(IV) Ciclos de Miércoles Robert Schumann

(IV)

  1. Este acto tuvo lugar el
Diego Cayuelas, piano

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NOTAS AL PROGRAMA
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CUARTO CONCIERTO
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Robert Schumann (1810-1856)

Se interpreta en este concierto una primera selección de obras para piano de Schumann, a las que hay que sumar una más que se incluye en siguiente. Corresponden a los primeros años de su tarea como compositor, cuando, como se ha dicho, el planteamiento de su carrera le ofrece la perspectiva de convertirse en concertista-compositor. Son en total los primeros veintitrés números de opus de su catálogo, que escribe entre 1830 y 1839, de acuerdo con muy variadas formas, desde la variación que precisamente abre el conjunto, a la sonata, estudios, fantasías, piezas diversas, piezas fáciles, piezas características y otras. En número, interés y variedad ofrecen un brillante panorama que refleja, además, esa misma cualidad por lo que se refiere a su posición como pianista.
Davidsbündertänze (Danzas de los cofrades de David), Op. 6

El mundo literario que rodea los primeros años de actividad creadora de Schumann queda reflejado en su revista, Neue Zeitschrift für Musik. Aparecen en ella los orígenes de su identificación con un grupo de personajes de ficción, creados por él, para luchar en defensa de los valores de la música y la literatura. Entre esos personajes, destacan Florestán y Eusebius, de la Cofradía de los Seguidores de David, en su batalla contra los burgueses de la música, a los que Schumann califica también como filisteos. Es, en un sentido amplio, una especie de manifiesto que refleja su ánimo luchador de aquellos años, sus exigencias en música y poesía y una toma de posición frente a los músicos de su tiempo, frente a los que estrenaban en la ciudad de Leipzig.
Hay una identificación total entre sus ideas de entonces, la historia inventada de los personajes, el fuego con el que se acerca a todo lo que crea en un juego de pasiones que es una de las muestras más directas del espíritu del romanticismo. Un fuego que no desaparecerá más tarde de sus obras, pero que alcanzará un cierto sosiego cuando en 1840 contrae matrimonio con Clara. Nace otra etapa, en la que permanecen elementos de la anterior, pero la presión que apunta su música primera ha encontrado, centrándose en Clara, un cierto camino hacia la serenidad. El preludio de esa serenidad también viene definido por la música para los seguidores de David cuando escribe en su diario: Si alguna vez fui feliz ante el piano, fue cuando componía esto. (Con humor. Con buen humor). Se refiere a dos de las 18 piezas características que reúne la obraen total, descritas únicamente por los aires. Pero parece evidente la identificación de las danzas que están precedidas por una F, de Florestán, o una E, de Eusebius, y, en último término, por las dos letras, junto con algunos comentarios ocasionales de Schumann. Así aparecen en la primera edición de 1838, mientras que todas estas indicaciones fueron eliminadas en la de 1850, aunque una tercera, de 1862, revisada por el compositor, recuperaba las anotaciones originales.
Arabesco, Op. 18
Forma parte de un grupo de piezas breves, también características, a las que se incorporan algunos"orientalismos" de salón, a la vez que responde a las preferencias de Schumann y de otros compositores de su tiempo por cultivar estas formas pequeñas, entre las que figuran como ejemplos acabados las bagatelas beethovianas. Es parte del romanticismo que, como contraste, ya ha abordado y abordará las extensas sinfonías, como sucede con las cuatro que compuso Schumann con duraciones superiores a los treinta minutos. Aquí estamos ante la pieza atractiva y amable, de dificultad técnica relativa para el intérprete y unas buenas posibilidades de lucimiento.
Sonata nº 2 en Sol menor. Op. 22
Entre 1832 y 1839 se mueve el proceso creativo de esta Sonata, lo que es tanto como decir que forma parte del primer Schumann pianista-compositor. De aquí que pese a haberla comenzado el año de los dos libros de Intermezzi, estos se publiquen como Op. 4, y corra la numeración hasta llegar a la opus 22 que la sitúa en el tiempo de su edición. Una primera versión queda terminada en 1835 y la revisión final lleva la obra hasta 1839. Su andadura en la sonata no había sido afortunado, con un primer ensayo como Gran Sonata para piano, Op. 1, que apareció con las firmas de Florestán y Eusebius, a modo de seudónimo. El propio compositor nunca estuvo muy satisfecho de ella, lo que demuestra la firma pública sin su nombre y las escuetas referencias que se hace a ella en su diario. En último término, la tercera que compuso, titulada Concierto sin orquesta, quedó en gran medida como un esfuerzo fallido. Estas circunstancias debieron causarle grandes contrariedades, puesto que ansiaba la culminación de grandes formas, tanto en la sonata como en la sinfonía, aunque en este caso sí logró sus metas en gran medida aunque no sin dificultades.
La raíz del problema está en sus limitaciones para la música pura, para los trabajos de desarrollo, de variación, lo que limitaba sus recursos porque se perdía en lo descriptivo, en lo sugerente, ceñido a la sucesión de temas, faltos casi siempre de esos desarrollos. Con todo, su piano siempre tiene algo que decir y lo hace igualmente en este caso, en el que no queda corto de empuje. Asi, es contagioso el ritmo del primer movimiento Lo más rápido posible, contrastado con el Andantino que le sigue, para cerrar con dos movimientos rápidos, un Scherzo y un Rondó: Presto.


SUSPENDIDO

Diego Cayuelas, piano

Robert Schumann (1810-1856)
Davidsbündlertänze (Danzas de los cofrades de David), Op. 6
Arabesco, Op. 18
Sonata nº 2 en Sol menor, Op. 22