy San-Petersburgo). Estudió violín en la Escuela Especial de Música del Conservatorio con Riabinkov. Participó varias veces como artista invitado en el festival "Schlesswing-Golstein". En 1975 ganó el Concurso-revista de la antigua Unión Soviética de la Juventud Creadora Teatral de Rusia. Desde 1980 fue solista de la Orquesta del Teatro Kirov. En 1989 fue invitado a Berlín para interpretar la Novena sinfonía de Beethoven bajo la dirección de Leonard Bernstein. Colaboró en numerosas ocasiones con Ursus Frantz en conciertos y en grabaciones de discos. Desde octubre de 1991 hasta la fecha es el concertino de la Orquesta Sinfónica del Principado de Asturias. En 1998 fue invitado por Covent Garden de Londres en calidad de concertino y solista para trabajar bajo la batuta de B. Haitink y G. Rozhdestvensky. El año siguiente viajó a Metropolitan Opera en Nueva York como solista. Con la O.S.P. A. ha actuado como solista en numerosas ocasiones.

    Alexander Guelfat. Nació en Kuybishev (Samara). Estudió en la Escuela Especializada de Gnesinij y en el Conservatorio Superior Tchaikovski de Moscú, con Y. Janquelevich. Trabajó con la Orquesta de Cámara y en la Orquesta Académica Sinfónica de la Filarmónica de Moscú, bajo la dirección de K. Kondrashin. Paralelamente seguía la actividad en calidad de artista de cámara. Es poseedor de gran cantidad de grabaciones con distintas orquestas de cámara con famosos músicos como M. Rostropovich, G. Rosdestvenskiy, D. Oystraj, N. Gutman y O. Kogan. Desde 1982 forma parte de la orquesta de cámara "Los Virtuosos de Moscú" y del "Cuarteto de Moscú". En 1998 entra a formar parte de la Orquesta Sinfónica del Principado de Asturias.

    Oleg Lev. Estudió en el Conservatorio Superior de Moscú con V. Borisovsky, especializándose en música de cámara y, más concretamente, en cuarteto de cuerda con Dimitri Shebalin, miembro del Cuarteto Borodin, con el que ha realizado varias giras por toda la ex-Unión Soviética. Con posterioridad, trabaja en la Orquesta Sinfónica del Cinematógrafo de la URSS dirigida por E. Khachaturian, y con la Orquesta Sinfónica Estatal de la URSS, bajo la dirección de E. Svetlanov. Ha sido viola solista de "Los Virtuosos de Moscú". En la actualidad forma parte, como solista, del conjunto "Academia de Música de Cámara". Ha sido profesor de viola en la Escuela de Grado Medio del Conservatorio de Moscú, y en la Joven Orquesta Nacional de España. Desde mayo de 1992 ocupa el puesto de viola principal de la Orquesta Sinfónica del Principado de Asturias.

    Vladimir Atapin. Es solista y principal de los violonchelos de la Orquesta Sinfónica del Principado de Asturias. Estudió con el maestro A. Nikitin, que, más tarde, le nombra su asistente. En 1977 ingresa en la Orquesta Sinfónica de San Petersburgo, con el director Eugeni Mrawínski y Yuri Temirkanov. Ha ejercido la docencia en la Escuela Superior y en el Conservatorio de Música de San Petersburgo. Crea en 1986 el "San Petersburgo Trío", participante en los más importantes festivales internacionales de música de Rusia. Fue solista de la Orquesta de Cámara de San Petersburgo. Adaptó, con el permiso del autor, para violonchelo y orquesta de cámara la Sonata de A. Shnittke. Es premiado en el Concurso Internacional de Praga y en el Concurso Nacional Ruso. En España ha actuado en numerosas ocasiones.