(II) Ciclos de Miércoles DIMITRI SHOSTAKOVICH EN SU CENTENARIO

(II)

  1. Este acto tuvo lugar el
Quinteto Turina . Víctor Parra, violín. Julia Franco, piano. François Monciero, violonchelo. Miguel Llamazares, violín. Luis Magín Muñiz, viola

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SEGUNDO CONCIERTO
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Dos piezas para cuarteto de cuerda

Siete años antes de iniciar la monumental serie de cuartetos de cuerda, es decir, en 1931, Shostakovich lleva a cabo una trascripción del aria que entona Katerina al final del acto 1º de su ópera Lady Macbeth del distrito de Mtsenk y de una danza perteneciente al tercer acto del ballet La Edad de Oro, donde se alegoriza al Ángel de la Paz. Dichos arreglos estaban destinados al Cuarteto Villaume, cuyos miembros habían tenido la idea de estrenar alguna obra del compositor ruso para su formación. Así nacen las Dos piezas para cuarteto de cuerda, a las que el autor titula aquí como "Elegía" y "Polka".  No se trata de ningún ensayo camerístico, pues con anterioridad había compuesto el Trío para violín, violoncello y piano número 1 en 1923; Tres piezas para violoncello y piano Op. 9 en 1924 - cuya partitura original se perdió en su momento-y las Dos piezas para doble cuarteto de cuerda Op. 11 entre 1924 y 1925 , sin contar con la Suite en Fa sostenido menor para dos pianos Op. 6 y el arreglo para dos pianos de la Sinfonía de los Salmos, de Stravinski. El caso que nos ocupa se trata de dos piezas absolutamente contrapuestas, donde podemos observar las dos caras adversas de Shostakovich o, posiblemente, los dos aspectos paradójicamente inseparables que hacen posible su personalidad musical y su manera de ver el mundo.
Por un lado, la "Elegía" es tremendamente dramática, apoyada en un motivo suspirante, que conserva todavía su entidad teatral dentro de las cuatro voces instrumentales, y, por otra parte, la "Polka" es un juego rítmico e irónico que parece concebido más para un baile de marionetas que de seres de carne y hueso. Mientras la primera apunta a la línea expresiva que se dibuja en sus primeros cuartetos, la segunda subraya la escritura puntiaguda y sarcástica que intermitentemente se mantendrá en toda su posterior producción. En 1929, el propio compositor ya había realizado otra trascripción para dos pianos de esta misma "Polka".

Cuarteto de cuerda número 8 en Do menor, Op. 110

De los quince cuartetos de Shostakovich, indiscutiblemente el octavo es el que más difusión ha alcanzado en todo el mundo. Si su punzante capacidad expresiva justifica esta popularidad, también se debe a las circunstancias que empujó su redacción y al destino para el que fue compuesto desde el primer instante: "A la memoria de las víctimas del fascismo y de la guerra". Corría el año 1960, cuando a principios de verano nuestro autor viajó a Dresde, para hacerse cargo de la banda sonora de la película Cinco días, cinco noches, de Alexander Fainzimmer. Sin embargo, durante su estancia en la RDA, no pudo escribir ni una sola nota, quizás porque sus preocupaciones e inquietudes apuntaban ya a otro proyecto musical muy diferente. Frustrado por su propio silencio, a la vuelta a Rusia, concibe y termina en sólo tres días de julio una de las páginas más sublimes de toda su carrera. El Cuarteto número 8 es el verdadero testimonio personal de un artista impresionado por la barbarie y el genocidio padecidos durante la Segunda Guerra Mundial. La segunda visita a la capital sajona le hizo mella, visitó el Museo a las Víctimas de la Guerra, y esto le valió para recapacitar sobre el crimen y la barbarie de todo tipo de totalitarismos, no sólo los que provenían de la locura nazi desencadenada en la Europa de quince años atrás, sino sobre aquellos que sus propios compatriotas y el mismo compositor padecerían en su propia casa, como consecuencia de otra enfermedad megalómana que respondía al nombre de Iosif Stalin.
Tras la muerte del dictador  llegó la época del "deshielo", y con ella la rehabilitación de tantas personas que habían sido condenadas injustamente como "enemigos del pueblo", simplemente por envidias, sospechas, mala fe, e ignorancia. Shostakovich aprovechó esta época de apertura para sacar a la luz una serie de obras que habían permanecido ocultas por miedo a ser tachadas como formalistas o cómplices del régimen burgués de Occidente,  y también para comenzar otras nuevas, en las que trataría de dejar constancia de su herida personal, causada por el miedo, el cerco, la persecución y la calumnia. Según sus propias palabras dictadas a Volkow en las Memorias, el fascismo le resultaba repugnante, "pero no sólo el fascismo alemán. En cualquiera de su formas me es repugnante. En estos días, a la gente le agrada recordar el período de preguerra como una época idílica, diciendo que todo estaba bien hasta que Hitler nos perturbó. Hitler es un criminal, eso está claro, pero también lo es Stalin. Siento un dolor por aquellos asesinados por Hitler, pero siento no menos dolor por aquellos asesinados por orden de Stalin. Sufro por cada uno de los que fueron torturados, fusilados o abandonados hasta la muerte (...) Estaría dispuesto a escribir una composición para cada una de las víctimas, pero eso es imposible y es por esa causa por la que dediqué mi música a todos ellos. Pienso constantemente en esas personas, y en cada obra significativa trato de hacer que los otros se acuerden de ellos"
Concretamente el Octavo Cuarteto es una composición autobiográfica -según nos cuenta el propio autor en Testimonio-, donde quedan latentes  la angustia, el dolor y la emoción personal fundidas en un sentimiento colectivo, que se expresa de manera especial y escalofriante en la canción popular "Exhausto por las penalidades de la prisión". También se citan fragmentos de anteriores obras suyas que fueron puesta en cuestión y censuradas por los burócratas de la Asociación de Músicos Proletarios Rusos (RAPM) y la Unión de Compositores. Justo en esta última, como era costumbre, se abrió un debate sobre la obra, por parte de críticos, profesores y músicos, con el objeto de otorgarle el visto bueno oficial, y al comenzar uno de ellos su discurso, señalando que Shostakovich, en su nuevo cuarteto había querido expresar su enfado junto con toda la nación soviética y los trabajadores del mundo, el compositor le interrumpió indignado, dejando claro que se trataba de su propia protesta, como un gesto tremendamente personal e intransferible de quien nadie tenía el derecho de adueñarse, sobre todo cuando muchos de aquellos "colegas" eran los mismos que no hacía mucho tiempo habían despotricado contra él y su trabajo, echándole en cara sus "desviaciones musicales e ideológicas", opinión que hubiese podido valerle un billete hacia la deportación como mínimo. Así que Shostakovich, insistiendo en su propio enojo repitió: "Entérese usted de que el que protesta soy yo, soy yo."
Tan autobiográfico es este cuarteto que el Largo inicial debuta sobre un motivo de cuatro notas- Re, Mi bemol, Do, Si- que en la notación alemana se leería D, Es, C, H, es decir la signatura correspondiente a las iniciales del compositor: Dimitri Shostakovich, juego que ya había utilizado con otro orden en el Quinto Cuarteto (1952) y en la Décima Sinfonía (1953). Desde esta firma sonora, expuesta primeramente por el violoncello, se desarrolla una dramática fuga a cuatro voces, que cita algunos motivos de la Primera y Quinta Sinfonías (1923-25 y 1937 respectivamente). Tanto la progresión como el segundo episodio ahondan intensamente en el dolor humano y en la desolación. Se oye el silencio de los paisajes arrasados, donde solo queda la tristeza tras el combate. La verosimilitud de esta página y el símil sonoro de la destrucción son comparables al coetáneo Cuarteto del final del los tiempos, de Messiaen. Le sigue un Allegro, que es una especie de movimiento perpetuo, desenfrenado y excitante, donde aparece varias veces el principio de una canción judía, intercalándose con el punzante tema original, encabezado por el violín y subrayado por el resto de los instrumentos. Este tema, que se encontraba ya en el motivo base de la fuga primera, da pie a un intenso y breve desarrollo contrapuntístico que nos lleva directamente, y de una manera sorpresiva, al vals central del Allegretto, donde tras un ataque en triples fortes (fff) aparece brillante y enérgico el primer violín que expone, en la segunda parte, el tema del inicio del Primer Concierto para violoncello (1959).  Le continúa un segundo Largo  como derivación de todo lo expuesto anteriormente. Casi sin pausa, el discurso es entrecomillado en la primera parte por un grupo de corcheas, recordándonos las palabras textuales pronunciadas por el autor y los propios protagonistas de esta especie de réquiem: aquellos que sufrieron directamente este dolor, expresado aquí de una forma tan viva y a la vez tan bella. Quizás sea este movimiento, el centro o la esencia de todo el Cuarteto, donde se cita la melodía rusa antes mencionada  y el aria de Katerina, perteneciente al acto final de Lady Macbeth, cuando precisamente se dirige a la cárcel. El tercer Largo o movimiento final repite el motivo primero. Las cuatro notas correspondiente a las iniciales de Dimitri Shostakovich  aparecen deliberadamente para dejar constancia de su indignación ante tanta ignominia, mientras una fuga va "muriéndose" en un triste y amargo paisaje.
El Cuarteto número 8 se estrenó en la sala Glinka de Leningrado, el 2 de octubre de 1960, a cargo del Cuarteto Beethoven, y ese mismo año el propio autor propuso al director Rudolf Barshaï una trascripción para orquesta. Éste, sabiendo la animadversión que Shostakovitch sentía por los arreglos, trabajó con miedo y meticulosidad. El resultado, sin embargo, hizo exclamar al compositor: "Suena mejor que el original".

Quinteto para piano y cuerda en Sol menor, Op. 57

    Desde que a finales de 1938, Dmitri Tsyganov - primer violín del Cuarteto Beethoven- se dirigiera a Shostakovich para montar su Cuarteto número 1 en el Conservatorio de Moscú, la formación que lideraba el violinista se convertiría en principal destinataria de toda la producción cuartetística del autor ruso. Cuando éste acudió a los ensayos del Primer Cuarteto advirtió que todos los tempi estaban equivocados, pero no por un error del conjunto de cámara, que había seguido al pie de la letra las indicaciones de la partitura, sino por un fallo técnico en su propio metrónomo cuando estaba escribiendo la obra. No obstante, Shostakovich quedó maravillado con el sorprendente resultado final. Tsyganov le pedía nuevos cuartetos, pero nuestro músico prefirió escribir una obra en la que él mismo pudiera tocar el piano con tan espléndido conjunto. Así fue como surgió, en verano de 1940, el Quinteto en Sol menor.
Eran tiempos difíciles para la creación en la URSS, y los músicos, a pesar de ser el único colectivo artístico que podía beneficiarse un poco más de la abstracción de su lenguaje, también tuvieron que soportar interpretaciones, purgas y castigos si no eran capaces de corregir su "línea equivocada". Hacía ya varios años que a Shostakovich se le había puesto en entredicho y, en 1938 tuvo que declarar sus intenciones de volver a ser un compositor "comprometido con las circunstancias del pueblo ruso". Ya había escrito la Quinta sinfonía que, sin renunciar a sus principales postulados éticos y estéticos, ayudó a considerarle como compositor heredero de Chaikovski.  El Quinteto en sol menor, de corte clásico y factura, aunque nada convencional, sí lo suficiente aprestada como para convencer a los vigilantes políticos, le valió el Premio Stalin  dotado con cien mil rublos, cantidad nada despreciable para los tiempos que corrían. Quién lo iba a decir.
El Quinteto con piano fue la primera obra de cámara que obtiene unos verdaderos resultados sinfónicos, antecediendo a una serie importante de obras camerísticas que el compositor compondrá durante los años de la guerra, como es el caso del Trío número 2 (1944) y el Segundo y Tercer Cuarteto (1944 y 1946 respectivamente). El autor se mueve en un clima pausado, sin demasiados saltos emocionales, incluso alcanza largos momentos de sosiego y tranquilidad, alejados de la atmósfera tortuosa que iría a envolver casi toda su inmediata producción. Como buen conocedor de las posibilidades tímbricas, maneja a la perfección los recursos sonoros de los cinco instrumentos y, sobre todo, logra una perfecta conjunción, no ausente de los enfrentamientos que este diálogo ha mantenido a lo largo de la historia, entre el piano y el resto de la cuerda.
El Preludio (Lento-Poco piu mosso-Lento) se desarrolla como una danza gestual y agradable, profunda e intensamente expresiva en su exposición sobre una célula esencial de cuatro notas que corresponde a la primera parte de la escala de Sol menor (Sol, La, Si bemol), entonadas por el piano. Esta sencilla sucesión se convertirá en el motivo fundamental de toda la obra, que el autor utilizará, ya sea como recuerdo contrastado en los momentos más inopinados, ya como elemento unitario de un discurso sonoro variado que obedece sin embargo a una idea clara, preconcebida y concreta. Tras una conversación entre las cuerdas moderada por el violonchelo, le sucede un tutti que conduce a un espacio fugado fino y elegante espacio fugado, dando pie al Poco piu mosso,  para que el piano dialogue abiertamente con la viola. El movimiento vuelve al tiempo Lento, que parece querer concluir en la tonalidad de Sol mayor.
El segundo tiempo, Fuga (Adagio) se trata de un largo discurso donde el autor hace gala de sus cualidades y conocimientos de las formas clásicas. En este caso se trata de una fuga absolutamente canónica, donde los instrumentos de cuerda van exponiendo las cuatro voces con sordina, creando así un clima de meditación y espiritualidad. El piano entra suavemente pero, dejando claro su poder de absorción, reduce la fuga a dos voces, hasta que después de retornar a las cuatro líneas melódicas termina en un acorde de Sol mayor.
El Scherzo (Allegretto) es uno de esos tiempos típicos de Shostakovich, donde cambia radicalmente de ambiente y tono, en este caso Si mayor, que contrasta con el Sol mayor del anterior movimiento. El scherzo con el trío en la sección central es una especie de danza macabra, rápida y desbordante de humor y caricatura.
El Intermezzo (Lento) nos sumerge en un entorno sonoro suave que invita a la indagación poética. Bajo insistentes pizzicatos, el primer violín expone una ensoñadora melodía para ser inmediatamente respondida, en un hermoso diálogo, por el segundo violín, hasta terminar uniéndose tenuemente el piano que, con leves acordes insistentes,  apuntala este pasaje reflexivo. El resultado es una forma de un lied en su apogeo que termina en unos lentos pasos pianísticos para dar dan paso directamente al  tiempo siguiente.
Dentro de una libérrima forma sonata, se desarrolla un verdadero movimiento conclusivo y recapitulador de las ideas fundamentales de toda la obra, Finale (Allegretto). Tras una impetuosa exposición del piano, vuelve la tríada inicial de la escala de Sol mayor, y tras retornar a las claras sonoridades del Scherzo, se resuelve lentamente en un cierre sin pretensiones, casi a la manera schubertiana.

Quinteto Turina (Julia Franco, piano; Víctor Parra, violín; Miguel Llamazares, violín; Luis Magín Muñiz, viola; y François Monciero, violonchelo)

Dimitri Shostakovich (1906-1975)
Dos piezas para cuarteto de cuerda
   Elegía
   Polka
Cuarteto de cuerda nº 8 en Do menor, Op. 110
Quinteto en Sol menor, para piano y cuerdas, Op. 57

  1. Quinteto Turina

    Este quinteto con piano nace como fruto del encuentro que cada verano realizan desde el año 2000 sus intérpretes como profesores del Curso de Música de Calahorra (La Rioja). Está integrado por solistas y miembros de otros prestigiosos grupos de cámara españoles como el Trío Gerhard, el Trío Artea o el Dúo Ad Libitum, todos ellos con una gran trayectoria en el panorama concertístico nacional e internacional y muy comprometidos con la música española.

    Julia Franco
    Titulada Profesora Superior de Piano y Música de Cámara. Además y licenciada en Musicología por la Universidad de Oviedo. En 1991 gana el Primer Premio en el Concurso de Interpretación Musical "Fermín Gurbindo" de Logroño y en 1996 obtiene un Accésit en el nivel de Grado Superior. Desde 1997 forma el Dúo Ad Libitum con el violinista Miguel Llamazares, con el que ha dado numerosos recitales por toda España y ha grabado tres discos que incluyen la obra integral para esta formación de los compositores leoneses Rogelio del Villar y José María García Laborda, y de los madrileños Julio Gómez y Conrado del Campo. También ha grabado para RNE-Radio Clásica música de diversos compositores españoles de los siglos XX y XXI. Ha impartido clases en el Conservatorio Profesional "J. Castro Ovejero" de León y en el Conservatorio Profesional "Jesús de Monasterio" de Santander y en la actualidad es profesora del Conservatorio "Ángel Barja" de Astorga (León).

    Víctor Parra
    Nacido en Las Palmas de Gran Canaria, comienza sus estudios de violín con José Soriano, continuando su formación con Joaquín Palomares en Murcia, Gonçal Comellas en Barcelona y con Erik Friedman y el Tokio String Quartet en la Universidad de Yale (EEUU), donde obtiene un Master of Music y Artist Diploma. Ha actuado como Violín Solista en diversas formaciones instrumentales: Philarmonia Orchestra of Yale, Yale Chamber Players y Ensemble de Música Contemporánea New Music New Haven. Ha sido concertino de la Orquesta de Cámara del Palau de la Música de Barcelona y de la Orquesta de Cámara de Andorra, actuando además como solista y junto a violinistas como Félix Ayo y Boris Belkin. En cámara, ha formado parte del Trío de Cuerdas Egara, que fue premiado en diversos concursos.

    Ha realizado grabaciones discográficas con el Trío Gerhard (integrales de la música de cámara de Granados, Montsalvatge y Gerhard), y, como solista, ha grabado el Concertino 1+13 de Montsalvatge, junto a la Orquesta de Cámara del Palau. Ha realizado giras de conciertos por diferentes países de Europa y Estados Unidos. Es profesor de violín y de música de cámara en el Conservatorio de Música "Jesús Guridi" de Vitoria, concertino del Grupo Enigma y miembro de la Camerata Virtuosi del Trío Artea.

    Miguel Llamazares
    Natural de León, estudia violín en su ciudad natal con Pierrette Saint-Gérémie y continúa su formación en Asturias. Finaliza sus estudios en Música de Cámara y posteriormente obtiene el título de Profesor de Viola. Ha sido miembro de distintas Orquestas de Cámara y de la Orquesta Sinfónica "Ciudad de León", con la que ha actuado como solista y concertino en varias ocasiones. Ha colaborado con la Orquesta Sinfónica del Principado de Asturias y ha formado parte de diversas agrupaciones camerísticas como el trío "Polimnia". Desde 1998 es profesor de violín del Conservatorio Profesional "J. Castro Ovejero" de León y director de la orquesta del mismo. Realiza una intensa actividad concertística desde 1997 como miembro del Dúo Ad Libitum junto a la pianista Julia Franco, con la que realiza estrenos de obras de compositores españoles y actúa en destacados festivales y auditorios. Ha grabado tres CDs con la obra completa para violín y piano de los compositores leoneses Rogelio Villar y J. Mª García Laborda, y de los madrileños Julio Gómez y Conrado del Campo. También ha grabado para RNE-Radio Clásica música de diversos compositores españoles de los siglos XX y XXI. Es fundador y director artístico de la Orquesta de Cámara Ibérica desde el año 2000, y desde 2003, director del Festival de Música Española de León.

    Luis Magín Muñiz
    Se gradúa por el Conservatorio Superior de Música de Oviedo y por la Universidad de Yale, donde obtiene los prestigiosos Artist Diploma y Master of Music con las más altas distinciones. Su formación como violista corre a cargo de tres eminentes maestros: Wieslaw Rekucki, Yuri Yurov y Jesse Levine. Asímismo recibe los consejos de Daniel Benjamini, Nobuko Imai y otras importantes figuras del panorama musical internacional. Ha sido galardonado con primeros premios en diversos concursos de ámbito nacional e internacional. Ha actuado como solista con numerosas orquestas y ha dirigido a la Orquesta Clásica del Conservatorio Superior de Música de La Coruña. También son regulares sus actuaciones en recital con piano y con diversas agrupaciones camerísticas.

    Es presidente y fundador de la Asociación Española de Amigos de la Viola. Gana por oposición las plazas de profesor de viola en el Conservatorio Profesional de Música de León y en el Conservatorio Superior de Música de la Coruña. Actualmente ejerce la docencia en el Conservatorio Superior de Música de Oviedo. Ha actuado como viola solista en la JONDE, Yale Philharmonia, Ensemble de Música Contemporánea New Music New Haven y Orquesta de Cámara Gallega y ha sido invitado como violista en la Orquesta Sinfónica de Asturias, Sinfónica de Galicia, Filarmónica de Las Palmas y Orquesta de Cámara Ibérica. Ha realizado grabaciones para distintos proyectos musicales como músico de estudio.

    François Monciero
    Nació en Niza (Francia) donde empezó sus estudios de violonchelo, continuándolos en Nimes y en el Conservatorio Nacional Superior de Música de Lyon, donde estudió también la especialidad de música de cámara, con primer premio en ambas especialidades. Ofrece con regularidad recitales de violonchelo solista con piano y en formaciones de cámara (trío, cuarteto, etc.) en España, Inglaterra, Francia, Luxemburgo y Hungría. Ha sido miembro del Trío Arsis, Trío Monciero y del Trío Gerhard, grabando con estos últimos varios discos con obras de Gerhard, Montsalvatge, Granados, Schubert y Beethoven. También ha grabado obras para chelo y piano de Brotons y de Bernaola. En la actualidad es miembro del Trío Artea. Fue profesor de violonchelo en el Conservatorio Nacional de Nimes (Francia) y actualmente lo es en el Conservatorio "Jesús Guridi" de Vitoria-Gasteiz.