Recital de piano Conciertos de Mediodía

Recital de piano

  1. Este acto tuvo lugar el
Héctor J. Sánchez, piano

FALLA terminó en París, donde residía desde 1907, las Cuatro piezas españolas que le estrenó Ricardo Viñes el 27 de marzo de 1909 en la Salle Erard, y que dedicó a Isaac Albéniz en la edición de ese mismo año en Durand. Se trata de la primera consecuencia pianística de su aprendizaje con Felipe Pedrell en Madrid, utilizando en ellas tanto el folclore real como el imaginario. De ellas dijo el autor: "Para hacer la "Aragonesa" no he adoptado ninguna jota auténtica, sino que más bien he procurado estilizar la jota". "En la "Cubana" me he servido de la "guajira" y del "zapateo", más libremente de la primera que del segundo. Aquélla (la guajira) canta sobre un fondo inspirado por el movimiento de la hamaca". "En la "Montañesa" he usado más estrictamente el canto popular. Para la primera parte me he servido, en cierto modo, de (una) frase de una canción montañesa. El tema de la segunda parte no es otro que (una) conocida canción asturiana". "La "Andaluza"es la más libre de las cuatro, como forma, como fondo y como todo".

  Las cuatro baladas de CHOPIN, según su amigo Schumann, tendrían un cierto carácter narrativo siguiendo las baladas poéticas del poeta emigrado Adam Mickiewitcz, pero lo cierto es que al autor no le gustaba excesivamente la nueva moda de la música programática y no dejó "instrucciones" al respecto. Han de ser escuchadas, pues, con total libertad de fantasía por parte del oyente. La cuarta, Op. 52, es de 1842 y fue publicada al año siguiente dedicada a la baronesa Rotschild. Chopin explora registros muy patéticos y anhelantes, y desde el punto de vista de la escritura, es de gran refinamiento armónico. La obra inaugura la última etapa estilística del autor, la de la madurez.

Con la Kreisleriana Op. 16 nos hallamos ante una de las grandes obras maestras de SCHUMANN. El título proviene de una obra del jurista, escritor y músico Ernst Theodor Amadeus Hoffmann, con cuyas ideas sentía Schumann una profunda afinidad. La "Kreisleriana" de E. T. A. Hoffmann es una colección de escritos sobre música en los que aparece un singular personaje, el Kapellmeister Kreisler, en el que se adivinan ciertos rasgos autobiográficos, y cuyas opiniones componen tan pronto un ideario romántico lleno de penetrantes observaciones como una dura sátira contra las convenciones sociales, el mal gusto de la alta burguesía y el conservadurismo y la pedantería de los "filisteos". Kreisleriana, ocho fantasías para piano - con ese título se publicó en 1838-  es la más lograda de todo ese linaje de obras de Schumann que, como "Papillons", "Davidsbündlertänze", "Carnaval" o "Humoresca", son como suites de movimientos completos en sí mismos pero al propio tiempo inseparables, ligados entre sí por estrechos lazos internos de orden sobre todo espiritual, aunque puedan tener una apariencia temática, como sucede en "Carnaval", o literaria, como es el caso de Kreisleriana.