3/6 Ciclos de Miércoles Shostakovich: integral de los cuartetos de cuerda

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  1. Este acto tuvo lugar el
Cuarteto Glinka . Ala Voronkova y Guerásim Voronkov, violín. Eric Koontz, viola. José Mor Caballero, violonchelo

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NOTAS AL PROGRAMA
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Cuarteto núm. 1 en Do mayor, 0p. 49
Fecha de composición: entre el 30 de mayo y el 17 de julio de 1938
Duración aproximada: entre 15 y 16 minutos
Estreno: Leningrado, 10 de octubre de 1938
Referencias (4): entre las Sinfonías núms. 5 y 6


Por ser el Primer Cuarteto de Shostakovich una pieza sorprendentemente redonda, de un acabado "técnico" impropio en el principiante, recuerda a su Primera Sinfonía, igualmente un ejercicio destinado más a domeñar la forma y la materia que al pensamiento musical - al menos en teoría-  de altos vuelos. Sin embargo, y como en ella pero con la experiencia añadida que dan los años - trece separan ambas composiciones- , el resultado es brillante, incluso más brillante que el obtenido en su grande música de encargo, en su música "mayor", en aquella que debía de encontrar como receptor inmediato el entorno cultural socialista. Esta pequeña página, casi un homenaje al clasicismo haydniano que mira hacia el primer Beethoven, queda en la integral como un experimento armónico abordado desde una conciencia tranquila, alejada de los fantasmas que fueron formándose y actuando durante largos períodos en la mente y el corazón de Shostakovich. Es, sobre todo, una obra feliz. Feliz pero llena de contenido: sincera.
Un año antes había tenido lugar el estreno de su Quinta Sinfonía, y ello, amén de proporcionarle unos dividendos que le eran particularmente interesantes en ese momento - ya había nacido su primera hija, Galina- , le había producido una gran paz interna tras su autohumillación ante Stalin: "Respuesta  de un autor soviético ante una crítica justa" (subtítulo bajo el que se presenta la obra), dígase de paso, fue algo más que una frase para congraciarse con el régimen y buscar su perdón tras el pecado mortal de haber escrito una de las óperas más importantes del siglo XX, la ya nombrada "Lady Macbeth"; gracias a esa edificante y "autocrítica" declaración, la extraordinaria Quinta Sinfonía ha sido maltratada por los más avezados críticos occidentales durante años y años, por triunfalista y claudicadora. Falso.
De manera que nuestro compositor - que pronto vería ampliada su familia con el nacimiento de su hijo Maxim: más gastos para una economía familiar precaria , agravada por un necesario cambio de domicilio-  se encontraba mentalmente algo saturado y emocionalmente feliz: no le importó componer a velocidad de vértigo tres o cuatro partituras para el cine de más que dudosa calidad por motivos económicos, pero su auténtica mente musical se encontraba en un momento especialmente adecuado para adentrarse en un terreno para él desconocido: salvo las transcripciones para cuarteto de cuerda de un aria de la mencionada ópera y un número del ballet La edad de oro, que había escrito a finales de la década anterior, este Cuarteto en Do mayor sería su bautismo de fuego en el género.
El resultado, y aun contando con un orden de movimientos no precisamente convencional (dos Moderatos y dos Allegros, en ese orden), es de un luminosidad clásica total: en el primero, en forma de sonata, inhalamos el penetrante perfume del Brahms de los sextetos; después , en el segundo Moderato, un tema con tres variaciones, encontramos todo un compendio de la densa paleta de colores del mejor Mussorgsky; el Allegro molto, un scherzo, es tan fino como el último Dvorak, y en el cuarto, segundo Scherzo, que en realidad Shostakovich inicialmente lo pensó como primer tiempo de la obra, hallamos a un autor en busca de posibilidades: llega a ser virtuosista pero la sabiduría amónica del resultado final queda por encima del ejercicio. En cierta medida, como le ocurrió con la materia orquestal en su Primera Sinfonía.
Cinco semanas después de que el Cuarteto Glazunov estrenara la pieza, ésta se volvió a escuchar en los atriles del Cuarteto Beethoven, del que por poderosas razones, como veremos, habremos de hablar varias veces a lo largo de este trabajo. Al año siguiente se estrenaba su Sexta Sinfonía, cuyo extenso Largo inicial no sólo tiñe de negro la ya enrarecida atmósfera prebélica sino que preludia, con mucho tiempo de antelación, la tremenda serie de adagios de sus últimos cuartetos.

Cuarteto núm. 7 en Fa sostenido menor, Op. 108
Fecha de composición: marzo de 1960
Duración aproximada: entre 12 y 13 minutos
Fecha del estreno: Leningrado, 15 de mayo de 1960
Referencias: Concierto para violonchelo núm. 1, Sátiras


Llegó el deshielo y la Guerra Fría. ¿Crisis? Crisis, de qué,de quiénes. La fortaleza de Shsotakovich no tenía límites; y así las crisis eran más las que azotaban a su entorno que a él mismo. El país se podía estar pudriendo de éxito ante el mundo (el grueso de la intelectualidad europea era por definición anticapitalista y, como mínimo, observaba con simpatía los resultados de la revolución rusa); los artistas, en constante vigilia ante el pernicioso arte oficialista, se cuidaban de no "desviarse" o de hacerlo utilizando un doble lenguaje; el pueblo comía, pero cualquier alimento no catalogado en las dietas oficiales constituía un placer burgués que debía ser condenado y apartado de la mente y el estómago... Shostakovich se mantuvo impasible e imperturbable, y, hasta en sus períodos de más aparente sequía creativa, supo no "quemarse": lo hemos visto en algunos períodos de las décadas de los 40 y los 50. Pero, ¿qué sucede con su música a partir de los 60?
Shostakovich entra en este período de su vida, recién estrenado el prodigioso Concierto para violonchelo núm. 1, de 1959, dedicado a su amigo Mstislav Rostropovich, con otra composición no menos interesante pero seguramente más arriesgada, su ciclo de canciones Sátiras, escrito para la esposa del violonchelista, la célebre soprano Galina Vishnievskaia (8). Pero ese año se hará sobre todo glorioso por la composición del Cuarteto núm. 8, una obra maestra, como veremos luego, que Shostakovich escribe apenas tres meses después del breve Cuarteto en Fa sostenido menor, el séptimo del ciclo.
Ésta es una pieza que calificaría de extraña, desde el punto de vista expresivo. En ella Shostakovich vuelve a unir sus tres movimientos (Allegretto-Lento-Allegro), como ya hiciera en el Núm. 5. Dedicado a Nina Vasilyevna, su primera esposa, probablemente deba a ello su fuerte introspección expresiva. Ésta, como la anterior, es una pieza no lo suficientemente valorada -particularmente por ser siempre compañera de viaje del aplastante Octavo-pero contiene importantes claves del último Shostakovich. Alan George, viola del Cuarteto Fitzwilliam, contrapone este cuarteto al estilo de Beethoven o Bartók observando cómo Shostakovich prefiere explotar las partes al todo, para obtener ese sentimiento de desolada ironía típico de su último período. Así por ejemplo, en el segundo movimiento, sólo seis compases están escritos a cuatro partes. El tercero es un vals dominado por una melodía que, a su vez, es producto de una rara metamorfosis de la brutal fuga inicial.
En resumen, los cuartetos seis y siete suponen todo un ejercicio para analistas. Del seis suelen insistir en su excesivo "clasicismo"; y del siete, en su parquedad y primitivismo. Seguramente su autor, al escribirlos, no mostrara una especial preocupación por la matemática musical, y sí mucho más por la expresión pura.
Cuarteto núm. 9 en Mi bemol mayor, Op. 117

Fecha de composición: mayo de 1964
Duración aproximada: entre 26 y 28 minutos
Fecha del estreno: Moscú, 20 de noviembre de 1964
Referencias: Sinfonía núm. 13, Katerina Ismailova


Tras el venturoso año del Cuarteto núm. 8, los primeros de la década de los 60 resultan especialmente interesantes, para el compositor y también para la Unión Soviética. El XXII congreso del Partido, aunque no permite que se haga público el discurso de Kruschov, avanza considerablemente en el proceso de desestalinización del país: Kruschov, a pesar de su conocida ignorancia en materia artística, "abrió la mano" y permitió a los creadores ciertos lujos. Por ejemplo, miró hacia otro lado cuando se hablaba de arte abstracto o de literatura simbolista; y también fue sensible ante las denuncias de antisemitismo. Claro que en materia musical, la dodecafonía seguía siendo sinónimo de cacofonía... Pero algo se movía: Bernstein había podido dirigir en Moscú la maldita "Consagración" de Stravinsky (que como podemos leer en "Testimonio", las ya mencionadas "memorias" noveladas por Volkov, a Shostakovich le gustaba bien poco), y lo que todavía fue mejor, el mismo Stravinsky visita la Unión Soviética en 1962, invitado, por cierto, por el más arriba mencionado Jrennikov, máximo especialista en cambios de chaqueta en los últimos 30 años de la vida musical rusa (10).
Y a todo esto Shostakovich seguía contemporizando con el régimen (su Sinfonía núm. 12 le había proporcionado un especial pedigrí comunista; cuánto más no le "reportaría" su ingreso, al fin, en el Partido Comunista): logró "colar" el estreno de su desde hacía más de un cuarto de siglo repudiada Sinfonía núm. 4 y escribió su más patético y feroz ataque al antisemitismo imperante, la Sinfonía núm. 13 "Babi Yar". Pero también transigir y arreglar considerablemente la "Lady Macbeth" para, con el nuevo nombre de Katerina Ismailova, poder verla otra vez representada (11). Pues bien, en estas circunstancias van a ver la luz los  Cuartetos núms. 9 y 10.
Shostakovich dedicó la primera de esas dos partituras a Irina Antonovna Supinskaia, con la que se casó en otoño de 1962. En una carta al compositor y amigo Vissarion Shebalin le decía: "Me he casado. Mi mujer sólo tiene un defecto: acaba de cumplir 27 años". De manera que sus ilusiones y su actividad, frenética, se multiplicaron. Tanto que apenas tenía tiempo para escribir música. Su nuevo cuarteto vio la luz entre el 2 y el 28 de mayo de 1964 casi a matacaballo, pero no por eso resultó ser la pieza que Shostakovich tenía intención de componer: de la voluntad inicial de hacer un cuarteto breve y alegre, pasó a reincidir en la ya muy trabajada idea de una pieza con sus movimientos encadenados y de una estructura sonora que fuera más allá de lo camerístico. Vuelve a ser una pieza de larga duración, escrita en cinco movimientos. La fantástica intensidad dinámica del primero - Moderato- se prolonga en el Adagio, un tiempo completamente homofónico que comienza con un solo de viola y pronto desemboca en un Scherzo (Allegretto) típico del autor, lleno de ironía y mordacidad. El cuarto tiempo - Adagio- se desarrolla en forma salmódica sobre un expresivo pero introvertido clima entre acordes en pizzicato que confieren al conjunto un ambiente casi sepulcral. Y el Allegro final, que triplica en duración a cualquiera de los otros cuatro, es una especie de recopilación de los materiales precedentes en una planificación sonora general que supone un total cambio, casi brusco, de atmósfera. Una vez más, sorprende la relación entre variedad y unidad, entre la exuberante riqueza de ideas y la coherencia formal. No hay duda: el autor ha alcanzado su gran madurez cuartetística.

  1. I
      1. Dmitri Shostakóvich (1906-1975)
      1. Cuarteto para cuerdas nº 1 en Do mayor, Op. 49
      2. Cuarteto para cuerdas nº 7 en Fa sostenido menor, Op. 108
  2. II
      1. Dmitri Shostakóvich
      1. Cuarteto para cuerdas nº 9 en Mi bemol mayor, Op. 117

  1. Cuarteto Glinka

    Llamado así como homenaje al "padre" de la música rusa del siglo XIX, Mijail I. Glinka, fue fundado en 1993 por músicos formados en los más prestigiosos Conservatorios de diferentes países y que en la actualidad residen en Barcelona. Sus programas incluyen las grandes obras maestras del clasicismo vienés, el Romanticismo y la música del siglo XX. El Cuarteto Glinka realiza una importante labor de difusión de la música actual, al incluir constantemente en sus programas obras de compositores españoles, algunas de las cuales han estrenado, y mediante grabaciones para la radio y en CD, uno de los cuales, con obras de Eduard Toldrà, ha obtenido el Premio Ciutat de Barcelona de 1996.

    Ala Voronkova. Nace en Kiev y comienza su educación musical en la Escuela Central Especial. Mas tarde ingresa en el Conservatorio Chaikovski de Moscú en la clase del profesor Y. Yankelevich. En 1976 gana el Concurso Internacional "Concertino Praga" y en 1977 obtiene el Primer Premio del Concurso "Violinistas de Rusia". Desde 1979 hasta 1990 fue miembro del Teatro Bolshoi y solista de la Filarmónica de Moscú. En la misma época forma parte del Trío Bolshoi y del Ensamble Solistas del Bolshoi, con los que realiza diversas giras por Rusia y Europa. Ha realizado grabaciones para la Radio y Televisión ucraniana y rusa. Desde 1991 reside en Barcelona, donde en la actualidad ofrece numerosos conciertos por toda España y en el resto del mundo. Desde el año 2000 es concertino solista del Gran Teatre del Liceu. Es miembro fundador del Cuarteto Glinka.

    Guerassim Voronkov. Nace en Moscú y comienza su formación musical en la Escuela Central Especial de Moscú, donde acaba sus estudios de violín y piano. Mas tarde ingresó en el Conservatorio Chaikovski, para estudiar violín, dirección de orquesta y ópera. Mientras, forma parte de la Orquesta del Teatro Bolshoi. En 1988 funda la Orquesta de Cámara del Teatro Bolshoi, que dirigió durante tres años y al frente de la cual actuó en las salas más prestigiosas de la ciudad. En 1989 es nombrado director de la Orquesta Sinfónica del Conservatorio Chaikovski con la que realiza giras por Austria y Francia con gran éxito. En 1991 se traslada a Barcelona, para tocar en la orquesta del Gran Teatre del Liceu . También es profesor y director de la Orquesta Sinfónica del Conservatorio del Liceu. Es miembro fundador del Cuarteto Glinka.

    Eric Koontz. Nace en Carolina del Norte, estudia en la Facultad de Yale University y en el Conservatorio de Cincinnati con Jesse Levine y Donald Mcinnes. Estudia música de cámara con el Cuarteto de Tokio, Lasalle Cuarteto, Escene Lehener y Cuarteto Julliard. En el año 1981 recibe el Premio Miraflores de viola (Santa Bárbara, California). Ha formado parte de la Orquesta de Cámara "Soviet Emiré Orquestra" (New York), Orquestra de Cincinatti y Acheville Simphony (North Carolina). Es miembro fundador del Cuarteto Fields de Tanglewood Music Centre, del Logan Cuartet del Festival Chautauca y Cuarteto Glinka de Barcelona. Desde el año 1989 es asistente de solista de la Orquesta Sinfónica de Barcelona y Nacional de Cataluña.

    José Mor Caballero. Nace en Godella (Valencia) en 1976 y estudia en el Conservatorio Superior de Música "Joaquín Rodrigo" de Valencia. Entre 1992 y 1998 estudia con Lluis Claret en Barcelona. Estudia en Londres con Charles Tunnell, violonchelista principal de la Orquesta de Cámara Inglesa. Paralelamente, ha realizado cursos de perfeccionamiento con Vicente Costa Cortell, Pedro Corostola, Radu Aldulescu, Martti Roussi, Bernard Greenhouse y Charles Tunnell. Es Primer Premio en el VIII Concurso "Germans Claret"; Mención Honorífica en el ciclo "El Primer Palau" en Barcelona; Primer Premio del Concurso de Juventudes Musicales de España; y Primer Premio del IV Concurso "Ciudad de Xativa". Ha sido primer violonchelista de la JONDE. En 2001 interpretó el concierto para violonchelo y orquesta de Enric Casals frente a la JONDE como solista y el concierto de Schumann con la Orquesta del Siglo XXI de Barcelona. Actualmente es asistente de solista de 1'Orquestra Sinfónica de Barcelona y Nacional de Cataluña.