5/6 Ciclos de Miércoles Shostakovich: integral de los cuartetos de cuerda

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  1. Este acto tuvo lugar el
Cuarteto Glinka . Ala Voronkova y Guerásim Voronkov, violín. Eric Koontz, viola. José Mor Caballero, violonchelo

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NOTAS AL PROGRAMA
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Cuarteto núm. 4 en Re mayor, Op. 83
Fecha de composición: 1949
Duración aproximada: entre 22 y 25 minutos
Fecha del estreno: Moscú, 3 de diciembre de 1953
Referencias: Concierto para violín núm. 1 y el ciclo De la poesía popular judía


Tres años separan al Cuarteto en Re mayor de la anterior página de la serie. No es un período ése - de 1946 a 1948/9-  especialmente fructífero en la vida creativa de nuestro compositor, pero es que la guerra no sólo causó estragos físicos en la Unión Soviética; devino en uno de los períodos políticos más negros de su reciente historia, caracterizado, entre otras cosas, por una bestial caza de brujas contra sus intelectuales y artistas. En el campo de la música, Shostakovich fue uno de los más vilipendiados, lo que, como es lógico, retrajo su capacidad creativa.
El nombre de Shostakovich pronto quedó estampado en lugar de honor en la lista de autores antinacionalistas que  confeccionó, acabada la guerra, la "remodelada" Asociación de Compositores. Se le acusaba de todo: no sólo de idear una música tan burguesa como la Novena Sinfonía; también de hacer poca patria en sus dos anteriores, ironías de la vida, las mismas por las que durante el asedio a Leningrado y fechas posteriores habían convertido a Shostakovich en un héroe nacional. Por supuesto, se desenterró el "caso Lady Macbeth" (6) para que el "ataque" tuviera más consistencia. Fue terrible; sólo una disculpa "oficial" del autor ante la Asamblea de Compositores (a cuyo frente se situó el incombustible Tijon Jrennikov, autor de En la tormenta, protagonizada por el mismísimo Lenin) y la composición de algunas zafias partituras a la gloria del régimen lo salvaron de las correspondientes "vacaciones pagadas" en Siberia...
La famosa Asamblea tuvo lugar en Moscú del 17 al 26 de febrero de 1948 (7). Shostakovich, a partir de ahí, retrajo notablemente sus comunicaciones, porque, sencillamente, no se fiaba de nadie: compositor igual a enemigo fue su autoconsigna. Por eso sus obras de 1948, pocas en todo caso, fueron producto de esa soledad: sólo el Concierto para violín (inspirado en temas judíos, una verdadera sinfonía para violín y orquesta) y las 11 canciones para soprano, contralto, tenor y orquesta (o piano), agrupadas en el ciclo De la poesía popular judía. Es decir, dos obras que giraban alrededor de un tema no precisamente grato al antisemítico momento social que se vivía en Rusia.
Ante tal encrucijada creativa, cayó en un estado de continua indecisión que le llevó a adoptar una postura incomprensible para algunos, que el director de orquesta Guennadi Rozhdestvensky calificó de "esquizofrénica" y que muchos críticos han manejado en exceso para situar el ciclo de cuartetos por encima del bien y del mal. El año 1949, fecha de composición de su Cuarteto núm. 4, es un ejemplo paradigmático de tal comportamiento creativo dual; porque es el año en que compuso, también,  la música para la película La caída de Berlín -un terrible panfleto en el que el culto a la personalidad alcanza proporciones gigantescas- y la que seguramente es una de sus peores composiciones, El canto de los bosques, dedicada al "gran proyecto estalinista para la transformación de la Naturaleza en nuestro país" (Tijon Jrennikov, III Pleno de la Unión de Compositores Soviéticos).
El Cuarteto núm. 4, que como hemos visto lo escribió Shostakovich bajo unas condiciones ambientales deprimentes (los tres primeros movimientos en el verano y el cuarto a finales de diciembre; es significativo que no lleve dedicatoria), es sin embargo una pequeña maravilla, un prodigio de equilibrio sonoro, de proporciones formales; una página de gran serenidad y lucidez moral en la que un hermosísimo vuelo melódico planea sobre una propuesta discursiva que quiere ser como una insondable mirada hacia el interior. Shostakovich vuelve aquí a los cuatro tiempos usuales pero deja clara sus intenciones en las propias indicaciones agógicas: Allegretto, Andantino, Allegretto (con funciones de scherzo) y otra vez Allegretto. Lo suave, la moderación, impera. El centro del mensaje, sin embargo, se sitúa en el Andantino, un romance de tono elegíaco, mientras que el entramado agógico del cuarto movimiento, que dura casi como el resto de página, lo convierte en el auténtico movimiento lento de la pieza.
Cuarteto núm. 13 en Si bemol menor, Op. 138
fecha de composición: agosto de 1970
Duración aproximada: entre 19 y 20 minutos
Fecha del estreno: Leningrado, 13 de diciembre de 1970
Referencias: Sinfonía núm. 14


En 1969 el pueblo soviético se disponía a celebrar el centenario del nacimiento de Lenin. Sería, desde luego, una gran fiesta nacional. Pero, ¿una fiesta para qué? ¿Para recordar a un muerto, es decir a nada, si había que atender a la filosofía oficial establecida acerca del asunto? Krzysztof Meyer, amigo y biógrafo de Shostakovich, dice que hasta ese momento los compositores soviéticos nunca se habían enfrentado en su música, de verdad, al tema de la muerte. Era ya hora, y Shostakovich, enfermo y en cierta medida previendo que su existencia llegaba a su fin, cogió el toro por los cuernos y escribió dos obras seguidas de temática claramente "mortuoria", con las que, evidentemente, ponía sus cartas sobre la mesa: la Sinfonía núm. 14 y el Cuarteto núm. 13.
La primera de ellas fue concebida a principios de ese año, tras largas horas de lectura obligada en el hospital donde había sido ingresado en el mes de enero. Pasó allí dos meses, y allí fue donde escogió los textos de García Lorca, Apollinaire, Baudelaire y Rilke para la sinfonía, en la que haría cantar a un bajo (o bajo-barítono) y una soprano. Muchos han querido ver en esta pieza una respuesta a La canción de la tierra mahleriana, pero, en el fondo, poco tiene que ver con ella: nihilismo negro y pesimista frente a panteísmo orientalista, diría, dos maneras de poner "cara fea" a la muerte absolutamente distintas, y hasta opuestas: ciertamente, en el último Shostakovich no habrá lugar para la contemporización poética con la muerte (13).
A partir de la Núm. 14 la muerte va a convertirse en primer protagonista de su música. Y tras la composición de alguna que otra obra menor - si exceptuamos la banda sonora de la película de Grigori Kozintsev "El rey Lear"-, la siguiente creación, el Cuarteto núm. 13, ofrece un estremecedor e inequívoco "programa". Otra vez vuelve a admirar la capacidad de Shostakovich para incluir efectos sonoros en sus últimos cuartetos, sin incurrir en el efectismo. Diríase que el fondo ha alcanzado tal grado de madurez que la forma queda devorada por él.
La pieza, que alguien tituló "requiem para cuarteto de cuerda", plantea una pesimista, realmente negra, declaración de principios sobre la capacidad de regeneración moral de la especie humana. Y el mensaje, que no se olvide, sale de la pluma de uno de los hombres más activos y - en el buen sentido- vividores que se pueda imaginar, es demoledor: ninguna; todo es cíclico y repetitivo. Tras la muerte, la nada, y vuelta a empezar desde el principio. Idea que no es muy original, pero que puesta en música por un hombre como éste y en ese momento constituyó un tremendo revulsivo para creadores y consumidores de arte en la Unión Soviética. El discreto, "oportunista", maltratado o endiosado indistintamente Dmitri Shostakovich, libre ya de todo tipo de atadura "terrenal", ponía sobre las cuerdas del pensamiento a todo un pueblo, obligándole a reflexionar y admitir de manera práctica la vacuidad de los discursos oficiales acerca de la existencia del hombre. De una vez por todas, obligaba a su pueblo a realizar la última, más severa y comprometida autocrítica. Entre otras cosas, por eso Shostakovich ha sido uno de los más grandes de su tiempo: por su capacidad y entereza moral para hacer que una nación entera se enfrentara con su propia realidad.
El viola del Cuarteto Beethoven, Vadim Borissovsky, no tocaba con el grupo - en el que había sido sustituido por el joven Fyodor Druzhinin- desde 1963. Shostakovich quiso rendirle un homenaje al dedicarle este cuarteto. Por desgracia éste pronto mostró su brutal fuerza premonitoria, ya que poco después de su estreno fallecía Borissovsky. Como la anterior pieza del ciclo, contiene elementos dodecafónicos, aunque considerablemente suavizados. Está escrito en un único movimiento con la clasificación Adagio-Doppio movimento-Tempo primo.
Cuarteto núm. 8 en Do menor, Op. 110
Fecha de composición: julio de 1960
Duración aproximada: entre 19 y 21 minutos
Fecha del estreno: Leningrado, 2 de octubre de 1960
Referencias: Cinco días, cinco noches


Tres meses, como he dicho antes, separan la composición de los Cuartetos núms. 7 y 8. Este último fue escrito, casi de un plumazo, durante el verano de 1960, en Dresde, a modo de pasatiempo. Shostakovich había viajado a esa ciudad de la República Democrática Alemana, para "trabajar" (utilizando la expresión del propio autor) con el director de la película Cinco días, cinco noches, cuya música estaba componiendo. Y en los ratos libres que le dejó ese "trabajo" (una composición poco relevante para un film que se proyectó por vez primera al año siguiente y del que sólo se conserva una pequeña parte), en tres días, del 12 a 14 de julio, salió de su pluma una de sus más relevantes y representativas páginas de esa época, el Cuarteto núm. 8.
Shostakovich escribió en la primera hoja de la partitura "Dedicado a la memoria de las víctimas del fascismo y de la guerra". Sin embargo, su hija Galina ha repetido en multitud de ocasiones que cuando su padre acabó este cuarteto, afirmó "Me lo dedico a mí mismo". Lo que, observando el programa temático sobre el que está trazado, tiene una lógica aplastante. La página es como un retrospectiva, como un resumen de los dolorosos y difíciles años pasados, trazada sin titubeos, con una firmeza y una fuerza expresiva fabulosas, con una seguridad que hacía tiempo se echaba de menos en sus obras. Pero dejemos hablar al propio compositor, tan irónico e implacable como su misma música:
"He escrito un cuarteto que no tiene ninguna utilidad para nadie y que desde el punto de vista de las ideas es un fracaso. Pensé que, una vez muerto, nadie dedicaría una obra a mi memoria. Así que decidí hacerlo yo mismo (...) Existen referencias a Wagner (El ocaso de los dioses) y a Tchaikovsky (segundo tema del primer movimiento de la Sinfonía núm. 6 "Patética"), sin olvidar mi Sinfonía núm. 10. Se trata por tanto de una mezcolanza. El carácter seudotrágico de este cuarteto está en que al escribirlo derramé tantas lágrimas como la orina que elimino después de media docena de cervezas". Y después continúa: "Tal vez ha desempeñado cierto papel en todo esto una especie de entusiasmo por mi propia persona, que pronto se desvanece y deja una especie de resaca en forma de autocrítica". (9)
Está escrito en cinco movimientos, una vez más sin interrupción. El primero, Largo, se abre con un monograma que se va a repetir como motivo principal de los otros cuatro tiempos. Es el mismo que da vida al Concierto para violín núm. 1 y a la Primera Sinfonía: Re-Mi bemol-Do-Si, o lo que es lo mismo las notas correspondientes a las iniciales D.Sch. El motivo entra en la transición de una voz a otra y se va transformando hasta alcanzar la faz de la introducción de la Primera Sinfonía. Esta misma obra vuelve a ser citada en el segundo tema del movimiento, antes de alcanzar el paso a un vivísimo scherzo en el segundo tiempo, Allegro molto, uno de los pasajes de mayor garra del ciclo, que sin duda posee parecido carácter al del tercer movimiento de la Octava Sinfonía. También hay referencias al Finale del Trío núm. 2. El tercer movimiento es otro scherzo, un vals fantasmagórico de fuerte contenido cromático, en el que se cita, hasta en dos ocasiones, el tema inicial del Concierto para violonchelo núm. 1. El cuarto tiempo es un requiem inspirado en un canto revolucionario (Torturado hasta la muerte en la cárcel), cuyo material temático se entremezcla con un aria de la "Lady Macbeth". Shostakovich cierra la obra de forma brillante y definitiva con una gran fuga en el Largo final, basada en el motivo principal y que acaba enlazando con el primer movimiento: música de un tirón y absolutamente cíclica, de una pieza, sin la más mínima fisura, sin la menor concesión. Pocas veces volveremos ya a escuchar un Shostakovich tan personal, seguro y único. El recorrido será todavía largo, pero otra vez, tras la escucha de una obra importante de Shostakovich, nos parece haber alcanzado una meta. No es así.laslas

  1. I
      1. Dmitri Shostakóvich (1906-1975)
      1. Cuarteto para cuerdas nº 4 en Re mayor, Op. 83
      2. Cuarteto para cuerdas nº 13 en Si bemol menor, Op. 138
  2. II
      1. Dmitri Shostakóvich
      1. Cuarteto para cuerdas nº 8 en Do menor, Op. 110

  1. Cuarteto Glinka

    Llamado así como homenaje al "padre" de la música rusa del siglo XIX, Mijail I. Glinka, fue fundado en 1993 por músicos formados en los más prestigiosos Conservatorios de diferentes países y que en la actualidad residen en Barcelona. Sus programas incluyen las grandes obras maestras del clasicismo vienés, el Romanticismo y la música del siglo XX. El Cuarteto Glinka realiza una importante labor de difusión de la música actual, al incluir constantemente en sus programas obras de compositores españoles, algunas de las cuales han estrenado, y mediante grabaciones para la radio y en CD, uno de los cuales, con obras de Eduard Toldrà, ha obtenido el Premio Ciutat de Barcelona de 1996.

    Ala Voronkova. Nace en Kiev y comienza su educación musical en la Escuela Central Especial. Mas tarde ingresa en el Conservatorio Chaikovski de Moscú en la clase del profesor Y. Yankelevich. En 1976 gana el Concurso Internacional "Concertino Praga" y en 1977 obtiene el Primer Premio del Concurso "Violinistas de Rusia". Desde 1979 hasta 1990 fue miembro del Teatro Bolshoi y solista de la Filarmónica de Moscú. En la misma época forma parte del Trío Bolshoi y del Ensamble Solistas del Bolshoi, con los que realiza diversas giras por Rusia y Europa. Ha realizado grabaciones para la Radio y Televisión ucraniana y rusa. Desde 1991 reside en Barcelona, donde en la actualidad ofrece numerosos conciertos por toda España y en el resto del mundo. Desde el año 2000 es concertino solista del Gran Teatre del Liceu. Es miembro fundador del Cuarteto Glinka.

    Guerassim Voronkov. Nace en Moscú y comienza su formación musical en la Escuela Central Especial de Moscú, donde acaba sus estudios de violín y piano. Mas tarde ingresó en el Conservatorio Chaikovski, para estudiar violín, dirección de orquesta y ópera. Mientras, forma parte de la Orquesta del Teatro Bolshoi. En 1988 funda la Orquesta de Cámara del Teatro Bolshoi, que dirigió durante tres años y al frente de la cual actuó en las salas más prestigiosas de la ciudad. En 1989 es nombrado director de la Orquesta Sinfónica del Conservatorio Chaikovski con la que realiza giras por Austria y Francia con gran éxito. En 1991 se traslada a Barcelona, para tocar en la orquesta del Gran Teatre del Liceu . También es profesor y director de la Orquesta Sinfónica del Conservatorio del Liceu. Es miembro fundador del Cuarteto Glinka.

    Eric Koontz. Nace en Carolina del Norte, estudia en la Facultad de Yale University y en el Conservatorio de Cincinnati con Jesse Levine y Donald Mcinnes. Estudia música de cámara con el Cuarteto de Tokio, Lasalle Cuarteto, Escene Lehener y Cuarteto Julliard. En el año 1981 recibe el Premio Miraflores de viola (Santa Bárbara, California). Ha formado parte de la Orquesta de Cámara "Soviet Emiré Orquestra" (New York), Orquestra de Cincinatti y Acheville Simphony (North Carolina). Es miembro fundador del Cuarteto Fields de Tanglewood Music Centre, del Logan Cuartet del Festival Chautauca y Cuarteto Glinka de Barcelona. Desde el año 1989 es asistente de solista de la Orquesta Sinfónica de Barcelona y Nacional de Cataluña.

    José Mor Caballero. Nace en Godella (Valencia) en 1976 y estudia en el Conservatorio Superior de Música "Joaquín Rodrigo" de Valencia. Entre 1992 y 1998 estudia con Lluis Claret en Barcelona. Estudia en Londres con Charles Tunnell, violonchelista principal de la Orquesta de Cámara Inglesa. Paralelamente, ha realizado cursos de perfeccionamiento con Vicente Costa Cortell, Pedro Corostola, Radu Aldulescu, Martti Roussi, Bernard Greenhouse y Charles Tunnell. Es Primer Premio en el VIII Concurso "Germans Claret"; Mención Honorífica en el ciclo "El Primer Palau" en Barcelona; Primer Premio del Concurso de Juventudes Musicales de España; y Primer Premio del IV Concurso "Ciudad de Xativa". Ha sido primer violonchelista de la JONDE. En 2001 interpretó el concierto para violonchelo y orquesta de Enric Casals frente a la JONDE como solista y el concierto de Schumann con la Orquesta del Siglo XXI de Barcelona. Actualmente es asistente de solista de 1'Orquestra Sinfónica de Barcelona y Nacional de Cataluña.