(II) Ciclos de Miércoles Cuatro cuartetos españoles

(II)

  1. Este acto tuvo lugar el
Cuarteto "Español" . Víctor Martín y Manuel Guillén, violín. Emilio Mateu, viola. Ángel Luis Quintana, violonchelo

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SEGUNDO CONCIERTO
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  Manuel Castillo ha escrito dos cuartetos de cuerda grandes, el primero de ellos se fecha en 1991 y evidencia la adscripción del compositor a las formas procedentes de la tradición clásico-romántica. También para cuarteto son las Cuatro invenciones, que datan de 1967. Posteriores en dos años al Cuarteto nº 1, las Variaciones sobre un tema de Mompou homenajean al compositor catalán, de cuyo nacimiento se celebraba el centenario en 1993. Castillo, que acometió sus Variaciones en septiembre de ese año, expresaba así su admiración por el poético y sutil creador: mis primeros intentos de compositor recibí su consejo, su estímulo; después su amistad y, sobre todo, su ejemplo".
El tema que escoge para realizar las variaciones es perfectamente representativo de la obra de Mompou, ya que se trata del tercer número del primer cuaderno de la serie pianística de la Música callada. Pero la obra de Castillo bien pudiera denominarse "Variaciones en busca de tema", porque el motivo de Mompou sólo se escucha en su exactitud al final de la serie de variaciones. A Tomás Marco llega a parecerle un mero pretexto el que Castillo escogiese el tema de Mompou para evidenciar su maestría en la forma de las variaciones, pero es difícil seguirle en este punto, por la sinceridad del homenaje, pues la música de Castillo culmina con la exposición del tema del autor catalán, al que se expresa evidente respeto, pues tras su música ya no es posible más que el silencio.
Las variaciones son de forma libre, unas serenas y contemplativas, a la zaga del estilo del mismo Mompou, otras dinámicas o contrapuntísticas. En la XI, se rememora otra música del autor de Los improperios, en concreto el tema de Jeunes filles au jardin de las Scenes d'enfants. La XVIII cumple simplemente la función de preparar la entrada del tema del homenajeado.
La obra se estrenó en el Auditorio Nacional de Madrid, el 10 de marzo de 1994, por el Joven Cuarteto Italiano, en el curso del XVI Ciclo de Cámara y Polifonía.

Hasta la fecha, Carlos Cruz de Castro ha realizado incursiones muy diversas en el género del cuarteto de cuerda. Su periplo empezó en 1968 con Disección su cuarteto nº 1, dedicado a Gerardo Gombau y que permanece sin estrenar. Precisamente en Disección cifran Cureses y García-Alcalde el punto de partida del "concretismo" en Cruz de Castro; es decir, una forma basada en un elemento unificador distinto para cada obra. De 1975 data el Cuarteto nº 2, una obra gráfica igualmente no dada a la escucha. Casi veinte años posterior es el Cuartetotte cuarteto nº 3, estrenado en Vaasa, por el cuarteto homónimo de esta ciudad finlandesa, el 17 de noviembre de 1994 y dedicado a Totte Mannes.
El Cuarteto nº 4 "Cuevas de Altamira" surgió por el encargo del XLVII Festival Internacional de Santander. Escrito entre marzo y mayo de 1998, lo estrenó el Cuarteto Parisii el 13 de agosto de ese año en los jardines del Balneario de Liérganes. Está dedicado al crítico Leopoldo Hontañón, en reconocimiento de su labor difusora de la música española contemporánea.
El propio Cruz de Castro reconoce que la idea plasmada en el subtítulo y de alguna manera las propias pinturas rupestres de la cueva influyeron en su música, pero ésta en absoluto debe entenderse como una descripción sonora de ese punto de partida. En sus palabras, la estructura de la obra sigue " una serie de secciones diferentes e irregulares surgidas por la irregularidad que, a su vez, tiene la caverna de Altamira con el vestíbulo, las salas, los corredores y las galerías con sus variadas dimensiones de altura, largo y ancho. Esta irregularidad me proporcionó que las distintas secciones estuvieran caracterizadas por timbres, registros, articulaciones y dinámicas igualmente irregulares".
La obra consta de un solo movimiento de unos veintidós minutos de duración el más extenso de los cuartetos de Cruz de Castro hasta el presente en cuyo interior se reconocen las secciones indicadas por el autor. Comienza la composición con un largo soliloquio de la viola, añadiéndose paulatinamente los otros instrumentos, con variadas formas de ataque, intervenciones que podrían verse como imágenes de "recorridos" por la cueva. Se accede a una sección rítmica, basada en notas repetidas, con acusados contrastes dinámicos, que alternan con dibujos en legato. La movilidad del pasaje se va sosegando para dar paso a una parte lírica de etérea sonoridad y extraordinariamente expresiva. Encadena ésta con el pizzicato del violonchelo, que va extendiéndose a los otros instrumentos. Un diseño en bucle se expone con el arco y de nuevo una línea lírica intenta abrirse paso entre sonoridades ultraagudas enrarecidas. Un torbellino rítmico se suceden las prescripciones de arco y pizzicato lleva la música a la conclusión con unos vigorosos y afirmativos acordes.
Sebastián Mariné, conocido pianista y compositor, escribió su Cuarteto de cuerda "Jorge González Aguilar" en 1980. González Aguilar fue profesor de matemáticas y dibujo y posteriormente amigo de Mariné. En el original, figura la dedicatoria "A Anabel". Es una composición cargada de simbolismo, innegable fuerza dramática y una inquieta actitud ante los recursos de la grafía para los cuatro arcos. Se estrenó en el madrileño Círculo de Bellas Artes en 1986.
El primer tiempo, Vida de un revolucionario, según su propio autor " muy violento y dramático se abre con un molto vibrato y la prescripción de la sordina. La escritura se mueve entre la determinación y la indeterminación: glissandi, secuencias ad libitum, notas tañidas con fuerte presión del arco, fuertes contrastes dinámicos y reguladores extremos encuadran el paisaje sonoro. Se demandan aun pequeños trémolos en el interior del desplazamiento del glissando; conviven también las notas en el registro ultraagudo. Los instrumentos se independizan - la persona a cargo de la viola es quien debe dar las entradas a las secciones-  y cada uno debe acabar el movimiento ajeno al quehacer de los otros. El segundo movimiento, Desierto (Allegro deciso), es más dinámico que el anterior. Propone un discurso imitativo de células rítmicas; la sonoridad se torna extraordinariamente enrarecida, salvo pasajeros remansos líricos. En su cierre, de nuevo los cuatro instrumentos actúan al margen de sus compañeros. El final, Y estrella (Tranquillo), contrasta con todo lo precedente por el piano dolcissimo en el agudo del primer violín. La lucha representada por los dos movimientos anteriores parece culminar aquí con el logro del objetivo anhelado. Esta especie de canto aéreo es secundada por los tres instrumentos restantes ad libitum con una suerte de marcha sorda en pianísimo, por momentos un fondo inquietante. Toda la sección final del movimiento hace callar al primer violín, un símbolo seguramente de que se ha accedido a fronteras que exceden el pentagrama, inevitablemente acude la imagen de la estrella del título, sugerida singularmente por el silencio de ese atril. La música se serena, aunque se adentre por igual en los terrenos del ruido, a petición del propio autor. Finaliza así esta composición singular.

Tomás Marco fue lanzado a la fama internacional precisamente con un cuarteto de cuerda, Aura (1967), la obra con la que se apartó del serialismo estricto para indagar en preocupaciones más personales: la psicología de la escucha, el contexto cultural de la música, las relaciones con la ciencia... Espejo desierto (1987) -el escueto cuarteto nº 2- disponía un material sencillo que se autodesarrollaba por medio de una forma autónoma y con ayuda de procedimientos matemáticos. El Cuarteto nº 3 "Anatomía fractal de los ángeles" (1993), toma de nuevo elementos de la matemática y llega a bordear la frontera del silencio. El Cuarteto nº 4 "Los desastres de la guerra" surgió en 1996 y, como en el caso de la obra de Cruz de Castro, por un encargo del Festival Internacional de Santander. El propio autor reconoce con motivo de la audición integral de sus cuartetos por el Arditti que la obra tiene concomitancias con el Tercer cuarteto, en cuanto a los de crecimiento fractal", proponiendo en ella un sistema de proporciones según una forma autónoma, una música por completo abstracta -un "material musical rigurosamente objetivo" son las palabras de Marco-, mas sin olvidar la carga emocional que toda música conlleva. El título alude obviamente a los grabados goyescos, pero nada más lejos de la intención del compositor que la descripción o la simple evocación. El músico coincidiría con el artista plástico en su gesto de rabia frente a la barbarie de todo conflicto bélico (Marco citaba entonces la guerra de Bosnia). El Cuarteto nº 4 se estrenó en el Santuario de la Bien Aparecida, por el Ensemble Paul Klee de Italia, el 24 de agosto de 1996.
En un solo movimiento, aunque en su seno se reconocen cuatro secciones que se corresponderían aproximadamente con los tiempos tradicionales de la forma, el cuarteto se inicia con violentísimos acordes disonantes en sffz. Un pasaje legato en fusas en pianísimo contrasta como un murmullo o más bien una queja sofocada. Ambos diseños alternan; hay un tercer elemento en trémolos. La dureza y la acritud -Marco prescribe el pizzicato Bartók; es decir, estrellando la cuerda contra el instrumento- se imponen en la escucha. Acordes y murmullo cobran naturaleza estructural y la atmósfera se va enrareciendo progresivamente. En el compás 207, llegamos a la parte que haría la función de movimiento lento: acordes de notas largas, trémolos en pianísimo sobre el puente y otra vez acordes en fortísimo. Se produce un breve recogimiento en pianísimo, pero la serenidad es nuevamente quebrada por los acordes, ahora transformados. La viola amaga un canto dolorido y nuevos acordes -estaríamos en la tercera parte de la obra- que ceden o luchan con un pasaje inmaterial. Se encadena con la agitada sección final, para acabar la obra simétricamente con el brusco, cortante gesto del comienzo.

      1. Manuel Castillo (1930-2005)
      1. Variaciones sobre un tema de Mompou para cuarteto de cuerda
      1. Carlos Cruz de Castro (1941)
      1. Cuarteto de cuerda nº 4 “Cuevas de Altamira”
      1. Sebastián Mariné (1957)
      1. Cuarteto de cuerda “Jorge González Aguilar”
      1. Tomás Marco (1942)
      1. Cuarteto nº 4 "Los desastres de la guerra"