(I) Ciclos de Miércoles "A MI QUERIDO AMIGO HAYDN"
CUARTETOS DE HAYDN Y MOZART

(I)

  1. Este acto tuvo lugar el
Cuarteto Ars Hispanica . Alejandro Saiz y María Saiz, violín. José Manuel Saiz, viola. Laura Oliver, violonchelo

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NOTAS AL PROGRAMA
PRIMER CONCIERTO
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Haydn: Cuarteto en Sol mayor Op. 33 núm. 5, Hob. III:41
Hay muchas posibilidades de que este fuera el primero de los movimientos iniciales de esta serie que compuso Haydn, y en ese sentido parece muy clara la intención del autor de dar un relieve especial a una nueva forma de entender el clásico Allegro, esto es, su voluntad de encontrar un arquetipo en el que volcar una gran densidad y unidad temática. Aunque todo el Vivace assai con que comienza este cuarteto está lleno de contrastes, puede decirse que temáticamente se basa casi exclusivamente en un motivo ascendente de cuatro notas que se escucha al principio, aunque también hay que tener en cuenta otra sección de carácter cantabile que suena inmediatamente. Ese motivo es la base del tema principal, se mantiene activo en los pasajes de transición y reaparece en el desarrollo conclusivo en mi bemol mayor. Incluso el segundo tema está fuertemente ligado al primero. Con lo cual nos encontramos con una novedad formal significativa dentro de la tradición sonatística, y es que todas las secciones (exposición, desarrollo y reexposición) vienen a ser una especie de variación sobre el motivo inicial, un tema que Mozart citaría con bastante aproximación en el Andante cantabile de su Cuarteto K. 387.
    El espíritu de esa célula melódica parece seguir latiendo en el comienzo del Largo cantabile, esta vez invertido y presentado en una fórmula rítmica de doble puntillo muy típica del barroco. Por otra parte, en su curso se palpa una cierta premonición del movimiento lento de la Sinfonía Júpiter de Mozart, lo que no hace sino reforzar la idea de comunión espiritual entre los dos autores, incluso cuando se adivinan parecidos con obras que aún no se habían compuesto. El movimiento termina con un vehemente unísono colectivo y un acorde final en pizzicato.
    El Scherzo allegro que actúa como tercer movimiento se erige en prototipo de los demás movimientos de estas características que aparecen en el resto de la serie, al tiempo que, de alguna manera, prefigura por su energía y trazado el scherzo que en el futuro consagraría Beethoven. Es decir, ritmos binarios encastrados en compases ternarios, silencios inesperados y, sobre todo, esa sección contrastante que es el trío, un remanso expresivo en el que se deslizan aires populares de carácter inconfundiblemente vienés.
    El Allegretto final, escrito en compás de 6/8, tiene un carácter plácido y juega de nuevo con resonancias barrocas, ya que utiliza formulaciones armónicas en el tema y se presenta con un característico ritmo propio de la gallarda. El movimiento se configura con arreglo a la siguiente secuencia: tema, tres variaciones figurativas con una gran variedad de acompañamientos en el interior del cuarteto y una última variación en tempo de presto que actúa a modo de coda. Al curioso rastreador de paralelismos estilísticos entre nuestros dos músicos se le podría avisar sobre la posible influencia de algunos elementos musicales de este movimiento en el final del Cuarteto K. 421 de Mozart.
Mozart: Cuarteto en sol mayor K. 387
    En el Allegro vivace assai, mientras el primer violín entona el primer tema, los otros tres instrumentos conversan entre ellos. Es un comienzo alegre y resuelto, lo que se nota en la claridad de las texturas y la interacción entre las distintas partes del conjunto. El amplio y lírico diseño de esa melodía contrasta con el segundo tema, mucho más compacto y de ritmo y forma más controlados, casi con aire de marcha. Ese tema principal se presenta después en un canon entre los dos violines, mientras que algunos segmentos del primer tema desempeñan un papel considerable en la sección de desarrollo. La pieza se mueve siempre dentro de un clima muy tierno y espontáneo en el que apenas se percibe ese supuesto "esfuerzo" compositivo, aunque el autógrafo de este primer cuarteto de la colección es uno de los que presenta más correcciones de los seis.
    El Minueto es uno de los más interesantes que jamás escribiera Mozart. Comienza con una escala cromática ascendente del primer violín en la que cada nota está indicada alternativamente en la partitura con f y p (forte y piano), una técnica de ejecución de contrastes dinámicos que acaba transmitiendo una ligera sensación hipnótica, sobre todo por la insistencia. Esa fórmula es contestada en seguida por el violonchelo con un diseño melódico en sentido contrario con el acompañamiento de la cuerda aguda. El trío en sol menor comienza con cuatro impresionantes compases tocados en un arrebatador unísono. Y aunque en el plano sonoro son simplemente una afirmación tonal en forma arpegiada, en el aspecto expresivo parecen una exclamación típicamente beethoveniana, de una vehemencia insólita en un movimiento "ligero".
    El Andante cantabile se traslada a la calma de un do mayor en medio de un estilo contemplativo en el que destaca una gran maestría en el tratamiento concertante, dentro de un tapiz sonoro lleno de grupetti, florituras y figuraciones finamente tejidas. Es un ejemplo inigualable de música en la que difícilmente se puede rastrear una sola melodía significativa, pero que se presenta con texturas de gran inventiva armónica y un perfecto cálculo de la creación y resolución de las tensiones musicales. Más allá de una apariencia exterior sencilla, Mozart deja discurrir entre líneas (¿entre barras de compás?) esa musicalidad innata que alcanza unos niveles expresivos que, como tantas veces en su obra, se resisten al análisis y a la descripción puramente verbal.
    El Finale, Molto allegro, está construido sobre un molde en el que se mezclan la homofonía y la polifonía, dentro de una gama de líneas y gestos de una asombrosa riqueza. La exposición fugada de un tema de cinco notas (parecido al que abre el último movimiento de la Júpiter) deja paso a una melodía de danza que termina siendo desarrollada contrapuntísticamente, una demostración más de que las técnicas barrocas y la huella de Bach y Händel también tuvieron su peso específico en la personalidad de Mozart. El segundo tema es una pequeña figura cromática de seis notas que parece evocar la del minueto, mientras que una breve coda repite posteriormente esa misma figura y termina con un stretto del tema inicial. En medio de tanto contraste estilístico (fuga académica, melodía popular), la última sección representa uno de los momentos más deliciosos de la obra, porque se llega a una cadencia homofónica que parece poner punto y final a tanta disputa contrapuntística, dejando que las cuatro voces se sumen a un calmado acorde conclusivo.

Cuarteto Ars Hispánica (Alejandro Saiz, violín I; María Saiz, violín II; José Manuel Saiz, viola; y Laura Oliver, violonchelo)

Joseph Haydn (1732-1809)
Cuarteto nº 29 H.III, 41 Op. 33, 5 en Sol mayor
Wolfgang Amadeus Mozart (1756-1791)
Cuarteto K.387 en Sol mayor, Op. X, 1

  1. Cuarteto Ars Hispanica

    El Cuarteto Ars Hispanica reúne a cuatro destacados intérpretes españoles con una sólida formación obtenida en centros como Escuela Reina Sofía, R.C.S.M. de Madrid, Oberlin College (EE.UU.) y Conservatorio de Ginebra (Suiza), y una amplia experiencia en diversas agrupaciones de cámara con las que han recorrido las salas más importantes de España y de diversos países. Sus miembros compaginan su carrera interpretativa con la labor individual en conservatorios y orquestas, imparten habitualmente clases en distintos cursos nacionales e internacionales.

    Sus numerosas actuaciones les han llevado a festivales y salas de la importancia del Festival Internacional Francisco Tárreg a, Teatro Liceo de Salamanca, Festival Internacional de Santander, Fundación Marcelino Botín, Ciclo de Música Clásica en entornos históricos de la Comunidad de Madrid, Ciclo de Conciertos de Primavera de Castellón, etc., muchos de los cuales han sido grabados por Radio Nacional de España. Su discografía incluye el doble CD "Compositores españoles en el XXX Aniversario de Radio Clásica", editado por el sello RTVE-Música, que fue nominado como Finalista en la VI Edición de los Premios de la Academia de las Artes y las Ciencias de la Música en la modalidad de mejor álbum clásico. En febrero de 2002 realizaron la grabación de un segundo disco compacto, encargado por la Fundación Marcelino Botín, con obras para cuarteto de cuerda de los compositores E. Rincón, M. A. Samperio y J. Mier.