(I) Conciertos del Sábado GRANDES SONATAS PARA PIANO

(I)

  1. Este acto tuvo lugar el

La segunda de las tres sonatas de BRAHMS es en realidad la primera, pues data de 1852, el mismo año del Scherzo Op. 4. Tiene en común con sus compañeras Op. 1 y Op. 5, del año siguiente, el aroma juvenil y un cierto aliento sinfónico. El mismo Schumann se refirió a ellas como sinfonías enmascaradas. Si el modelo beethoveniano era bien patente en la Sonata, Op. 1 (la segunda en orden de composición), esta Sonata, Op. 2 produce una mayor sensación de libertad y originalidad: no es de extrañar que gustara tanto a Schumann. Sin embargo, esa sensación de ruptura formal, que se nos transmite desde el mismo arranque del primer movimiento, es inmediatamente reducido a sus justos límites por un trabajo contrapuntístico muy cuidadoso y severo. El Andante, para Geiringer el movimiento más valioso de la obra, es construido en forma de variaciones. El Scherzo, en realidad, no es más que una nueva variación rítmica del tema del Andante, y lo mismo el comienzo de la introducción del poderoso Finale, abundando en la ambición de obra cíclica.

Esbozada en el verano de 1907 y terminada en diciembre del mismo año, la quinta sonata de SCRIABIN, tan cercana al Poema del éxtasis, es una de las obras que mejor representan la llegada al nuevo siglo de la tradición del pianista virtuoso compositor, que tuvo sus representaciones cimeras en el Romanticismo con las figuras de Chopin y Liszt. Precisamente una obra de Liszt la fundamental Sonata en Si menor puede ser señalada como precedente formal de esta obra que presenta un trazo continuo, aunque con la alternancia de tempi que, a la postre, responden al patrón clásico de la sonata en cuatro movimientos. Otro gesto lisztiano claramente asumido por Scriabin es el "cíclico", es decir, la utilización de algunos temas o motivos a lo largo de las distintas secciones de la obra, dando a ésta cohesión y unidad. La libertad y fantasía con que fluye la música de esta Sonata nº 5 afecta, por supuesto, a su plan armónico, que es tan interesante como heterodoxo y contribuye con fuerza a su modernidad.

Excelente pianista, PROKOFIEV compuso muchas obras para "su" instrumento, entre las que descuellan los cinco Conciertos con orquesta y las nueve Sonatas. La Sonata 7ª  Op. 83 es la segunda de las tres llamadas Sonatas de (la) guerra, compuestas en plena II Guerra Mundial. La concepción de estas tres Sonatas fue simultánea y Prokofiev trabajó alternativamente en el total de diez movimientos que suman entre las tres. Terminada en 1942 y estrenada por el joven pianista Sviatoslav Richter, se convirtió en la más popular de las grandes páginas pianísticas de Prokofiev, en parte debido a la aterradora energía de su movimiento final.

Mariana Gurkova, piano

Johannes Brahms (1833-1897)
Sonata nº 2, en Fa sostenido menor, Op. 2

Alexander Scriabin (1872-1915)
Sonata nº 5, en Fa sostenido mayor, Op. 53

Sergei Prokofiev (1891-1953)
Sonata nº 7, en Si bemol mayor, Op. 83