Recital de flauta y piano Conciertos de Mediodía

Recital de flauta y piano

  1. Este acto tuvo lugar el
Clara Andrada de La Calle, flauta. María José García López, piano

H. DUTILLEUX, el excelente compositor francés formado en el Conservatorio de París, del que será en 1970 profesor de composición, es autor de obra no muy abundante pero siempre bien planeada y exquisita. Gran Premio Roma de 1938, compuso en los años 40 una serie de dúos para instrumentos de viento y piano con destino a los concursos del Conservatorio. Entre ellas destaca por su gracia la Sonatina para flauta y piano de 1943.
F. MARTIN fue un compositor suizo de formación autodidacta, dudoso entre la cultura alemana de la que procedía y de la francesa a la que le conducía su gusto personal. Colaborador en el Instituto Jacques Dalcroze en Ginebra, profesor en Colonia, es autor de obra abundante en la que se esforzó en lograr la síntesis de dos culturas tan diversas. La Balada para flauta y piano es de 1939, y fue transcrita en 1941 para flauta, cuerdas y piano por el autor. Pero ya antes, el director de orquesta y compositor Ernest Ausermet había hecho una versión para flauta y orquesta.
La única obra de Xavier MONTSALVATGE para flauta nace por encargo del Festival de Cadaqués de 1971 con el título de Homenaje a Lydia. Era la versión para flauta y piano que escucharemos hoy, estrenada en aquella ciudad por Jean-Pierre Rampal y Angel Soler el 7 de agosto de 1971. Dos años después aparece el estreno de una versión para flauta y guitarra que recibe ya el que será título definitivo: Serenata a Lydia de Cadaqués, que concluye sus transformaciones con la versión para flauta y orquesta que se estrena en el Festival de Barcelona de 1973.
PROKOFIEV ideó la Sonata para flauta y piano entre 1942 y 1943, al tiempo que se rodaba con música suya la película Iván el terrible, de Eisenstein. Estrenada en el Conservatorio de Moscú por Chavkovski y Richter, entre el público se encontraba el violinista David Oistrach, quien pidió al compositor que la transcribiera para violín, y así se estrenó en 1944 como Sonata en Re mayor para violín y piano Op. 94a. Si en esta versión la música llega a ser más incisiva, en la versión original para flauta campean con más gracia la estructura, tan neoclásica, y los adornos y arabescos.