(II) Ciclos de Miércoles "A MI QUERIDO AMIGO HAYDN"
CUARTETOS DE HAYDN Y MOZART

(II)

  1. Este acto tuvo lugar el
Cuarteto Saravasti . Gabriel Lauret y Diego Sanz, violín. Pedro Sanz, viola. Enrique Vidal, violonchelo

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SEGUNDO CONCIERTO
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  Haydn: Cuarteto en mi bemol mayor Op. 33 núm. 2, Hob.III:38, "La broma"
    Para empezar, nos encontramos en esta obra con el más lento de todos los primeros movimientos de la colección. Se trata de un Allegro moderato cantabile que transmite desde el principio una gran sensación de serenidad y que, en términos formales, se podría definir como un movimiento de sonata monotemático, dado que toda su estructura está basada en el motivo inicial. En efecto, ese elegante tema invade toda la pieza con algunas particularidades reseñables: el ritmo se convierte en protagonista de excepción, un dato especialmente observable en la pulsación de las distintas voces instrumentales, que responden a impulsos varios, ya sean ritmos intensamente dinámicos o polifonías de una densidad poco habitual. En todo caso, esa austeridad temática no le resta riqueza a la pieza, llena de pliegues, matices y potencial expresivo.
    El Scherzo tiene esta vez más un aire de minueto ligero en el que destacan los intervalos descendentes de octava y séptima, luego evocados en idéntico lugar del Cuarteto K. 428 de Mozart. En el trío central, y concretamente en la parte del primer violín, se encuentra una pequeña pero nada insignificante contribución a la historia de la notación musical occidental, ya que Haydn utiliza por primera vez la línea que une dos notas como indicación del efecto glissando, esto es, el deslizamiento del dedo sobre la cuerda del instrumento con el fin de unir rápidamente la articulación de dos notas. Y, más que una simple técnica de ejecución, nos hallamos ante una práctica instrumental que posteriormente se ha utilizado de manera normalizada por todos los compositores, sea cual sea su estética, pero cuyo uso se reducía entonces al ámbito de la música folclórica. Un detalle técnico muchas veces asociado con lo vienés, debido quizá a su posterior utilización tan idiomática por parte de la familia Strauss.
    El Largo sostenuto es un movimiento tremendamente original y consiste en una serie de variaciones contrapuntísticas sobre un tema de ocho compases que es expuesto en tonos sombríos, en parte debido al registro instrumental grave. Tanto ese motivo como sus contrasujetos se prestan después a diversas permutaciones y son interpretados por los cuatro componentes del cuarteto de cuerda, lo que da pie a todo tipo de combinaciones y en todas las tesituras, con una esporádica interrupción a cargo de una breve sucesión de acordes.
    El último movimiento es una de las muestras más brillantes del humor de Haydn, que se manifiesta aquí en toda su plenitud, razón por la cual el cuarteto es conocido como "La broma". Este Presto comienza de manera seductora y arrolladora y se comporta con arreglo a los cánones de un rondó tradicional, aunque las cosas no discurren luego de la manera más ortodoxa. Cuando la obra parece terminar en un adagio, tras la última exposición del tema del rondó, de repente, y sorpresivamente, lo escuchamos de nuevo subdividido en cada una de sus cuatro secciones y flanqueado por largos silencios, casi como si el autor le diera al oyente una oportunidad para memorizar cada uno de sus componentes. Unos segundos más de silencio y, cuando parece que la obra ha terminado, reaparece inconclusa la primera frase del tema, dejando en el aire una sensación de expectación y desconcierto que sólo alguien tan genial como Haydn era capaz de provocar. Un guiño histórico dirigido a los oyentes de su tiempo pero también a los oídos del futuro, que han podido ver en ese detalle insólito tanto una simple broma como una profunda ironía sobre el acto mismo de la creación.

Mozart: Cuarteto en mi bemol mayor K. 428
    El tercero de los cuartetos Haydn lo terminó Mozart unas semanas después del K. 421 y, como muy tarde, antes de comienzos de julio de 1783. Y, como muchas de las obras de Mozart en esta tonalidad, se trata de una música cálida y serena que contrasta enormemente con la turbulencia expresiva del cuarteto anterior. Un carácter que parece quedar establecido ya desde el primer tema del Allegro ma non troppo, entonado por los cuatro instrumentos al unísono, un procedimiento nada habitual en un inicio de movimiento y que en seguida deja paso a un intercambio dialogado de pequeñas frases entre los dos violines. El segundo tema lo asume el violín y lo retoma después la viola, mientras que un breve retorno del primer tema viene en forma de canon y con los violines tocando en oposición a la cuerda grave. El desarrollo se basa en repeticiones del grupetto que abría el segundo tema, así como en el tratamiento de una serie de arpegios en tresillo que pasan de un instrumento a otro en medio de un vertiginoso proceso modulatorio, mientras que la última aparición del segundo tema la incorpora el segundo violín. Todo el movimiento exhibe un espíritu lúdico que parece un homenaje abierto a Haydn.
    El Andante con moto está en mi bemol mayor y en compás de 6/8. A primera vista, su estructura es la propia de una forma sonata pero da la sensación de que no hay ninguna melodía que perdure mucho tiempo en la memoria. La pieza consta de noventa y seis compases ricamente armonizados, por un lado calmados y meditativos pero por otro de una cierta inquietud expresiva, alimentada por una escritura de enigmáticos cromatismos sincopados. Se ha señalado que sólo el Adagio del Trío de cuerda de 1788 es comparable a este movimiento en todo lo que significa de reflexión sobre el hecho musical en su más profundo significado. Pero la analogía más relevante que encontramos en este movimiento es la de su proximidad (salvando todas las distancias de estilo y concepto) con el célebre comienzo cromático del Tristán e Isolda de Wagner, lo cual añade un nuevo dato al ya de por sí apretado catálogo de premoniciones geniales del músico de Salzburgo.
    Inaugurado con unos enérgicos saltos de octava, el Minueto nos devuelve de alguna manera al mundo terrenal y musicalmente no presenta detalles novedosos, al margen del efecto que producen las notas pedal del violonchelo en el trío, mientras las corcheas en las partes superiores van cambiando de una a otra voz. Hay, sin embargo, algunas reminiscencias de Haydn, en particular del minueto del Cuarteto opus 33 núm. 2 que se ha escuchado en este mismo concierto. Y hasta se podría descubrir una broma típicamente haydiniana aunque muy sutil: la afirmación inicial de do menor respondida bruscamente en el octavo compás con un acorde sforzando en si bemol mayor. Desde el punto de vista de las dimensiones, el movimiento termina matemáticamente donde tiene que terminar, ni un segundo antes ni un segundo después
El finale, un Allegro vivace, está escrito en forma de rondó y es un verdadero prodigio de texturas luminosas y melodías simétricas, todo dentro de un equilibrio extremadamente cuidado, gracias a su distribución en diferentes asociaciones instrumentales dentro del mapa cuartetístico, siempre impregnadas por la explosiva brillantez del primer violín. Un segundo tema, ya avanzado el movimiento, supone un punto de reposo antes de la coda y guarda un ligero parecido con el segundo tema del primer movimiento. La coda discurre en un pequeño espacio de tiempo pero tiene personalidad propia. Se trata de una reflexión en voz alta sobre el tema principal, convenientemente modificado, y resuelva la obra de una manera muy original: una secuencia cadencial de cuatro acordes en staccato tocados primero en pianissimo y después en forte.

Cuarteto Saravasti (Gabriel Lauret, violín I; Diego Sanz, violín II; Pedro Sanz, viola; y Enrique Vidal, violonchelo)

Joseph Haydn (1732-1809)
Cuarteto nº 30 H.III, 38 Op. 33, 2 en Mi bemol mayor

Wolfgang Amadeus Mozart (1756-1791)
Cuarteto K.428 (421 b) en Mi bemol mayor, Op. X, 4

  1. Cuarteto Saravasti

    Han actuado recientemente en el Auditorio del Instituto Cervantes de Tokio y para la Embajada de España en Japón. En 2007 ha celebrado su décimo aniversario con la edición del CD Saravasti interpreta a Mozart para el sello Ibersoni., y una serie de actuaciones en Murcia y Túnez, y ofreció dos conciertos en la Fundación Juan March de Madrid dentro del ciclo A mi querido amigo Haydn, retransmitidos en directo por Radio Clásica de RNE. En 2006 actuó en el Instituto Cervantes de Nueva York dentro del ciclo de conciertos España en la Música de Cámara, y por la celebración del año Mozart ofreció Acerca de Mozart, ciclo de cuatro conciertos sobre su obra, además de otros monográficos sobre esta conmemoración en salas, destacando la Sala Velázquez del Museo del Prado delante de Las Meninas.

    Han realizado estudios en España, Francia, Bélgica y Austria con Kikuei Ikeda, Clive Greensmith, Mikhail Kopelman, Ruben Aharonian, Liviu Stanese, John Harding, Jaap Schröder e Igor Sulyga, miembros de los Cuartetos de Tokio, Borodin, Kopelman, Enesco, Vía Nova, Orlando, Smithson y de Moscú. Entre 2001 y 2008 han estrenado obras como Prometeo de Manuel Seco de Arpe y la Suite folklórica sobre temas murcianos de Benito Lauret,  Nueva Visión del Minotauro de Miguel Franco (editado por el sello RTVE-Música), El Sueño del Milenio de Antonio Narejos y el Cuarteto nº4 de Mario Medina, así como Seis Interludios Escénicos para cuarteto de cuerda de José Zárate.

    Son innumerables las instituciones y organismos con los que ha colaborado, destacando el INAEM, el CDMC, Fundación Cajasol-El Monte para Juventudes Musicales de Sevilla, Festival Internacional de Música del Mediterráneo y Clásicos en Verano de la Comunidad de Madrid, Sociedad Filarmónica de Lugo, o las Universidades de Sevilla, Granada, Murcia y Cartagena, lo que les lleva a recibir numerosos galardones.