Recital de violín y piano Conciertos de Mediodía

Recital de violín y piano

  1. Este acto tuvo lugar el
Katia Novell, violín. Ana Menéndez, piano

JANACEK, el gran músico moravo con quien la música checa alcanzó la modernidad, compuso en sus años de aprendizaje hasta dos Sonatas para violín y piano que se han perdido. Es posible que cuando comenzó en 1914 su tercera Sonata aprovechara algo del tercer movimiento de la segunda, la Balada que en la redacción definitiva de 1922 quedó como segundo movimiento. En todo caso, estrenada ese año en Brno y luego en Praga y en Salzburgo durante el segundo festival de la SIMC (Sociedad Internacional de Música Contemporánea), la obra no ha logrado un lugar en el repertorio a pesar de su belleza.
Policromías de MONTSALVATGE es una página de envergadura violinística que explota diversas fórmulas del más puro virtuosismo. Consta de tres movimientos: Fanfarria recóndita, un movimiento exuberante y de carácter, comienza con briosas sextas menores a cargo del violín. Le sigue Siciliana furtiva, cuya parte central se desarrolla con ritmo de siciliana. El último movimiento Adagietto. Ráfaga de tango se inicia con una solemne introducción de carácter cadencial que da paso a episodios contrastados para concluir con una sucesión de amplios y contundentes acordes.
PROKOFIEV comenzó a idear su primera Sonata para violín y piano en 1938, pero no la estrenó hasta octubre de 1946. Para entonces ya había transformado la Sonata Op. 94 para flauta y piano en una Sonata para violín y piano, estrenada en junio de 1944 como Sonata nº 2. La primera Sonata Op. 80 es una obra densa, trágica y un punto lúgubre en sus movimientos impares, hasta el punto que fueron elegidos por el violinista David Oistraj - amigo del músico e intérprete del estreno de ambas sonatas-  para los funerales del compositor en 1953. La Sonata en Re mayor, Op. 94a, es más neoclásica, solo preocupada por la estructura y el arabesco.
RAVEL compuso la "rapsodia de concierto" para violín y piano (o luthéal, un instrumento que remedaba el címbalo popular húngaro) para la violinista húngara Jelly d'Aranyi en 1924 con el propósito de ofrecer una pieza de alto virtuosismo violinístico en la honda de las viejas rapsodias húngaras, a las que parodia con cariñosa frialdad. Tuvo tanto éxito que Ravel orquestó la parte pianística y de vez en cuando se escucha así, pero nunca con el efímero instrumento llamado luthéal porque hoy no lo toca nadie (ni falta que hace).