(y IV) Ciclos de Miércoles Ars Gallica: un siglo de música de cámara francesa

(y IV)

  1. Este acto tuvo lugar el
Angel Jesús García, violín. Gerardo López Laguna, piano

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CUARTO CONCIERTO
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  Gabriel Fauré (1845-1924)
Sonata núm. 1 para violín y piano en La mayor, opus 13
Iniciada en Saint-Adresse, Normandia, el verano de 1875 se concluye a principios de 1876. Dedicada al violinista Paul Viardot. Estrenada en la sala Pleyel de París, en concierto de la Société National de Musique, el 27 de enero de 1877, por Marie Tayau al violín y el autor al piano. Editada por Breitkopf und Härtel, Leipzig, 1878. Duración aproximada: 25'

La labor de la Société National de Musique se nota de inmediato. La sucesión de obras capaces de convertirse en modelo para el futuro es continuo. Algo tienen de eso las obras maestras, por ejemplo esta Sonata, opus 13 de Gabriel Fauré, que en plena efervescencia del género, a 5 años de la fundación de La National, mira al futuro prologando en una década la llegada de la gran Sonata de César Franck. No hay duda: "es necesario devolver a Gabriel, y no a César, lo que era de Gabriel", dirá Charles Koechlin poniendo las cosas en su sitio. Para los espectadores de este concierto será fácil comprobarlo pues ambas obras se reúnen en este programa.
Las razones personales tienen su peso. Fauré hace uso de todas las herramientas a su alcance. Agita el tarro de las esencias y, cual si se tratase de iluminar palabras con sonidos de refinado perfil y poética naturaleza, pone en música lo que no es más que un deseo vital. Por aquel entonces, en 1875, visita el salón musical de la familia Viardot, fijándose en la cantante Paulina García Viardot. La frescura y la juventud terminan por dar forma a un sentimiento personal colmado por la alegría. Apenas serán dos años. En 1877, la joven, "una de las mujeres más talentosas que jamás he conocido", al decir de Clara Schumann, rompe con el compositor, pero la Sonata ya ha tomado forma.
Nos interesa el dato para comprender los encajes que decoran la obra y, ante todo, nos importa el carácter atrevido del material temático que está en juego encajado en una estructura clásica entre la que se deja atisbar detalles dignos de Schumann y Saint-Saëns. "Todo Fauré está ya en la partitura.. pese a [estas] presencias contradictorias". Como ya se dijo al comentar el Cuarteto, opus 15 de este autor, hay que entender la obra en su contexto temporal, a la sombra de un Société que ampara la creación contemporánea. De ahí el rechazo de los editores franceses y la necesidad de publicar la obra en Alemania asumiendo un contrato sibilino que deja al autor en una situación absoluta de indefensión.
Camille Saint-Saëns en el Journal de la Musique del 7 de abril de 1877 lo explica con claridad:"...uno encuentra en esta sonata todo lo que puede seducir: la novedad de formas, la búsqueda de modulaciones, de curiosas sonoridades, el empleo de los ritmos más imprevistos; y sobre todo esto planea un encanto que envuelve la obra entera y hace aceptar a la mayoría de los no entendidos, como cosa natural, las audacias más imprevistas... Fauré se ha situado de un solo golpe al nivel de los maestros".

Claude Debussy (1860-1918)
Sonata núm. 3 para violín y piano en Sol menor
Compuesta en París entre 1916 y 1917. Estrenada en la sala Gaveau de París, el 5 de mayo de 1917, por Gaston Poulet al violín y el autor al piano. Editada por Durand, 1917. Duración aproximada: 14'

La circunstancias vitales que rodean la composición de las tres últimas sonatas de Debussy se explicaron al presentar la primera para violonchelo y piano. Dos años después no hay vuelta atrás. Estamos ante un enfermo terminal que se extingue lentamente. El 11 de septiembre de 1916 abandona París para instalarse durante seis semanas en un hotel en Le Moulleau, cerca de Arcachon. Deja atrás las sesiones de radioterapia que tratan infructuosamente de aminorar los efectos de su cáncer intestinal, arrastra consigo una depresión por la catástrofe de la guerra, imágenes recurrentes como el recuerdo desesperante de los toques de trompeta de un cuartel cercano, el ruido de las gotas de lluvia y el frío de un invierno sin carbón. "Esta terrible enfermedad ha destruido mis mejores habilidades, sobre todo la de descubrir nuevas combinaciones sonoras".
Sin embargo, hay un ronroneo en la cabeza de Debussy que de inmediato dispara la inspiración. La Sonata núm. 3 es una obra "creada en la soledad del mar". El 17  de octubre escribe a su editor, Durand, que ha encontrado el final de la sonata: "Hace poco, en un paseo por Cap Féret, descubrí el germen del final de la sonata para violín... Por desgracia, los dos primeros movimientos no quieren saber nada de ello... Me conocen suficientemente bien para comprender que no les voy a obligar a soportar una compañía desagradable". Por aquel entonces Debussy tiene en la cabeza a Bach, pues su editor, empeñado en impedir que el compositor se abandone a su suerte, le ha propuesto la edición de la sonatas para violín del cantor de Santo Tomás. Debussy se muestra cáustico, como es habitual, buen síntoma: "¡A veces - de hecho, bastante a menudo-  su prodigiosa habilidad técnica... resulta insuficiente para llenar el terrible vacío, fruto de su obsesión por desarrollar a cualquier precio ideas mediocres!". Pero el trabajo deja huella y bajo un aparente desinterés, "la he escrito tan sólo para quitármela de encima, impulsado además por mi editor", da forma a una obra que es música del futuro.
No es este el lugar para desarrollar la idea, pero una vez más el mañana se gana a base de retroceder para coger carrerilla y saltar con más fuerza. Ya hemos mencionado a Bach. También hay que fijarse en la reinvención del pasado a través del descubrimiento de esa "grâce profonde" o "émotion sans épilepsie" que da sentido a buena parte de lo más profundo de la música francesa. Debussy, algo crípticamente, dirá que "ese tipo de música precisa una alquimia especial, a la que hay que ofrecer un querida pequeña comodidad como sacrificio expiatorio". El arte terminal y quintaesenciado de estos últimos días de vida se traduce en gestos rapsódicos, en una impresión de libertad que desconcierta a las mentes acomodadas en la "secuencia" lineal de la música. Quizá el mar rompiendo sea una imagen de la que Debussy sea incapaz de olvidarse.

César Franck (1822-1890)
Sonata en La mayor para violín y pianoCompuesta durante el verano de 1886. Dedicada al violinista Eugéne Ysaÿe. Estrenada, en la versión para violín y piano, en el Círculo Artístico de Bruselas, el 16 de diciembre de 1886, por Eugéne Ysaÿe y Mme. Bordes-Pène al piano. Se interpreta para la Société National de Musique el 24 de diciembre de ese año. Duración aproximada: 28'

El nombramiento de César Franck como presidente de la Société National de Musique, en 1886, deja al descubierto una discusión de fondo que a la postre será causa de la escisión de la entidad. Convencidos, unos y otros, de que es posible hacer una música de cámara francesa (las obras previas de Lalo, Saint-Saëns y Fauré así lo confirman) lo que ahora se discute tiene mucho que ver con el cómo. El debate corre en paralelo a aquel que separa en centroeuropa a los moderados de los defensores de la música del futuro , o sea Franz Liszt y Richard Wagner contra Robert Schumann y Johannes Brahms. Aunque lo cierto es que ni este último ni el propio Franck tomarán parte activa en el encuentro más allá de la seguridad en sus propias obras. Y el asunto, que tanta tinta derramará, se nos aparece ahora lleno de matices. Lejos de encasillarse en fórmulas ya practicadas, Franck se enfrenta a la dificultad de adaptar la estructura de la sonata clásica a un lenguaje ajeno a ella. De entrada el cromatismo franckiano parece poco adecuado a los requerimientos tonales de la forma. De ahí que esta sonata, al igual que otras obras fundamentales escritas en sus últimos doce años de vida (el Quinteto con piano de 1879, las Variaciones sinfónicas, para piano y orquesta, de 1885, la Sinfonía en Re de 1888 y el Cuarteto de cuerda de 1889) supongan una aportación distintiva a la historia de la forma.
En efecto, César Franck representa para la Francia una de las posibles músicas del mañana por la sencilla razón de que plantea géneros conocidos desde supuestos estéticos reformadores. La Sonata para violín y piano es un buen ejemplo pues en ella se desarrolla de manera intachable un procedimiento de carácter cíclico que establece la continuidad al discurso musical a partir de un idea reincidente. Tras este presupuesto constructivo puede verse el Leitmotiv wagneriano, pero también la idee fixe de Berlioz, si bien Franck reconduce estos supuestos hasta extremar la coherencia y la variación temática. Y lo consigue con tal rotundidad que el tema característico del que parte la composición se enuncia desde el mismo comienzo de la obra, casi sin tiempo a asentar la escucha. Se trata de un pequeña idea, basada en un intervalo de tercera que expone el violín tras un mínimo apoyo del piano y al que este replica incrementando la intensidad y encarrilando el discurso. A partir de ahí toda la sonata va moldeando este tema que llega al tercer movimiento reconvertido en "una de las realizaciones más osadas de Franck", tan cargada de lirismo como de imaginación. La naturalidad de la imbricación es pasmosa y hace de esta sonata uno de los ejemplos más notables del peculiar lenguaje de su autor y uno de los logros fundamentales del Ars Gallica.

Ernest Chausson (1855-1899)
Poema, opus 25
Concebido a finales de 1892 y terminado en Glion, el 29 de junio de 1896. Estrenado oficialmente en Nancy, el 27 de diciembre de 1896, por el violinista Eugène Ysaÿe en la versión original para violín y orquesta. Hubo un estreno previo en el Cau Ferrat de Sitges el 6 de ese mismo mes y año por Eugène Ysaÿe acompañado al piano por Enrique Granados. Duración aproximada: 15'

En paralelo al Trío de Roussel, escuchado en el concierto anterior, el Poema de Chausson incide en la disparidad de planteamientos que, en los últimos años del XIX, está llevando a La Nationale hacía su fin. En aquel caso a través de la autoafirmación de un joven compositor que apenas deja entrever todavía su auténtica personalidad en una obra muy marcada por las enseñanzas de su maestro d'Indy. En este mediante una obra de madurez que, de forma estricta, niega la verdadera naturaleza del género camerístico. El Poema es en realidad una obra para violín y orquesta que encuentra en la trascripción para violín y piano una forma de divulgación. El dato curioso que se señala en la ficha que antecede este comentario y según el cual el verdadero estreno de la obra se hizo en configuración de cámara no deja de ser una anécdota en el historial de una obra que ha circulado cómodamente desde el mismo día de su presentación pública.
El Poema surge al socaire de la lectura del relato de Ivan Turgueniev, El canto del amor triunfante, en el que se refleja la pasión del escritor por la cantante española Paulina Viardot, inspiradora también del Cuarteto con piano núm. 1 de Fauré, presente en este ciclo. Desde el mismo momento de su estreno sorprendió su originalidad sonora y el aliento expresivo, dejando frío a un público más acostumbrado al fácil virtuosismo y a la grandeza sinfónica. La elegancia de ideas y motivos, de estados de ánimo muy diferentes pero conectados entre sí, sirve para concretar musicalmente una complejidad de sentimiento cambiante y contrario, digno del sueño hipnotizador de la protagonista hechizada por la música del violín indio que hace sonar su extraño enamorado. Debussy escribirá, en 1913: "El Poema contiene las mejores cualidades de Chausson. La libertad de su forma no contraría jamás la armoniosa proporción. Nada más conmovedor que la dulce ensoñación del final, cuando la música dando de lado toda descripción, toda anécdota, se torna sentimiento mismo que inspira la emoción. Son minutos muy raros en la vida de un artista". Otra curiosidad: el Poema se edita gracias a la intermediación de Isaac Albéniz quien simulará un anticipo de los derechos de autor que, en realidad, provenían de su propio bolsillo.

      1. Gabriel Fauré (1845-1924)
      1. Sonata en La mayor para violín y piano Op. 13
      1. Claude Debussy (1862-1918)
      1. Sonata para violín y piano en Sol menor
      1. César Franck (1822-1890)
      1. Sonata en La mayor para violín y piano
      1. Ernest Chausson (1855-1899)
      1. Poème Op. 25