(y IV) Conciertos del Sábado Música de cámara francesa

(y IV)

  1. Este acto tuvo lugar el
Cuarteto de Cuerda de Córdoba . Yamir Portuondo Garzón y Artaches Kazarian, violín. Jorge Hernández Iznaga, viola. Paul Mitchell, violonchelo
Santiago de la Riva, violín. Ángel Gago, piano

NOTAS AL PROGRAMA
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Como Debussy - y dejando al margen obras juveniles- , RAVEL comienza su obra camerística con la forma musical más prestigiosa y difícil: Un cuarteto de cuerdas. Como Debussy, desgraciadamente Ravel tampoco insistirá en ella a lo largo de su vida. Y en ambos casos es una lástima, ya que los dos consiguieron una obra excelente, de las que han conquistado un hueco en el repertorio.

El Cuarteto de Ravel fue terminado en 1903 y estrenado y editado al año siguiente (el de Debussy es diez años más antiguo). Su plan de cuatro movimientos y el sometimiento voluntario a los moldes formales heredados le confieren un aspecto un poco conservador, pero una audición atenta descubrirá fácilmente los nuevos rumbos de la música que Ravel recorrería con absoluta originalidad.

La Rapsodia de concierto titulada Tzigane es de 1924 y está dedicada a la violinista húngara Jelly d'Aranyi, quién la estrenó. Se trata de una irónica improvisación muy controlada, en forma de variaciones libres, con todos los tópicos del violín virtuoso romántico, que tuvo en las rapsodias húngaras un motivo de pirotecnia instrumental. Puede ser acompañado al piano o con un instrumento, el luthéad, que tuvo breve moda y evoca los sonidos del címbalon popular e incluso del clave. También existe una versión para violín y orquesta.

El ciclo termina con una obra tan inusitada como bellísima del exquisito ERNEST CHAUSSON. Una sola de sus obras, el Poema para violín y orquesta ha conseguido entrar en el repertorio, pero es injusto el olvido de las demás, pues se trata de un músico refinado y de enorme talento. El Concierto para piano, violín y cuarteto de cuerdas, escrito entre 1889 y 1891, está dedicado al gran violinista belga Eugène Ysaÿe. Al margen de la rareza de su plantilla instrumental, hay en él una todavía mayor: Aunar la densidad armónica y formal de su maestro César Franck con la claridad y la sutileza de Fauré y conseguir al mismo tiempo una obra tan personal y espléndida. Su audición en concierto es rarísima, pero no es sólo esta circunstancia, sino sus valores musicales, lo que nos ha decidido a programarla.

      1. Maurice Ravel (1875-1937)
      1. Cuarteto en Fa mayor
      2. Tzigane
      1. Ernest Chausson (1855-1899)
      1. Concierto en Re mayor Op. 21, para violín, piano y cuarteto de cuerda