(II) Ciclos de Miércoles Medio siglo de música española (1950-2000)

(II)

  1. Este acto tuvo lugar el
Mercedes Padilla, dirección
Orquesta de Cámara Villa de Madrid

________________________________________________________________________

SEGUNDO CONCIERTO
________________________________________________________________________
  Sul ponte vecchio, la primera música que escucharemos en este tercer y último concierto del ciclo "Medio siglo de música española" es una obra bastante reciente: fue escrita por Francisco Cano en 1999, y su estreno tuvo lugar en el Auditorio Nacional de Música, de Madrid, un año después. Como hoy, fue Mercedes Padilla, a quien la obra está dedicada, la encargada de hacerla sonar entonces.
Desde el punto de vista funcional, Sul ponte vecchio es lo que parece: la traslación a sonido de un sentimiento producido por una impresión visual; música, por consiguiente, de pesada carga subjetiva, que por otro lado no sólo no aspira a ser otra cosa, sino que nace dentro de un estilo y un talante sonoro que a Cano siempre le gustó resaltar al referirse a su música: eclecticismo y la aversión a la utilización de la disonancia por sistema. La obra contiene además impresiones literarias relacionadas paralelamente como el tema tratado; reconocidas por el autor, de Stendhal, Forster o del mismo escritor florentino Vasco Pratolini. Formalmente la pieza, sencilla y muy comprensible, "se compone de un tema y variaciones: a partir de una fantasía en la que el tema se expone con dinámicas muy tenues se construye la estructura que sigue este patrón clásico", según le comentó el compositor al autor de las notas al programa del día del estreno. El, tratamiento formal es, como se verá, elemental, pero no así el resultado, pues como suele suceder con la música del madrileño, el contenido sonoro de lo construido, al sobrepasar con mucho la importancia que el propio autor da a innovación formal, se convierte en protagonista, lo que a la postre, es decir, a la hora de la escucha, que es lo que interesa, produce una gran impresión, un impacto hecho de frescura y novedad. En otras palabras,  Cano, al contrario de Zemlinsky, pongo por caso, no quiere observar lo que sucede sobre el puente, sino al puente mismo: observación y traducción a sonido, no interpretación dramática.
Entre Rosa-Rosae y Árbol de arcángeles hay más de 25 años de diferencia; se trata casi de otro compositor. Dedicada al crítico José Luis Pérez de Arteaga, conoció su estreno en noviembre del mismo año de su composición, 1995, realizado en el Auditorio Nacional por Josep Pons y la Orquesta Ciudad de Granada. Su subtítulo, "Serenata virtual" es explicado por el autor con la elocuencia que le caracteriza: "La pieza, y no sólo por el título, está ligada al Cuarteto núm.3, titulado Anatomía fractal de los ángeles, de 1993. El título de Árbol de arcángeles indica una intencionalidad poética y una relación con los mensajeros alados e incorpóreos, pero también una dedicación a determinados procedimientos técnicos tomados del mundo científico y que son frecuentes en mi obra  (como en las Sinfonías núms. 4 'Espacio quebrado', 5 'Modelos de universo' 6 'Imago Mundi', Pulsar, etc). Aquí uso procedimientos formales de crecimiento en árbol conectados con la matemática fractal. Como en el cuarteto, fractales y ángeles se dan la mano casi como entidades abstractas, virtuales y en definitiva poéticas ya que la obra acaba manifestándose como una serenata, una especie de virtualidad de las serenatas clásicas y románticas, como las de Mozart o Tchaikovsky, pero también de su transformación moderna  en las de Maderna o Berio. Serenata más virtual que real, arbórea y angélica que acaba aspirando a manifestarse como música pura y formal a pesar de sus referencias y sus referentes, de sus alusiones e implicaciones que, al final, sólo son un pretexto, o mejor, un estímulo, para la libre y arriesgada aventura de crear mundos sonoros que sean humanamente habitables aunque los arcángeles habiten las copas inexistentes de árboles imaginarios".
Como lo que he entendido y disfrutado de esta música al escucharla es exactamente lo que el autor dice de la misma, cualquier comentario mío añadido, más que ayudar, entorpecería.
También es la segunda vez que aparece en este ciclo el nombre de Carlos Cruz de Castro, y como en el caso de Marco, con una obra escrita mucho más recientemente que la ya escuchada Música de cámara núm.2. Se trata esta vez de un homenaje, dirigido al maestro Falla, una pieza que Cruz de Castro dedicó a sus primos, Pilar y Juan, y que estrenó en Sofia (Bulgaria) el 29 de noviembre de 1996 - el mismo año que la obra vio la luz-  Joan Pamies al frente de la Orquesta de la Radio Nacional Búlgara. La partitura lleva por título Ofrenda a Falla.
No es la primera vez que Cruz de Castro ha homenajeado al autor de La vida breve. Veinte años atrás, en 1976, es decir el año en que se celebró el centenario del nacimiento del gaditano, escribió una música de signo astrológico, Sagitario, para un conjunto instrumental indeterminado. Esta Ofrenda reza, en palabras del propio autor, de manera bien distinta: "Si Sagitario está estructurada sobre la base del desarrollo de un elemento extraído de la "Danza del fuego" de El amor brujo, en Ofrenda a Falla no existe elemento ni cita musical alguna de Falla, sino que es la visión e impresión subjetiva sobre el compositor al que se quiere homenajear: es una ofrenda de un compositor a otro.
La forma de la obra está estructurada en diferentes secciones que se relacionan entre sí por ser desarrollos y variantes de la primera sección como generadora de todas las demás. En la primera sección están contenidos los esquemas rítmicos, armónicos y las alturas de notación, cambiando en las restantes secciones la articulación de fraseo, el timbre y el tratamiento instrumental".
No dispongo del dato con total certeza, pero creo que Ofrenda a Falla se va a escuchar en Madrid (¿en España?) por primera vez.
Ensoñaciones fue compuesta por Claudio Prieto en 1994 y estrenada por Ernest Martínez Izquierdo en la temporada de la ONE el 18 de noviembre de ese año. No parece descabellado tratar de adivinar una cierta carga sicológica en una música de tal título. Además, conociendo el mundo poético de su autor, con más razón: no es Claudio Prieto un creador al que parezca importarle mirar hacia el sicologismo de lo romántico, entendido en su acepción más temporal, es decir, como elemento permanentemente presente en la música - o sea en el individuo-  de siempre. Más bien el autor palentino se siente seducido por la posibilidad de construir un universo sonoro propio partiendo de la idea de que lo lírico - entendiendo el concepto como forma idónea para conseguir la intercomunicación con el receptor-  ha de ser el principal motor de la invención musical. En ese sentido, habar de esta pequeña joya para la orquesta de cuerda que es Ensoñaciones no requiere otra presentación que la desprendida de las propias palabras que el autor pronunció a su biógrafo, Víctor Pliego, en el programa de mano del estreno de la obra:
"Adentrarse en el mundo de nuestros sueños es como situarse en el túnel del tiempo y realizar un viaje por nuestro interior en el que fuéramos viendo las escenas de nuestro pasado y nuestro presente, e imaginando las futuras como en una suerte de moviolas que nosotros mismos accionáramos siendo, a la vez, espectadores y parte integrante. Los sueños, en la medida en que los acomodamos a nuestros deseos más íntimos, nos permiten diseñar primero y afrontar después las distintas etapas de nuestra vida con ilusión renovada (...) Sin embargo, los sueños no siempre responden a los deseos que somos capaces de reconocer o racionalizar. En ocasiones nos vemos favorable o desfavorablemente sorprendidos por las consecuencias que nos provocan ciertos acontecimientos, que sólo comprendemos más adelante. Aquí se encierra mucha de la magia  que circula en torno al mundo onírico. (...) Soy de los que creen que conceptos como ilusión y esperanza deben presidir el pensamiento para continuar soñando nuestro futuro (...). Toda esa amalgama de sentimientos es, sin duda, muy difícil de expresar. Unos nunca lo hacen; otros han recurrido a la palabra, a la pintura, la escultura o la danza. Yo he intentado describir lo que han sido, son y serán mis sueños a través de la música. El resultado ha sido Ensoñaciones".
  
Obviamente, no ha lugar añadir nada más: sobre tal necesidad de expresarse en sentimientos, tan "al desnudo", poco se puede comentar; como diría Prieto, mejor escuchar.
No parece casual que se haya querido cerrar este ciclo con música de Xavier Montsalvatge. Como ya se dijo en la introducción a estas notas, su figura insigne y omnipresente durante gran parte del siglo XX, su capacidad para compartir compromisos con las músicas autóctonas de su tierra y la más radical vanguardia, su autoridad siempre mostrada y demostrada ante movimientos y colegas de profesión, su, en fin, universalidad e importancia más allá de nuestras fronteras lo convierten en una referencia casi rectora para nuestra música durante la centuria pasada.
Acabamos, pues, el ciclo con una pequeña incursión en su música, probablemente, no la más interesante aportación a su propia Obra, pero sí una partitura que se escucha con mucho placer. Estas Tres postals il-luminades de 1990 constituyen un trabajo bastante circunstancial, nacidas de un encargo medio administrativo medio político. Fueron compuestas para la reinauguración del teatro El Jardí, de Figueres, tras una larga remodelación. Fueron dedicadas a la Orquestra de l'Empordà, a Carles Coll (su director titular y responsable del estreno) y al Ayuntamiento de Figueres, institución que hizo el encargo a Montsalvatge.
Se trata de una obra amable, de perfiles suaves y sin grandes complicaciones, inspirada por la visión de tres postales antiguas: "Para corresponder a esta halagadora invitación compuse Tres postales iluminadas para la Orquesta de L'Empordà, que más tarde seguiría dando a conocer. Imaginé tres estampas sobre tres lugares diferentes, la Provenza, La Habana y Nueva York, en los tres casos vistas a través de anacrónicas imágenes contenidas en tres viejas postales, de ésas que se pueden colorear a mano. Cada estampa justifica la intención de cada pieza; la primera glosa a dos pastorcillos provenzales, la segunda desarrolla una habanera y la tercera evoca el espíritu de la música marcadamente americana". Así se expresaba el autor para el breve comentario del libretillo de un disco grabado por una pequeña compañía catalana, un registro hoy absolutamente inencontrable. Música afable y de agradables colores, en fin, para cerrar este gran maratón de música española.

      1. Francisco Cano (1939)
      1. Sul ponte vecchio
      1. Tomás Marco (1942)
      1. Árbol de arcángeles
      1. Carlos Cruz de Castro (1941)
      1. Ofrenda a Falla
      1. Claudio Prieto (1934)
      1. Ensoñaciones
      1. Xavier Montsalvatge (1912-2002)
      1. Tres postales iluminadas