(y III) Ciclos de Miércoles Medio siglo de música española (1950-2000)

(y III)

  1. Este acto tuvo lugar el
LIM (Laboratorio de Interpretación Musical)

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TERCER CONCIERTO
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  trabajo, quizás por una transitoria necesidad estética y deliberadamente, ha sido realizado fundamentalmente en el marco de la tonalidad, apareciendo esporádicamente algún politonalismo e incluso atonalidad, y se ha prescindido de especulaciones tímbricas, gráficas y de todo signo nuevo tan utilizado en otras anteriores. Posee claros y expresivos motivos melódicos, y en su forma se prescinde de las reglas o preceptos clásicos. La obra transcurre sin interrupción, aunque se perciben claramente diversas secciones que son evolución constante de la interválica y estructura armónica de la idea inicial"
Son palabras del propio autor, lo que, escuchando una música tan pura como la contenida en este Quinteto para flauta, clarinete, violonchelo y piano, de Agustín Bertomeu, aclara y a la vez desconcierta.
Escrito en 1991, es decir, como primera obra relevante tras la consecución del VII Premio Internacional de Composición Musical "Reina Sofía" por el Concierto para violonchelo y orquesta, sus planteamientos se alejan del serialismo que respira éste, y parece mirar más atrás, quizá hacia una cierta recuperación de lo tonal, hecho que si bien al escuchar aparece velado, el propio autor parece querer recalcar en su autoapreciación. Música pura para nosotros, muy alejada de la especulación sonora, sí, pero de una rara y fresca hermosura; música que, en fin, es difícil de imaginar fuera de su entorno natural, que no es otro que el de los profesores del LIM, para los que la pieza, por  sugerencia de su director Jesús Villa-Rojo, fue escrita entre marzo y abril del mencionado año.
En esa misma fecha, Gonzalo de Olavide se volvía a establecer en España (escoge como residencia Manzanares El Real), tras 25 años de estancia en Ginebra, desde donde desarrolla una importante parte de su Obra. Y diez después, en 2001, obtiene el "Reina Sofía" por el conjunto de su Obra; entre medias nace Varianza, estrenada en el XLIV Festival Internacional de Santander, y de nuevo para el Grupo LIM, pero esta vez con el objetivo añadido de contar con un dedicatario insigne, el crítico y compositor Enrique Franco.
"Si un nombre es ya por sí una definición, empezaré por referirme al título de esta obra para delimitar el sentido y la orientación de los que partí al escribir la partitura.
En principio, y siempre refiriéndome al nombre, excluí la palabra 'variaciones'. Esta aplicación no corresponde al contenido de estos minutos de música.
Efectivamente, reunida una serie de episodios temáticos, éstos van variando condicionados los unos por los otros. Aparecen a modo de señales melódicas que se van hilando entre sí.
Por lo demás, la música determina el espacio en tensión/distensión. Por sí mismo, ella - la música-  puede decir más que estas líneas"
Un cierto sano escepticismo recorre este texto de Olavide: al final parece echar la culpa a la música de todo, como si importara poco el camino, las fórmulas, los procedimientos, y sólo un resultado como milagro, la propia música, que es más "varianza" que "variedad" porque nada debe repetirse pero todo ha de salir de lo que ya está hecho. Olavide, en este sentido, no es un clásico, pero - y los 12 minutos de música de Varianza es un estimulante ejemplo de ello-  sabe guardar las formas con la elegancia propia de los caballeros.  
No sé si A mi aire es la más significativa música de su autor; pero sí apetece mucho recordar la figura del todavía no hace mucho desaparecido Carmelo Bernaola con este título, aunque a la postre, seguramente - y como sucedía a menudo con las "obritas" de Bernaola- , no lo que parece. Durán Loriga, su discípulo más aventajado, ha dicho, refiriéndose al hecho de que Bernaola la escribiera en cuatro o cinco días, que se trata de una música en la que "la premura de tiempo no sólo no es enemiga de la calidad sino que parece haber sido su aliada. Tiene (A mi aire) un aspecto de fluida improvisación, de libre y flexible escritura a que el propio autor hacía referencia". El autor, por su parte, había dejado dicho a Antonio Iglesias: "Se trata de presentar y poner en acción musical a los tres grupos de madera, piano-percusión y cuerda. Ellos, a veces, dialogan; otras, forman conjuntos superiores; y otras entablan una distinta clase de diálogo. Se podría decir que es como una improvisación que va surgiendo espontáneamente, haciendo uso, naturalmente, de cuantos recursos técnico-expresivos poseen los instrumentos empleados. Es música, por supuesto, no tonal, ¡escrita con toda libertad!" No resistiría yo ahora privarme de la apostilla: la naturalidad y facilidad con que se desparraman los sonidos de esta música pinta un lienzo que parecen ser puro movimiento, una dinámica que produce ingravidez y sosiego, pero por ausencia de retórica formal, no por falta de esencia. Sin la menor duda, es A mi Aire Bernaola en estado puro.
La obra, escrita para flauta, clarinete y fagot; xilófono y piano; y violín, viola y violonchelofue un encargo - y no fue el único-  de RNE para celebrar, en 1979, el cincuenta cumpleaños del autor vizcaíno. Carmelo se la dedicó a otro de los maestros que aparecen en la programación de estos conciertos, Tomás Marco - y a su esposa- , y se escuchó por primera vez el tres de mayo de ese año, en la Sala Fénix, en aquel glorioso ciclo que llevó por nombre "Días de Música Contemporánea". Los intérpretes fueron el no menos glorioso Grupo Koan, a cuyo frente estuvo José Ramón Encinar, o sea, otro autor programado en el ciclo que nos ocupa.
Música de cámara núm. 2 de Carlos Cruz de Castro fue un encargo de Jesús Villa-Rojo para su grupo con la idea de estrenarla en el XIV Foro Internacional de Música Nueva, un evento ideado y promovido por el compositor y violinista Manuel Enríquez en el seno del Centro Nacional de Investigación, Documentación e Información Musical. Esa edición del Foro fue la correspondiente al año 1992, pero la obra de Cruz de Castro no se estrenó en esa fecha. El autor, tras su "première" en 2001 explicó las razones del retraso y los porqués de su estreno definitivo, así como las claves de la pieza, una música que sin duda ayuda a comprender el arte de este compositor y hombre "entusiasta de lo meridional y lo cálido, músico de música llena de encanto, en la que se mezclan una imaginación muy libre y desinhibida y un cuidadoso sentido de las proporciones", como ha dejado escrito Ramón Barce:
"Por mi inconformidad con respecto a la última sección de la obra decidí renunciar al estreno en la fecha prevista y dejar "madurar" el final, esperar "a ver" mejor aquello en lo que dudaba  y que no me complacía (...) Transcurrieron los años, hasta que Jesús Villa-Rojo, a principios de 2001, me preguntó qué podíamos hacer con la Música de Cámara núm. 2. Me animé a corregirla para estrenarla en el año de mi 60 aniversario, y me encontré aceptando lo que me hizo dudar hacía nueve años, sin ninguna otra modificación que no fuera "llenar" la ultima sección de más sonido, hacerla más densa.
Música de Cámara núm. 2 está constituida por tres secciones que se interpretan sin interrupción. La primera es lenta y está caracterizada por el diálogo contrapuntístico. La segunda es más rápida que la anterior, con la alternancia de diferentes intervalos ascendentes y descendentes, y la tercera sección, que es la más viva de movimiento, domina la masa sonora por medio del cromatismo armónico".
Gabriel Erkoreka nació en Bilbao en 1969. Así que todavía podemos hablar del "joven Erkoreka" que estudió con Penderecki o Ligeti o Berio; o que sólo recientemente finalizó sus estudios en la Royal Academy of Music de Londres. Podemos hacer todo esto; pero también que llevamos ya escuchadas unas cuantas músicas suyas, y que cada vez nos sigue sorprendiendo su estilo directo y arriesgado, su nada fácil decisión de aceptar a la Naturaleza como fuente de inspiración sonora. Krater, estrenada en marzo de 1995 en el Segundo Ciclo de Música del Siglo XX de Vitoria-Gasteiz, es un bellísimo ejemplo de ello.
"Comienza dentro de un clima misterioso, evocando un paisaje volcánico. Pronto se establece un diálogo llegando a un primer punto de fuerza que marca el comienzo de la erupción: cenizas, burbujas, fluidos, ríos de lava y petrificación. Se crea un ambiente de calor y humedad combinado con sonidos de la tierra. Después de toda esta actividad hay una sensación tanto de desolación como de admiración hacia el nuevo y enigmático paisaje" Palabras del autor, que no sabemos bien si hay que interpretarlas en su sentido literal (su amor por la isla de Lanzarote y demás paisajes magmáticos invitan a comprender sus palabras tal cual) o bajo algún tipo de subtexto: ¿la lava entierra el enigma de la tierra para crear una nueva incertidumbre? ¿Una destrucción creativa como única posibilidad para la supervivencia? O ¿Un bello poema sinfónico en lenguaje de hoy, y punto? En cualquier caso, el resultado es excelente; en lo sonoro, de una brillantez acerada.  
¿Qué mejor finalizar un concierto de LIM con una obra de Villa-Rojo? Para esta ocasión el autor ha escogido una de sus tres obras en las que, de una manera u otra, se refiere a Bach. Se trata de la última salida de su pluma bajo esos requerimientos, pues Bach-Preludio fue escrita en agosto de 2001; antes habían llegado la Sonatina y Conmemorativa.
Villa-Rojo, cuando habla de esta pieza, califica de "atrevimiento" el hecho de haber recurrido directamente a materiales bachianos, concretamente a la Fuga del preludio número 20 del primer libro de El Clave bien temperado. Pero rápidamente añade que entendido como signo de admiración y no como recurso para interferir en su producción. Se refiere a esta música así: "Las ideas surgen de Bach, habiéndome permitido combinar los timbres en la configuración de la obra para realizar los diseños más representativos aunque llegando a conseguir una compleja concatenación de elementos que multiplican el significado estético y técnico de la composición". Es decir, no se trata de una paráfrasis, sino, y como él mismo se encarga de dejar claro de antemano, de una recreación "humilde" de unos materiales excelsos con los que el autor-intérprete (intérprete, no se olvide) juega hasta conseguir personalizarlos. Música tan hermosa como sencilla, que se escucha con placer, pero, si se quiere, también con un cierto recogimiento intelectual.  
Bach-Preludio fue estrenada por LIM en el Auditorio Nacional de Música el 24 de octubre del mismo 2001.

      1. Agustín Bertomeu Salazar (1929)
      1. Quinteto, para flauta, clarinete, violín, violonchelo y piano
      1. Gonzalo de Olavide (1934-2005)
      1. Varianza, para flauta, oboe, clarinete, violín, violonchelo y piano
      1. Carmelo A. Bernaola (1929-2002)
      1. A mi aire, para flauta, clarinete, fagot, xilofón, piano, violín, viola, violonchelo y contrabajo
      1. Carlos Cruz de Castro (1941)
      1. Música de cámara, N. 2, para flauta, clarinete, violín, violonchelo y piano
      1. Gabriel Erkoreka (1969)
      1. Krater, para flauta, clarinete, violín, violonchelo, marimba y piano
      1. Jesús Villa Rojo (1940)
      1. Bach-Preludio, para flauta, oboe, clarinete, piano, violín, viola, violonchelo y contrabajo