2/6 Ciclos de Miércoles Shostakovich: integral de los cuartetos de cuerda

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  1. Este acto tuvo lugar el
Cuarteto Concertino . Alexander Vassiliev y Alexander Guelfat, violín. Oleg Lev, viola. Vladimir Atapin, violonchelo

Cuarteto núm. 6 en Sol mayor, Op. 101
Fecha de composición: agosto de 1956
Duración aproximada: entre 24 y 27 minutos
Fecha del estreno: Leningrado, 7 de octubre de 1956
Referencias: Sinfonía núm. 11

Cuatro años tardó Shostakovich en redactar un nuevo cuarteto; fue en 1956, fecha en la que un Nikita Kruschov convertido en nuevo hombre fuerte del régimen levanta enormes espectativas políticas en el vigésimo congreso del Partido Comunista. Allí lee el famoso informe "Sobre la superación del culto a la personalidad y sus consecuencias", un documento que nace con verdadero espíritu de condena pero que queda a mitad de camino ante las fuertes presiones de los bestiales poderes fácticos alumbrados y alimentados durante los años de estalinismo. Sin embargo, con Kruschov comienza un período de "apertura" que afecta positivamente - aun de forma tímida-  al mundo de la creación artística. La temible Asociación de Compositores rehabilita obras como las Sinfonías núms. 7 y 8 de Shostakovich (lo que de hecho constituye una revocación formal de las resoluciones de 1948), en un acto mezcla de cinismo e ironía: se habla de la "subjetividad" del camarada Stalin para, ahora, reconocer el patriotismo de Shostakovich. Es decir, a rey muerto...
Pero todavía habría Shostakovich de esperar tiempos mejores. O lo que es lo mismo, todavía no había llegado la hora -aunque pudiera parecerlo- de poder hablar sin temor a las represalias. Consecuentemente, no es de extrañar que su creatividad se viera de nuevo mermada por la desilusión y la desesperanza: 1956 es un año en el que no escribe ninguna obra relevante; sus biógrafos oficiales no dudan en calificarlo de período de crisis, y los menos oficiales tampoco se muestran muy benevolentes. Sin embargo, y como suele suceder con Shostakovich y su obra, el matiz es a veces tan importante como el propio relato: habría que recordar que ese año fue también el de la invasión de Hungría, hecho que seguramente le inspiró el esquema de su políticamente honesta y musicalmente magnífica Decimoprimera Sinfonía y, cómo no, el del Cuarteto núm. 6.
Alguna vez he leído, a propósito de éste, que se trata de una pieza ligera; otras, de una obra retrógrada; u otras, de, sencillamente, una obra menor. Con todos los respetos diré que a veces los árboles, de tan repetitivos, de tan iguales, impiden que podamos observar la enorme belleza y significación que pueda tener el bosque al completo. Es cierto que la obra, formalmente, no aporta nada nuevo; es verdad que se trata de una vuelta a fórmulas ya utilizadas (en el primero de la serie, por ejemplo); pero en absoluto debe ser considerada como una obra alegre y desenfadada. Lo que sucede es que Shostakovich atraviesa un momento en el que se siente más a gusto con la expresión sencilla y clara de su estado de ánimo que con la búsqueda o el experimento musicales; vuelve para ello a los clásicos cuatro movimientos (Allegretto - forma sonata-, Moderato con moto - scherzo/rondó-, Lento -Passacaglia con variaciones- y Lento/Allegretto - Rondó-). Creo que este cuarteto, en el que nos tropezamos con un Shostakovich cansado y muy desesperanzado, es un hermosísimo producto de esa resignación. Es más, lupa en mano, es posible que abra una vía que, tras la siguiente página, el Cuarteto en Fa sostenido menor, concluya en ese autohomenaje -como después explicaré- que fue la octava partitura de la serie. En otras palabras, un Shostakovich que cada vez mira más hacia sí mismo y menos a su alrededor.
Cuarteto núm. 5 en Si bemol mayor, Op. 92
Fecha de composición: entre septiembre y noviembre de 1952
Duración aproximada: entre unos 30 minutos
Fecha del estreno: Moscú, 13 de noviembre de 1952
Referencias: los Preludios y Fugas op. 87 y la Sinfonía núm. 10


En 1952 el Cuarteto Beethoven, integrado por Dmitri Tzyganov, Vassili Shirinsky, Vadim Borissovsky y Sergei Shirinsky, cumplía su treinta cumpleaños. Para celebrarlo, y de paso premiar la constancia y la fidelidad del grupo hacia su música de cámara, Shostakovich le dedicó la quinta pieza de su ciclo cuartetístico. Corría el otoño y la pieza fue estrenada de inmediato, al contrario que la anterior, que sólo había podido conocer una audición privada en el propio domicilio del compositor, el día 25 de septiembre de 1950, es decir la fecha en que cumplía 44 años. De manera que el Cuarteto núm. 4 no fue dado a conocer al público hasta un mes después del estreno del Quinto, en un concierto que incluyó los dos trabajos.
Al contrario que la anterior página dedicada al Cuarteto Beethoven, verdadero "cuarteto puro de oliva", en este otro Shostakovich parace volver a mirar hacia la orquesta, trazando así unos pentagramas que más parecen una sinfonía para instrumentos de cuerda. Resulta aleccionador observar las fechas de composición. El cuarteto salió de su pluma entre septiembre y el primer día de noviembre de 1952; su trascendental Sinfonía núm. 10 entre julio y octubre de 1953, casi exactamente un año después. ¿Estaba pensando Shostakovich en la misma clave al escribir ambas piezas?
En 1948 (recuérdese, el año de la asamblea de compositores) ya hacía tres que no había escrito una sinfonía. Y a partir de entonces tuvo menos razones para hacerlo; tras la postura de la Asociación de Compositores, el género se había convertido en intocable, en un verdadero peligro. De ahí que en su próxima producción sólo aparecieran los ya mencionados cuartetos, los cantos judíos o, como mucho, un concierto que en cierta medida enmascaraba un deseo sinfónico insatisfecho, amén de un cerrado ejercicio formal (no por ello menos maravilloso) como los Preludios y Fugas op. 87 para conmemorar el año Bach en 1950. Pero ya había llegado el momento: el 15 de marzo de 1953 el Soviet Supremo dio una inequívoca muestra de que tras la muerte de Stalin iba a haber cambios: los Malenkov, Beria y Molotov asumirían el poder en forma de triunvirato, acabando así - en principio-  con el régimen personalista del sanguinario dictador. Y la respuesta político-creativa de Shostakovich fue diáfana y clara: la Sinfonía núm. 10, o lo que es lo mismo, el alter ego sinfónico sin reservas ni miedos del Cuarteto núm. 5, una pieza que ocupa un lugar crucial en el ciclo.
En realidad este cuarteto supone un  nuevo punto de partida dentro de la serie; sus importantes innovaciones así lo revelan. Y no sólo por su inequívoco carácter sinfónico, un auténtico "tour de force" en el caso del fascinante e intransigentemente masivo primer movimiento, sino por el hecho de que Shostakovich empiece a utilizar nuevas fórmulas en el desarrollo de un cuarteto. Así, el hecho de que los tres movimientos se tengan que interpretar sin interrupción, procedimiento que volverá a repetir con posterioridad en más de una ocasión, como después veremos. O el uso de la célula temática como motor de arranque, en este caso formada por cinco notas expuestas desde el segundo compás del primer tiempo, Allegro non troppo. O la originalidad, en el segundo, un maravilloso Andante, de renunciar al desarrollo, construyéndolo sobre dos grupos temáticos que durante casi 10 minutos logran alcanzar una suerte de suspensión intemporal absolutamente acongojante. Pérez de Arteaga sitúa este movimiento en la cima del ciclo. Y de la literatura cuartetística, habría que añadir sin pecar de exagerado. El tercero, un Rondó en forma de sonata, bascula sobre los tempi Moderato-Allegretto-Andante y recupera la atmósfera del primero, con marcados contrastes dinámicos y rítmicos. Resulta impresionante cómo Shostakovich cierra la obra buscando un aterrador silencio tras un ingrávido acorde en la tonalidad inicial. Si no supiéramos que después hay más, pensaríamos en una calculada despedida. Pero, afortunadamente, hubo más.

  1. I
      1. Dmitri Shostakóvich (1906-1975)
      1. Cuarteto para cuerdas nº 6 en Sol mayor, Op. 101
  2. II
      1. Dmitri Shostakóvich
      1. Cuarteto para cuerdas nº 5 en Si bemol mayor, Op. 92

  1. Cuarteto Concertino

    Alexander Vassiliev. Nació en Leningrado (hoy San-Petersburgo). Estudió violín en la Escuela Especial de Música del Conservatorio con Riabinkov. Participó varias veces como artista invitado en el festival "Schlesswing-Golstein". En 1975 ganó el Concurso-revista de la antigua Unión Soviética de la Juventud Creadora Teatral de Rusia. Desde 1980 fue solista de la Orquesta del Teatro Kirov. En 1989 fue invitado a Berlín para interpretar la Novena sinfonía de Beethoven bajo la dirección de Leonard Bernstein. Colaboró en numerosas ocasiones con Ursus Frantz en conciertos y en grabaciones de discos. Desde octubre de 1991 hasta la fecha es el concertino de la Orquesta Sinfónica del Principado de Asturias. En 1998 fue invitado por Covent Garden de Londres en calidad de concertino y solista para trabajar bajo la batuta de B. Haitink y G. Rozhdestvensky. El año siguiente viajó a Metropolitan Opera en Nueva York como solista. Con la O.S.P. A. ha actuado como solista en numerosas ocasiones.

    Alexander Guelfat. Nació en Kuybishev (Samara). Estudió en la Escuela Especializada de Gnesinij y en el Conservatorio Superior Tchaikovski de Moscú, con Y. Janquelevich. Trabajó con la Orquesta de Cámara y en la Orquesta Académica Sinfónica de la Filarmónica de Moscú, bajo la dirección de K. Kondrashin. Paralelamente seguía la actividad en calidad de artista de cámara. Es poseedor de gran cantidad de grabaciones con distintas orquestas de cámara con famosos músicos como M. Rostropovich, G. Rosdestvenskiy, D. Oystraj, N. Gutman y O. Kogan. Desde 1982 forma parte de la orquesta de cámara "Los Virtuosos de Moscú" y del "Cuarteto de Moscú". En 1998 entra a formar parte de la Orquesta Sinfónica del Principado de Asturias.

    Oleg Lev. Estudió en el Conservatorio Superior de Moscú con V. Borisovsky, especializándose en música de cámara y, más concretamente, en cuarteto de cuerda con Dimitri Shebalin, miembro del Cuarteto Borodin, con el que ha realizado varias giras por toda la ex-Unión Soviética. Con posterioridad, trabaja en la Orquesta Sinfónica del Cinematógrafo de la URSS dirigida por E. Khachaturian, y con la Orquesta Sinfónica Estatal de la URSS, bajo la dirección de E. Svetlanov. Ha sido viola solista de "Los Virtuosos de Moscú". En la actualidad forma parte, como solista, del conjunto "Academia de Música de Cámara". Ha sido profesor de viola en la Escuela de Grado Medio del Conservatorio de Moscú, y en la Joven Orquesta Nacional de España. Desde mayo de 1992 ocupa el puesto de viola principal de la Orquesta Sinfónica del Principado de Asturias.

    Vladimir Atapin. Es solista y principal de los violonchelos de la Orquesta Sinfónica del Principado de Asturias. Estudió con el maestro A. Nikitin, que, más tarde, le nombra su asistente. En 1977 ingresa en la Orquesta Sinfónica de San Petersburgo, con el director Eugeni Mrawínski y Yuri Temirkanov. Ha ejercido la docencia en la Escuela Superior y en el Conservatorio de Música de San Petersburgo. Crea en 1986 el "San Petersburgo Trío", participante en los más importantes festivales internacionales de música de Rusia. Fue solista de la Orquesta de Cámara de San Petersburgo. Adaptó, con el permiso del autor, para violonchelo y orquesta de cámara la Sonata de A. Shnittke. Es premiado en el Concurso Internacional de Praga y en el Concurso Nacional Ruso. En España ha actuado en numerosas ocasiones.