Recital de violín y piano Conciertos de Mediodía

Recital de violín y piano

  1. Este acto tuvo lugar el
Guillermo Chaloub Juanes, violín. Nelson Ojeda Valdés, piano

W. A. MOZART, hijo de un famoso profesor de violín, compuso desde la infancia y a lo largo de su vida unas 40 sonatas para clave y violín o para violín y pianoforte. La Sonata en Mi menor hace el nº 22 de todas ellas, pero en realidad - si descontamos las de niñez-  es la 6ª de las que tienen ya estilo propio. Compuesta en París en el verano de 1778, fue publicada allí en un grupo de seis dedicadas a la Electora Palatina (KV 301-306): Menos la última, en tres movimientos, las cinco primeras tienen sólo dos. La Sonata KV. 304 es la única en modo menor y rezuma melancolía y "espíritu sensible".
BEETHOVEN compuso sus tres primeras sonatas para violín y piano entre 1796 y 1798 publicándolas como Op. 12 en Viena. Todas tienen tres movimientos y son características del primer estilo del compositor. La tercera, sin embargo, es la más notable y ya se atisba en ella en algún momento las tormentas más explícitas en la Sonata pianística subtitulada "Patética", muy cercana cronológicamente.  BRAHMS compuso en sus años de madurez tres sonatas para violín y piano, la primera en Sol mayor Op. 78 (1880), la segunda en La mayor Op. 100 (1887) y la tercera en Re menor Op. 108 (1889). Las tres son magistrales, pero la tercera, dedicada "a su amigo Hans von Bülow" - el primer marido de Cósima Liszt, luego Cósima Wagner- , es una de las grandes obras de su autor, ya por encima de todas las polémicas y componiendo con toda la libertad que permite un oficio impecable y el no tener nada que demostrar. En cuatro movimientos de soberana belleza (las dos anteriores sólo tienen tres), Brahms explora todos los registros: emoción, brillantez, profundidad, capricho... Merece especial atención el Adagio, ciertamente milagroso.
SARASATE compuso una gran cantidad de obras para su propio lucimiento en los estilos amables y un poco conservadores de la música de salón y el gusto por lo casticista, sin plantearse problemas de especial trascendencia ni en cuanto al contenido ni a la forma. Pero la perfección de su escritura para el violín, la seducción del "juego" y la sensatez técnica de sus mayores alardes han introducido muchas de ellas en el repertorio. Entre ellas, no todas, destacan las que parten de reminiscencias del folklore español, como el Capricho vasco Op. 24 de 1881.