(I) Ciclos de Miércoles Música española barroca

(I)

  1. Este acto tuvo lugar el
Lachrymae . Ruth Walker, flauta. Ligia Gutiérrez, canto. Rocío Terán, clave. Fernando Serrano, tiorba y guitarra barroca. Laura Salinas, violonchelo barroco

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NOTAS AL PROGRAMA
PRIMER CONCIERTO
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Tonos, Danzas y otros sones del XVII
    La guitarra y el arpa son los dos instrumentos que más se cultivaron, junto con los de tecla, en la España del siglo XVII. Eso significa, por una parte, que durante todo ese siglo el resto de instrumentos apenas tiene cabida en la música española, pero por otra, y como una especie de compensación, que la guitarra, el arpa y la tecla tienen un cultivo y un desarrollo extraordinarios y están a la vanguardia de la música instrumental europea de su época. Como un testimonio de la escasez de música en el resto de instrumentos recordemos que, en los comienzos del siglo XVII, los músicos de la real cámara que tañen el violín, la vihuela de arco, el laúd o la tiorba son, en su mayoría, extranjeros. La historia musical nos ha conservado los nombres de algunos de ellos; así, sabemos que el violinista italiano Stefano Limido fue contratado, junto a cinco compatriotas suyos, como músico de la cámara de Felipe III en 1599; que el también italiano Filippo Piccinini, laudista y tiorbista boloñés, fue miembro de la real cámara durante algunos años, a partir de 1613, así como el violinista y tañedor de vihuela de arco inglés Henry Butler, que lo fue desde 1623. Indudablemente esta presencia de instrumentistas extranjeros significó que las innovaciones de la música instrumental europea del primer Barroco fueron conocidas muy pronto por los más importantes instrumentistas españoles, o al menos, por aquellos que estaban en contacto con la cámara y la capilla reales. A pesar de ello, en las escasas fuentes españolas de música instrumental del siglo XVII hay muy poca influencia de la música del resto de Europa; habrá que esperar al siglo siguiente para que esa influencia se manifieste con abundancia. Esta escasez de fuentes, fenómeno que nunca lamentaremos lo suficiente, hace que las noticias acerca del arte de los instrumentistas españoles barrocos de que disponemos sea muy parcial. La falta de una imprenta musical que supiera estar a la altura de lo que sin duda fue una escuela muy floreciente en la guitarra y el arpa puede sintetizarse en los dos datos siguientes: cuando el gran guitarrista aragonés Gaspar Sanz decide publicar su Instrucción de música sobre la guitarra española, en 1674, tiene que grabar él mismo las planchas de cobre que habían de servir para la impresión; tres años más tarde, el burgalés Lucas Ruiz de Ribayaz publica en Madrid su libro Luz y norte musical, y se ve obligado a declarar en el prólogo: «he procurado... que lo que se llega a ejecutar fuese como se escribe comúnmente, y con todos los requisitos que se usan... [pero] esto no se ha podido ajustar en las imprentas, habiéndolo procurado en las más de esta Corte, por el poco uso que ha tenido este género de impresión...» Sin embargo, a pesar de estas dificultades tipográficas, los dos libros se llegaron a imprimir, aunque ciertamente su caligrafía es mucho más desgarbada que su importante contenido musical.

    A Lucas Ruiz de Ribayaz se le recuerda sobre todo por ese libro, que publicó en Madrid en 1677, Luz y norte musical para caminar por las cifras de la guitarra española y arpa. Ribayaz había nacido en Santa María de Ribarredonda, Burgos, en 1626, pero desconocemos el año de su muerte. En su libro, aparte de preciosos datos sobre la guitarra y el arpa, hay una buena antología de piezas para esos instrumentos, todas de otros autores, aunque predominan las de carácter popular español.

    Lo mismo ocurre con el libro de Gaspar Sanz, que en sus diversas ediciones (tres, por lo menos), representa una de las cumbres de la guitarra hoy en día llamada barroca, y entonces denominada española. Este autor es uno de los guitarristas barrocos españoles más conocidos y apreciados en la actualidad, aunque sobre su vida se tienen pocos datos; sólo se sabe que nació en Calanda en 1640, que vivió una larga temporada en Italia, que opositó a la Cátedra de Música de la Universidad de Salamanca en 1669, sin éxito, y que era un gran humanista; al parecer, en esas oposiciones demostró, según lo que dicen las actas, ser más un humanista que un músico práctico. Murió probablemente en 1710, quizá en Madrid. Su libro Instrucción de música sobre la guitarra española y método de sus primeros rudimentos hasta tañerla con destreza, una de las fuentes principales de la música barroca instrumental española, se publicó en 1674 en primera edición, en Zaragoza, en las prensas de Diego Dormer, y a ella siguieron varias más, con diferentes adiciones.

    En este concierto se presentan, en transcripción para grupo instrumental, algunas muestras del arte instrumental de estos dos autores, Sanz y Ribayaz. Una buena parte del repertorio de sus libros está constituida por variaciones sobre esquemas armónicos, técnica que es muy antigua en la música instrumental española, pues aparece ya, como primicia en la música europea, en una publicación española de 1538, los Seis libros del delfín, de Luis de Narváez. El esquema armónico del Granduque, de origen italiano, es muy singular por una razón: probablemente se trata del único esquema armónico, entre todos los del Renacimiento y el Barroco, que tiene un autor conocido y una fecha exacta de estreno. Se trata de una música que escribió Emilio de' Cavalieri para las bodas del gran duque Fernando I de Toscana con Cristina de Lorena, en Florencia, en mayo de 1589. Aparte de esta pieza, se escucharán en el presente concierto una danza de las hachas y una españoleta, ambas de origen italiano, a pesar del título de la última, junto a una galería de amor, un bailete, una vuelta y unas paradetas. Junto a estos esquemas armónicos se escucharán también otros tres de pura cepa ibérica: una chacona, unas marionas y unas folías. Sobre el origen hispano de la chacona los especialistas se dividen en dos grupos, que podríamos denominar peninsulares y americanistas. En cualquier caso, se trata de un esquema armónico, con su texto poético y su coreografía, que nació en España, la de esta  o la de aquella parte del Océano, a finales del siglo XVI, y en muy pocos años se adueñó de las preferencias de los españoles e invadió Europa; en la Italia de las primeras décadas del siglo XVII ya aparece en numerosos libros de música instrumental, y su reinado dura por lo menos hasta mediados del siglo XVIII. El esquema armónico de la mariona es muy similar al de la chacona, aunque estuvo en boga durante menos tiempo que esta, muy al contrario de la folía, que es al parecer de origen portugués y otro de los esquemas armónicos ibéricos que tuvieron una larga vida, en este caso hasta nuestros días. La pavana, aunque de origen italiano, fue muy popular en la Europa del siglo XVI, y en España perduró durante todo el siglo siguiente, sobre todo un tipo específico de pavana, con un determinado esquema armónico, que es la que, escrita por Gaspar Sanz, se escuchará en este concierto.  
    Dos de los compositores representados con música vocal en este programa, Juan Hidalgo y José Marín, fueron compañeros durante unos años en la Real Capilla. Juan Hidalgo nació hacia 1614 y perteneció a una familia muy relacionada con la música: su abuelo materno y su padre eran constructores de instrumentos. Muy joven ingresó en la Real Capilla de Madrid, en calidad de arpista, y permaneció en ese cargo hasta su muerte, en 1685. A pesar de no haber ocupado ningún maestrazgo de capilla, su producción vocal es muy amplia; además de música sacra en latín y en español, escribió muchas piezas profanas, o tonos humanos, según se les denominaba entonces, que representan la cumbre del Barroco medio español en este género. Hidalgo es recordado sobre todo por ese repertorio profano, y muy especialmente por su producción escénica, que consta de óperas, zarzuelas y tonos interpretados en comedias, cuya música nos ha llegado, en su mayor parte, en forma fragmentaria. En este programa se escucharán cuatro piezas vocales correspondientes a cuatro producciones escénicas: Cuidado pastor, de la comedia Triunfos de Amor y Fortuna, de Antonio de Solís; Peinándose estaba un olmo, que forma parte de la Loa de Los celos hacen estrellas, de Juan Vélez de Guevara; Esperar, sentir, morir, de Ícaro y Dédalo, de Fernández de León, representada en 1684; y Ay que sí, ay que no, de la zarzuela El templo de Palas, con texto de Francisco de Avellaneda, representada el 26 de julio de 1675 en Madrid.
   José Marín nació hacia 1619 y murió en Madrid en 1699. Desconocemos casi todos los datos relativos a su vida, salvo que en 1644 entra como cantor tenor en la Real Capilla, y permanece en ese cargo hasta 1649. A partir de entonces se ve envuelto, al parecer, en robos, asesinatos y otras actividades delictivas que le cuestan la cárcel y el destierro de la Corte, o al menos así lo asegura el poeta y cronista Jerónimo de Barrionuevo, quien relata algunos delitos cometidos por Marín entre 1654 y 1657. Quizá a causa de estos delitos no hay rastro alguno sobre Marín en los archivos de la Corte, hasta que ya muy anciano, en 1692, dirige un memorial a Carlos II solicitando una ayuda económica por haber servido en la Real Capilla. La Gaceta de Madrid, en su número del 17 de marzo de 1699, da noticia de su muerte, afirmando que era « conocido dentro y fuera de España por su rara habilidad en la composición y ejecución de la música.»  De su obra nos han quedado más de 70 piezas vocales, casi todas profanas a una voz y acompañamiento, con excepción de tres o cuatro solos al Santísimo y dos dúos vocales. A diferencia de la producción de Hidalgo, la de Marín apenas si tiene relación con el teatro, y se ha conservado sobre todo en un precioso manuscrito con 51 piezas, todas de Marín, para voz de soprano y acompañamiento de guitarra, que puede fecharse hacia 1690. Este manuscrito perteneció a Barbieri, a cuya muerte pasó a la Biblioteca Nacional de Madrid, como todos los libros y papeles de este musicólogo y compositor, y de allí desapareció misteriosamente, para reaparecer en una biblioteca de Cambridge. Como quiera que sea, es una suerte que no se haya perdido, pues 17 de los 51 tonos en él contenidos tienen a este manuscrito como única fuente; ese es el caso de los tres que se escucharán en este concierto: las letrillas Ojos, pues me desdeñáis, y Sepan todos que muero, más el romance jocoso No piense Menguilla ya.

    Uno de los grandes músicos españoles del Barroco pleno es Sebastián Durón, nacido en Brihuega en 1660 y muerto en Cambo-les-Bains, Francia, en 1716. Durón ocupó diversos cargos como organista en las catedrales de Zaragoza, Sevilla, El Burgo de Osma y Palencia, hasta que en 1691 obtuvo uno de los más altos puestos a los que podía aspirar un músico de aquellos tiempos, el de organista de la Real Capilla madrileña, bajo el reinado de Carlos II. Permanece en ese cargo hasta 1706, año en que tiene que huir de la ciudad y, por supuesto, perder su empleo, por haber tomado claramente partido por el archiduque Carlos de Austria en la Guerra de Sucesión. Nunca volvería a España, y aunque es probable que estuviera en Viena en los primeros años de su exilio, sabemos que a partir de 1712 fue capellán de la reina viuda de Carlos II, Mariana de Neoburgo, en Bayona. Su obra se encuentra esparcida en numerosos archivos españoles e hispanoamericanos, y consta, aparte de unas cuantas piezas para órgano, de obras latinas, tonos y cantadas a lo humano, villancicos, y diez obras escénicas, óperas o zarzuelas, que son lo más conocido de su producción musical. En este concierto se escucharán una obra religiosa y una profana de Durón, el villancico Corazón, causa tenéis, y la cantata Sosieguen, descansen.
    Al final del concierto escucharemos la jácara anónima No hay que decirle el  primor, conservada en la Biblioteca Nacional de Madrid, en el manuscrito llamado Libro de tonos humanos. Esta enorme antología, fechada en 1656, contiene 222 piezas polifónicas profanas, y representa una de las fuentes más importantes de la música española de la primera mitad del siglo XVII.
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TEXTOS DE LAS OBRAS CANTADAS
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JUAN HIDALGO
Cuydado, pastor (Antonio Solís)

Estribillo
Cuydado, pastor,   no te engañe otra vez tu fervor.
Cuydado, pastor,   cuydado con el cuydado
que es muy travieso el ganado,   la hermosura y el amor.
Cuydado, pastor,   no te engañe otra vez tu fervor.

Coplas
En la quietud de las selvas   curando se está el amor
de las mortales heridas   que la ingratitud le dio.

Su disfraz es un pellico   y aún es su gala mejor
que la sençillez le abriga   si le arroga la traición.

La ingrata beldad maldice   que arrojo del corazón
porque a huellas de su engaño   su misma imagen borró.

No más humana hermosura   dijo a su misma pasión
que ella entre algunos suspiros   de esta suerte respondió.


Peynándose estaba un olmo (Juan Vélez de Guevara)
Estribillo
Y biéndole alegre,   se yva cayendo de risa
una fuente de cristal   murmurando entre dientes.

Coplas
Peynándose estaba un olmo   sus nuebas guedejas verdes,
y se las riçaba el ayre   al espejo de una fuente.

Por verle, galán del prado,   las flores se desvanecen
que vanidades infunde   aun la hermosura silvestre.

JOSÉ MARÍN
Ojos, pues me desdeñáis
Ojos, pues me desdeñáis,   no me miréis, no, no,
pues no quiero que logréis   el ver como me matáis.

Cese el çeño y el rigor,   ojos, mirad que es locura
arriesgar buestra hermosura   por hazerme un disfavor.
Si no os corrige el temor   de la gala que os quitáis.
No me miréis, no, no...

Y si el mostraros severos   es  no más que por matarme
podéis la pena excusarme,   pues morirme de no veros.
Pero si no e de veros,   que de mí os compadezcáis,
ojos, pues me desdeñáis.


No piense Menguilla, ya
Estribillo
O que lindo modo   para que la dejen unos por otros.

Coplas
No piense Menguilla, ya,   que me muero por sus ojos,
que e sido vovo asta aquí   y no quiero ser más vovo.

Para qué es buena una niña   tan  mal hallada entre pocos,
que no está bien con el fénix   porque le han dicho que es solo.

El mal gusto de Menguilla   es una casa de locos,
el tema manda al deseo,   vaya la raçón al vollo.

Mucho abandona lo vano   si poco estima lo hermoso
la que por ser familiar   no repara en ser demonio.

Yo no e de querer en bulla   que es una fiesta de toros
donde a silbos se condena   quien piensa que es más dichoso.

Desigualdad y capricho   no deja el manco ni cojo
porque a cuenta de lo lindo   no admite lo liçençioso.


SEBASTIÁN DURÓN
Sosieguen, descansen

Sosieguen, descansen    las tímidas penas,
los tristes afanes   y sirban los males
de alibio en los males.   Sosieguen, descansen.

No soy io aquel ciego   boraz ençendido
bolcán intratable   en quien aún las mismas
eladas pabesas   o queman o arden.
Pues como es fácil   que aia niebe
que apague el incendio   de tantos bolcanes.

No soi quien al sacro   dosel de los dioses
desiço arrogante   su púrpura ajando
los fueros sagrados   de tantas deidades.
Pues como es fácil   que en mi oprobio
tirana sus leies   mi culto profanen.

En fin no soi io   de  las iras de Benus
sagrado coraje   en cuios alientos
respira castigo   su boz o su imagen.
Pues como es fácil   que  deidad que fabrica
mi imperio   permita mi ultraje.

Pero ia que a la fatiga   tan  rendido el pecho iace
que un desaliento palpita   en cada temor que late
y ia que en el verde centro   de enmarañado boscaje
que compone la frondosa   tenaçidad de los sauçes
seguro estoi de que puedan   las cóleras alcanzarme
de Diana firmen treguas   mis repetidos afanes
i en este risco a quien oi   para que sobre él descanse
hizo el acaso que siendo escollo   sirba de catre.

Entreguemos a esta dulçe   lisonja de los mortales
la vida, pues a este efecto   dijeron mis bozes antes.

Sosieguen, descansen...


Corazón, causa tenéis
Estribillo
Corazón, causa tenéis,   si sentís, si suspiráis,
si tembláis, si padecéis,   pues el Dios a quien teméis,
es el que injusto agraváis,   y estrecha cuenta daréis.

Coplas
Si teméis la estrecha cuenta   del severísimo juez,
más del caso es enmendar   que gastar tiempo en temer.
Si lloráis y padecéis,   corazón, causa tenéis.

Si padecéis sus pesares,   el medio más digno es
desengañándoos del mundo,   crucificaros con él.
Si lloráis y padecéis...

El verle crucificado   os haga llorar por ver
quan mal vuestra ingratitud   paga tan constante fe.
Si lloráis y padecéis...

Si sentís el propio error,   sentís,  corazón, muy bien
y será eterno vivir   momentáneo padecer.
Si lloráis y padecéis...

JUAN HIDALGO
Esperar, sentir, morir (Fernández de León)
Estribillo
Esperar, sentir,   morir, adorar,
porque en el pesar   de mi eterno amor
caber puede en su dolor
adorar, morir,   sentir, esperar.

Coplas
Porque más iras buscas   que mi tormento,
si en su siempre callado,   dolor atento,
yo propio me castigo   lo que me quejo.

Vive tú, muera solo   quien tanto siente
que sus eternos males   la vida crece
y solamente vive   porque padece.
Ay que sí, ay que no (Francisco de Avellaneda)
Estribillo
Ay que sí, ay que no   que lo que me duele me duele

que lo siento yo,   que soy Perogrullo de mi pasión.
Y pesadilla mi pena   que no reconoce, no,
del plomo del sentimiento   ligerezas de la voz.

Coplas
Pues vaya, amigas del alma,   den anchas a mi dolor
que un corazón apretado   merece lo que un jubón.

Dos amas que Dios me ha dado,   si es que da las amas Dios
que no es por cuenta del cielo   el mal que me busco yo.

Muy finos de sus amantes   con mucha veneración
ausentes sus ojos dicen   cuanto recata su voz.

De los secretos del alma   la blanda respiración
explica cuanto no dice   lo escondido del dolor.


JOSÉ MARÍN
Sepan todos que muero
Estribillo
Sepan todos que muero   de un desdén que quiero.

Coplas
Quiero que un desdén apaçible   y si ay ángeles acá
un ángel que quiero está   más allá de lo imposible
quiero sufrir lo insufrible   de amar y no perecer
de sembrar y no coger   pues e de morir primero.

Al sol que le quento las benas   luçientes que llaman rayos
y temo menos desmayos   contando rayos por penas
ya de mi amor las cadenas   arrastran mi livertad
y en el cielo de piedad   aun no e mirado un luçero.

De altura tan singular   es la causa de mi empleo
y con el bano deseo   aun no la llego a igualar
de mí me puedo quejar   si conoçiéndome  humano
de amor lo que es soberano   prudente no desespero.

ANÓNIMO S. XVII
No hay que decir del primor
No hay que decir del primor   ni con el valor que sale,
que yo sé que es la zagala   de las que rompen el aire.
Es tan bizarra y presumida   tan valiente es y arrogante
que ha jurado que ella sola   ha de vençer al dios Marte.
Si sabe que la festejan   las florecillas y aves
juzgará que son temores   lo que hacéis por agradable.
Muera con la confusión   de su arrogancia pues trae
por blasón de la victoria   rayos con que ha de abrasarse.

No la doy a entender flores   ni  a vosotras bellas, y así
que este amoroso festejo   sólo por ella se hace.
Que como deidad se juzga   de su hermosura se vale
y quiere que el mundo sepa   que no hay beldad que la iguale.
Y aunque su valor es mucho   y  su beldad es tan grande
si la mira acreditada   bien pueden todas guardarse
Si ella de cruel se precia   muera a manos de crueldades
y acabará como ingrata    ya que yo muero de amante.
Muera con la confusión...

      1. Lucas Ruiz de Ribayaz (1626-1677)
      1. El Gran Duque y Baylete (instrumental)
      1. Juan Hidalgo (1614-1685)
      1. Solo humano: Cuydado pastor (Antonio Solís)
      2. Los celos hacen estrellas: Peynándose estaba un olmo (Juan Vélez de Guevara)
      1. Lucas Ruiz de Ribayaz
      1. Hachas
      2. Chaconas - Marionas
      1. José Marín (1619-1699)
      1. Ojos, pues me desdeñais
      2. No piense Menguilla, ya (soprano y bajo continuo)
      1. Lucas Ruiz de Ribayaz
      1. Españoleta
      1. Sebastián Durón (1660-1716)
      1. Cantata "Sosieguen, descansen" (soprano, flauta y bajo continuo)
      2. Corazón, causa tenéis (soprano, flauta y bajo continuo)
      1. Lucas Ruiz de Ribayaz
      1. Paradetas
      2. Galería del Amor y Buelta
      1. Juan Hidalgo
      1. Esperar, sentir, morir (Fernández de León)
      2. El templo de Palas : "Ay que sí, ay que no" (Francisco de Avellaneda ¿1625-1684)
      1. Gaspar Sanz (1640-1710)
      1. Suite española: Pavanas al aire español
      1. José Marín
      1. Sepan todos que muero
      1. Lucas Ruiz de Ribayaz
      1. Folías
      1. No hay que decir del primor (Jácara)
      2. No la doy a entender flores (Jácara)