(IV) Ciclos de Miércoles "A MI QUERIDO AMIGO HAYDN"
CUARTETOS DE HAYDN Y MOZART

(IV)

  1. Este acto tuvo lugar el
Cuarteto Ars Hispanica . Alejandro Saiz y María Saiz, violín. José Manuel Saiz, viola. Laura Oliver, violonchelo

___________________________________________________________________________

CUARTO CONCIERTO
___________________________________________________________________________
Haydn: Cuarteto en do mayor Op. 33 núm. 3, Hob.IV:39, "El pájaro"
    Este cuarteto es conocido con el sobrenombre de Vogel-Quartett (El pájaro), una costumbre esta de asociar las obras musicales puras con elementos extramusicales que se dio mucho en el Barroco y que recorre toda la obra de Haydn, sembrada de referencias que, dicho sea de paso, no son siempre del todo afortunadas o apropiadas. En cualquier caso, esta obra viene a sumarse a la larga lista de músicas con referencias o sugerencias ornitológicas que se han compuesto a lo largo de la historia. Y esta vez, el motivo del subtítulo puede estar relacionado tanto con los ágiles grupetti y los mordentes que se escuchan en el primer movimiento como con los trinos del violín en el Scherzo. Detalles sonoros o argumentales, en cualquier caso, que no tienen trascendencia formal en una obra cuyo comienzo, al igual que sucedía en el opus 33 núm. 1, resulta de capital importancia para su desarrollo ulterior. Para ser más concretos, podría decirse que los primeros seis compases del Allegro moderato aparecen como una especie de génesis temática del resto de la composición. Así, el detalle ornamental en el registro agudo del primer violín da pie a una serie de motivos que van proliferando entre las cuatro partes del conjunto instrumental, en medio de un gradual pero no por ello menos impresionante crescendo. Lo cual se repite otras dos veces en diferentes contextos tonales hasta que definitivamente se reafirma el criterio rítmico y tonal del movimiento, que por otra parte tiene una apariencia netamente monotemática aunque, eso sí, quizá para compensar esa economía de medios, Haydn se las apaña de manera milagrosa para crear una gran variedad de contrastes y timbres en su interior. En otro orden de cosas, merece la pena reseñar en este caso la precisión de detalles e indicaciones que se leen en la partitura, en el afán de obtener del intérprete los efectos instrumentales deseados.
    El Allegretto hace las veces de scherzo y, dentro de un ambiente dinámico callado, deja que estallen violentos acentos sonoros, con un trío que pasará a la historia por albergar esos célebres trinos onomatopéyicos que dieron al cuarteto el subtítulo de El pájaro. Ese comienzo sotto voce en do mayor fue adoptado por Mozart en el minueto de su Quinteto K. 515 y por Beethoven en su Quinteto opus 29.
    El Adagio ma non troppo es posiblemente la última ocasión en la que Haydn utiliza la vieja técnica de la reexposición variada, incluyendo una doble exposición temática en el primer violín, seguida por una breve pero incisiva transición que conduce a una reexposición más ornamentada. Se trata, en efecto, de una pieza muy elaborada que hace las veces de movimiento lento pero que tiene rasgos que le dan un perfil mucho más abierto.
    El Presto con el que concluye el cuarteto reúne las características suficientes para poder hablar de originalidad compositiva. En primer lugar, se trata de la primera vez que el autor denomina expresamente como rondó un movimiento de cuarteto de cuerda y, por otra parte, su sencilla estructura (sus dos episodios están basados en el mismo tema) tiene un acentuado aire popular con matices muy exóticos para lo que en aquel momento era esperable en la escena vienesa. Es decir, un pasaje de claro sabor húngaro y algunos detalles melódicos de inequívoco aire alla turca, un estilo basado en la evocación de la práctica interpretativa y la percusión de color orientalista de las bandas de jenízaros y que Haydn recrearía después de manera insuperable en su Sinfonía núm. 100, la Sinfonía Militar.

Mozart: Cuarteto en do mayor K. 465, "Disonancias"
    Hablar de este cuarteto es hablar del adagio que sirve de introducción al primer movimiento, porque en esos veintidós compases se encierran todas las audacias armónicas que en su día se interpretaron como una provocación y suscitaron las críticas más adversas, dando lugar a ese histórico subtítulo de "Disonancias". Más de uno pensó en su momento que Mozart había permitido que las diferentes partes instrumentales se imprimieran con numerosos errores, pero lo cierto es que el autógrafo revela con exactitud que esa sección fue escrita con gran cuidado y presenta muy pocas correcciones. El escándalo llegó a oídos del mismísimo Haydn, quien no dudó en ampararle declarando que si Mozart había escrito eso era porque debía de tener razones poderosas para ello. Y lo que es seguro es que entre esas razones no figuraba el deseo de epatar a sus contemporáneos, ni mucho menos, sino la sana voluntad de proseguir una evolución muy coherente en su carrera creativa. Partiendo de la base de que estos seis cuartetos dedicados a Haydn son una de las piedras miliares del arte mozartiano, y que en ellos el músico lleva a su más alta expresión el arte de combinar forma, estilo, sentimiento y experimentación, parece que este cuarteto está concebido como la culminación de todas esas inquietudes. Y lo confirma Mozart después del polémico adagio, en un pasaje del brillante Allegro que sigue, en el que retoma la primera parte de la melodía inicial y la desarrolla con criterios modulatorios, rítmicos e imitativos. Un tema posterior lo presenta el primer violín doblado por el segundo a la inusual distancia de una décima baja. El desarrollo es una muestra más de la energía del movimiento, todo un ejemplo de imaginación constructiva y de capacidad dialogante entre los cuatro instrumentos de cuerda. Una página modélica de lo que se podía esperar en la escritura cuartetística del más puro de los clasicismos.
    El Andante cantabile es posiblemente el más intenso de los movimientos lentos de la serie. El tema inicial es una melodía memorable, no tanto el segundo tema, más convencional, aunque lo más fascinante de la pieza es el tratamiento que Mozart hace de ese material, en el que, curiosamente, juega un papel esencial una figura secundaria de cuatro notas que acaba escuchándose nada menos que setenta veces en el curso de los 114 compases, pasando de unos instrumentos a otros. Mención aparte merece un atractivo diálogo figurativo entre el violonchelo y el primer violín, luego diluido entre todos los instrumentos hasta alcanzar la deliciosa coda. Y todo ello en el interior de un ámbito melódico muy amplio que abarca hasta dos octavas. Por otra parte, y como dato curioso, algunos musicólogos se han planteado si el silencio de violines y viola en los compases 26 y 75, que unos intérpretes respetan y otros no, era intencionado o una simple errata de imprenta.
    El Minueto es una página de curso decidido que se mueve en la alternancia entre forte y piano, dentro de una gestualidad instrumental extrovertida y de gran energía. Su segunda sección, derivada de la primera, comienza con una figura cromática tocada primero en unísono por el cuarteto y luego compartida por todas las voces, individualmente o en dúos. En el trío se respira un humor típicamente mozartiano, con un tema que salta en amplios intervalos melódicos por encima de un acompañamiento inalterable de segundo violín y viola, con el violonchelo cumpliendo un discreto papel de acompañamiento armónico. Pero lo que más sorprende en este trío es que parece acelerar el tempo sicológico del minueto, en lugar del habitual remanso que supone esa sección central.
    El Allegro molto final nos acerca a la cara más sonriente de Mozart. Su contenido parte de las tres primeras notas del primer tema (tres sol repetidos), que generan una gran variedad de desarrollos y recursos contrapuntísticos. Esa célula forma parte después de otras melodías y contribuye a la inmensa vitalidad del conjunto de la pieza. La capacidad de invención queda de manifiesto en la forma de tratar un tercer tema que se anuncia en mi bemol y reaparece poco antes de la coda, primero en la bemol mayor y luego sujeto a un estricto procedimiento canónico. Todo el movimiento es una demostración de la capacidad de Mozart para integrar los más diversos elementos, como el cromatismo de la voz interior que acompaña el segundo tema o la repentina aparición de una tonalidad lejana con retorno inmediato al punto de partida, un pasaje que confirma la decisiva influencia de la heterodoxa y enigmática introducción del cuarteto en el devenir del conjunto de la obra. Es el final de una serie de cuartetos que marca un hito en la producción mozartiana y en la historia de la música de cámara de todos los tiempos.

Cuarteto Ars Hispánica (Alejandro Saiz, violín I; María Saiz, violín II; José Manuel Saiz, viola; y Laura Oliver, violonchelo)

Joseph Haydn (1732-1809)
Cuarteto nº 32 H. IV, 39 Op. 33, 3 en Do mayor

Wolfgang Amadeus Mozart (1756-1791)
Cuarteto K.465 enDo mayor, Op. X, 6 (Disonancias)

  1. Cuarteto Ars Hispanica

    El Cuarteto Ars Hispanica reúne a cuatro destacados intérpretes españoles con una sólida formación obtenida en centros como Escuela Reina Sofía, R.C.S.M. de Madrid, Oberlin College (EE.UU.) y Conservatorio de Ginebra (Suiza), y una amplia experiencia en diversas agrupaciones de cámara con las que han recorrido las salas más importantes de España y de diversos países. Sus miembros compaginan su carrera interpretativa con la labor individual en conservatorios y orquestas, imparten habitualmente clases en distintos cursos nacionales e internacionales.

    Sus numerosas actuaciones les han llevado a festivales y salas de la importancia del Festival Internacional Francisco Tárreg a, Teatro Liceo de Salamanca, Festival Internacional de Santander, Fundación Marcelino Botín, Ciclo de Música Clásica en entornos históricos de la Comunidad de Madrid, Ciclo de Conciertos de Primavera de Castellón, etc., muchos de los cuales han sido grabados por Radio Nacional de España. Su discografía incluye el doble CD "Compositores españoles en el XXX Aniversario de Radio Clásica", editado por el sello RTVE-Música, que fue nominado como Finalista en la VI Edición de los Premios de la Academia de las Artes y las Ciencias de la Música en la modalidad de mejor álbum clásico. En febrero de 2002 realizaron la grabación de un segundo disco compacto, encargado por la Fundación Marcelino Botín, con obras para cuarteto de cuerda de los compositores E. Rincón, M. A. Samperio y J. Mier.