(y IV) Ciclos de Miércoles Mozart después de Mozart

(y IV)

  1. Este acto tuvo lugar el
Ralf Nattkemper, piano

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CUARTO CONCIERTO
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Wolfgang Amadeus Mozart
Fantasía en Do menor, K 475
Sonata en Do menor, K  457
El prólogo mozartiano de las Variaciones Diabelli, lo proporcionan hoy dos piezas destinadas a Teresa von Trattner, admirada y hermosa alumna de Mozart. Separadas en el tiempo por apenas medio año, y escritas las dos en do menor, representan, cada una en su entorno, un punto de elevación artística y de profundización emocional.
    La Fantasía K. 475, escrita en Viena en mayo de 1785 viene a ser, efectivamente un punto de ebullición en el centro de un mes de poco agitado. Como siempre que Mozart habla con acento trágico, máxime si lo explicita tomando la tonalidad de do menor, su música parece llegarnos a lo más profundo. Tras tantos pentagramas de transparencia, ligereza, gracia, talento alado, espíritu galante, juego divino y demás descripciones blancas, cuando Mozart se muestra adulto y oscuro, su gesto de dolor nos resulta mucho más impresionante.
    La Sonata K. 457, terminada en octubre de 1784, está estrechamente vinculada a la Fantasía en muchos sentidos. Sobre todo comparte el carácter expresivo, el talante sombrío y apasionado. En palabras de Martine Cadieu, "el nexo entre las dos se sitúa en un plano íntimo y profundo igual sentido trágico de la vida, iguales ramalazos de ternura...". Y si seguimos a Georges Saint-Foix, veremos que "la fiebre de potencia y pasión" que agita a esta sonata, y a su Fantasía paralela, no volverá al catálogo de Mozart hasta un año después, con el Concierto K. 491, también en do menor. Brevedad y concentración en los movimientos extremos de la sonata, hondura en el adagio, el color de las pasiones beethovenianas asoma por todas las junturas.
Ludwig van Beethoven
  33 Variaciones sobre un vals de Diabelli, op. 120

Decíamos hace algunas semanas que Beethoven ocupaba el lugar más alto entre los cultivadores del género de la variación. Hoy podremos comprobarlo a gusto, tanto por la calidad de la obra que oiremos como por el doctorado en variaciones que la Fundación Juan March ha ido otorgando, semana a semana, a los espectadores de este ciclo. La Op. 120 de Beethoven constituye una cumbre, no solo del arte de la variación sino de todo el arte musical. Las circunstancias de su composición viene a ser las siguientes, según el relato de François Tranchefort. Anton Diabelli, editor y compositor, ofreció un vals de su autoría a varios músicos austriacos para que realizaran sobre él una variación cada uno. Tenía el propósito de publicar el resultado. Entre los compositores a cuya puerta tocó Diabelli estaban Beethoven, Czerny, Hummel, Kalkbrenner, Liszt (un Liszt de once años), Moscheles, Mozart hijo, Schubert, el archiduque Rodolfo y Stadler.
    Suele decir Cristóbal Halffter que el compositor se ve zarandeado a veces por su propia pasión musical, y que no es infrecuente que se siente uno a escribir un cuarteto de cuerda y se levante con un primer acto de ópera bajo el brazo. Algo así le debió pasar a Beethoven cuando se sentó a cumplir entre juramentos el encargo, más bien absurdo, de Diabelli y resultó que se iba apasionando con el asunto. Se levantó, no con una variación, sino con treinta y tres, y Diabelli tuvo que publicar su gracia en dos volúmenes: uno dedicado enteramente a Beethoven y el otro a todos los demás. Beethoven dedicó esta colección de variaciones a la distinguida y culta señora Antonia von Brentano.
    El tema de Diabelli es muy sencillo y carece de cualidades marcadas. Quizá esté en la simpleza misma la raíz de su potencia y su versatilidad. Por lo demás, este Beethoven maduro, que ha variado tantísimos temas, se cierne sobre este valsecito con un señorío verdaderamente arrollador. Se conduce casi siempre por ampliación de los detalles insignificantes. Como señala Marc Vignal, no es tanto el vals en sí, cuanto su estructura armónica, igualmente sencillísima, y sobre todo el adorno inicial, los que van ganando en importancia y pasan a primer plano. '
    De hecho, el vals en sí mismo (el célebre compás de 3 por 4) tarda en morir exactamente... nada. La primera variación se sitúa ya en 4 por 4. De todo el viaje mágico que esta obra representa, nos interesa en esta ocasión poner el acento en la variación 22, en do mayor, en la que Beethoven inyecta en el esquema de Diabelli el famosísimo comienzo de la ópera Don Giovanni. Hace un mes iniciamos este ciclo sobre el Mozart de después de Mozart, oyendo a Beethoven maquinar cosas con Figaro en contra de su señor, aquel "Signor Contino". Terminamos hoy la aventura con el mismo Beethoven igualmente conchabado, pero esta vez con Leporello, que se queja también de su señor, el libertino Don Juan, "¡Noche y día trabajando...!" Mozart y Beethoven con Figaro y Leporello. De criado en criado y, a dos pasos, la libertad.

Ralf Nattkemper, piano

Wolfgang Amadeus Mozart (1756-1791)
Fantasía en Do menor, KV.475
Sonata en Do menor, KV.457

Ludwig van Beethoven (1770-1827)
33 Variaciones sobre un vals de Diabelli, Op. 120