(III) Ciclos de Miércoles DESPUÉS DE STALIN: MÚSICA EN LA URSS, 1960-1990

(III)

  1. Este acto tuvo lugar el
Levon Melikyan, violín. Natalia Margulis, violonchelo. Sofya Melikyan, piano

En este tercer concierto comenzamos con  Boris Tchaikovsky (1925-1996)
Sonata para violonchelo y piano (1957)
Allegro non troppo
Adagio
Andante
    La música para violonchelo de Tchaikovsky ha gozado de un reconocimiento importante, especialmente su Concierto para violonchelo (1964), que es una de las pocas obras retenidas de manera especial por el gran Rostropovich en su repertorio de las que le escribieron. La Sonata para violonchelo y piano fue escrita en 1957 y dedicada a Moissei Wainberg, gran compositor de origen judío y polaco que gozó de una sólida amistad por parte de Shostakovich y de la admiración de muchos de los más jóvenes. La Sonata de Tchaikovsky forma parte de las que escribió en la primera época, tras haber concluido sus estudios en Moscú en 1949. No tiene, por tanto, los interesantes rasgos que el autor iba a desarrollar a partir de inicios de los sesenta. Tchaikovsky no fue nunca un innovador, pero su música alcanzó un sello muy personal que invita hoy a su revisión. Alguno de estos rasgos desfilan por su Sonata para violonchelo: una curiosa concepción tonal, un gusto por los colores graves y - diríamos-  profundamente rusos y un fraseo en el que se adivinan configuraciones que se apartan de la cuadratura, no rítmicamente pero sí en su entidad motívica. Citemos, sobre lo primero, un regusto por modalidades arcaicas embutido en un esquema en mi menor, en el primer tiempo; en un sol menor, en el segundo movimiento; y en un do menor, en el tercero. El fraseo rítmico y los motivos que desgrana el chelo parecen rendir homenaje al Schubert de la célebre Sonata "Arpegione". Todo este material armónico se adereza con disonancias que difuminan la previsibilidad de cualquier juego tonal y que parecen evocar una suerte de Hindemith ruso. El interés de la obra viene, en parte, de esa rareza que siempre se produce con obras de factura muy convencional pero llenas de ingredientes y de una cierta poesía que nos sorprende, ya sea por convicción artística, por rigor técnico o por un cierto desplazamiento de las expectativas de un oyente acostumbrado a un cierto tipo de convencionalimos. Esta Sonata es, en todo caso, la más antigua de fecha de composición de todo el ciclo aquí programado.

Andrey Eshpay (1925)
Sonata para violín y piano, en si bemol mayor (1966)
Allegro molto agitato
El nombre de Eshpay, como el de Tchaikovsky que acaba de sonar, hacen un poco el papel de contrafiguras en este ciclo. Son la imagen más convencional de los nombres elegidos para retratar una época, pero ambos son compositores de rigurosa formación, con una poética no exenta de interés si su obra se sitúa fuera de una polémica entre tradición y renovación, y los dos mantuvieron una posición política y administrativa razonable dentro del juego de tensiones entre los que osaron desafiar las reglas y los colaboracionistas declarados. La partitura está dedicada a Eduard Grach. La Sonata para violín y piano, al contrario que la de Tchaikovsky, está escrita en un periodo (1966) en el que la polémica sobre la renovación del lenguaje había sonado ya muy fuerte. Sus anacronismos son, por tanto, menos digeribles. Sin embargo, esta llena de curiosos momentos. Se anuncia en la tonalidad de si bemol, pero aparece libre de armadura tonal, que sólo hace su aparición en los 46 últimos compases. Ofrece, también, un curioso juego motívico en el que la repetición de frases tiene un papel muy destacado. Otro aspecto notable es su sólida escritura idiomática para el violín, que destaca sobre la simplicidad de la parte escrita para el piano. Formalmente es más libre que la Sonata para violonchelo de B. Tchaikovsky, se articula sobre periodos marcados por cambios de tempo que la hacen muy amena a la escucha. Y constituye, en cualquier caso, una aportación simpática a la literatura escrita para el dúo violín y piano.
  
Sofia Gubaidulina (1931)
Rejoice! Sonata para violín y violonchelo (1981)
Your joy no man taketh from you
Rejoice with them that do rejoice
Rejoice, rabbi
And he returned into his house
Listen to the still small voice within
    La sonata para violín y violonchelo, Rejoice!, de Sofia Gubaidulina no sólo significa un salto cualitativo en el interés del presente concierto, se trata quizá de una de las más grandes obras del siglo XX escritas para esta nada sencilla combinación de la que, posiblemente, haya que retroceder hasta Ravel para encontrar una hazaña análoga. La obra fue compuesta en 1981 a petición del matrimonio formado por la violinista Natalia Gutman y el violonchelista Oleg Kagan, a quienes está dedicada. Su estreno se hizo esperar hasta el 26 de julio de 1988 y tuvo lugar en la ciudad finlandesa de Kuhmo, célebre por su espléndido festival de verano. Para el estreno definitivo, la obra fue profundamente revisada. Su estreno americano tuvo lugar casi a continuación, el 21 de enero de 1989 en el Carnegie Hall de New York, actuando en esa ocasión como intérpretes el violinista Gidon Kremer y el violonchelista Thomas Demenga. La sonata fue pronto considerada como una obra excepcional, lo que prueban las excelentes y abundantes grabaciones discográficas que de ella se han realizado.

Los cinco movimientos que componen esta sonata utilizan como títulos otros tantos proverbios de las lecciones espi-rituales del filósofo ucraniano Grigori Skovoroda, que vivió en el siglo XVIII. Estos títulos, según Gubaidulina, se utilizan "como una metáfora de la transición de una realidad a otra a través de la yuxtaposición de sonidos normales con el de los armónicos. La posibilidad que tienen los instrumentos de cuerda de obtener tonos de diferentes alturas en el mismo sitio de la cuerda puede ser experimentada en música como la transición al otro plano de la existencia. Y eso es alegría".  Como señala la propia compositora, la importancia simbólica de los sonidos armónicos en esta obra es decisiva. En cuanto a la posibilidad que la autora señala de pasar del sonido normal al armónico sin cambiar otra cosa que la presión del dedo sobre la cuerda, lo encontramos ya en el inicio de la obra de la mano del violín de manera muy clara, así como en el final del violonchelo. Es una sugestiva idea la de que ese gesto técnico sea símbolo de transformación y transición hacia un estado de alegría; pero en todo caso es un rasgo definitorio de la obra. Hay más aspectos deslumbrantes técnicamente; como el segundo movimiento, veloz y marcado por unos cromatismos que, entre otras cosas, obligan a un ejercicio de digitación endiablado para colocar los dedos en posiciones tan estrechas como lo son siempre las de los semitonos (especialmente en el violín, que es más pequeño); o los juegos consistentes en oscilar cromáticamente sobre un único sonido a través de las dobles cuerdas, que proporcionan una sonoridad confusa y rica, y que no por casualidad la autora los sitúa en el tercer movimiento (Rejoice, rabbi; Alégrate, rabino). Es también fascinante la constante ambivalencia entre las partes métricamente marcadas por compases y la que está escrita sin ninguna indicación, con la carga de libertad rítmica que proporciona. En fin, son tantos los gestos de riqueza técnica, puestos además al servicio de una narración metafórica, que se haría muy largo precisarlos. El resultado de la escucha de esta obra, que es lo que importa, es el de una música con una carga de veracidad y convicción que contagia a los elementos de escritura, que son, por otra parte, prodigiosos. Todo ello conseguido con una poética personal inimitable y una trascendencia en el uso de los recursos que la convierten en una de las obras de pequeña cámara más sugestivas de las escritas en el último cuarto del siglo XX. Su ubicación como última obra del concierto de hoy nos ilustra mejor que la más elaborada tesis doctoral acerca del salto ofrecido por la música soviética desde las piezas convencionales por puro sometimiento a las tradiciones hasta la música entendida como compromiso personal asumido hasta las últimas consecuencias, sin que ello signifique, además, lenguajes abstractos, fríos o distantes de la emoción. Esa es la lección de esta extraordinaria sonata, Rejoice!, cuya elocuencia apenas precisa comentarios, por más que siempre resulte agradable realizarlos.

Levón Melikyan, violín
Natalia Margulis, violonchelo
Sofya Melikyan, piano

Boris Tchaikovsky (1925-1996)
Sonata para violonchelo y piano (1957)


Andrey Eshpay (1925)
Sonata para violín y piano Si bemol mayor (1966)
    Allegro molto agitato

Sofia Gubaidulina (1931)
Rejoice!, sonata para violín y violonchelo (1981)
   

  1. Levon Melikyan

    Nacido en Ereván, Armenia, estudió en la Escuela Tchaikovsky, con T. Airapetyan y en el Con-servatorio Superior Komitas, con K. Dombaev. Al finalizar sus estudios con Diploma de Honor, obtuvo las titulaciones de concertista, solista de or-questa y profesor superior de violín. A lo largo de los años de la formación profesional, realizó varios recitales en Ereván, Tiblisi y Moscú.

    Ha formado parte de la Orquesta Nacional de Cámara de Armenia como ayuda de concertino. Como solista de orquesta, ha realizado giras por Europa, América y  Asia, entre otros. De 1979-1982 fue invitado por la Orquesta Sinfónica Gulbenkian (Lisboa) como ayuda de concertino. En 1990 realizó una serie de conciertos en París con la Orquesta Filarmónica de Francia como concertino. Ha actuado como solista en los Festivales internacionales "La primavera de Praga", "Otoño de Varsovia", "D. Scarlatti", en Soria, en Ayamonte y Quintanar de la Orden; y con el pianista austríaco George Demus. Ha participado en los ciclos de cámara de la Orquesta Sinfónica de RTVE en el Salón de Actos de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando de Madrid y en el Teatro Monumental.

    Desde 1994 es profesor de la Orquesta Sinfónica de RTVE y profesor del Conservatorio Municipal Montserrat Caballé (Arganda del Rey).

  2. Natalia Margulis

    Nació en una familia de músicos rusos en Friburgo, Alemania. Comenzó estudios de piano con su madre y a los trece años comienza los de violonchelo. Ha estudiado en San Petersburgo, Basilea, Los Angeles y en la Hochschule für Musik, Köln, Alemania con Frans Helmerson, donde recibió su diploma con 'distinción en 2002. Después en la Escuela Superior de Música Reina Sofía, Madrid, con Natalia Shakovskaya.

    Ha tocado para grandes cellistas como D. Geringas, N. Gutman y B. Pergamentschilov. Ha actuado en el Schoenberg Hall, Los Ángeles, el Walton Arts Center en Arkansas, el Auditorio Nacional de Madrid, el Megaron Hall en Thessaloniki, Grecia, en el Palais des Beaux Arts de Bruselas, entre otros. Ha tocado con la Greek National Orchestra, North Arkansas Symphony Orchestra, Cologne Youth Orchestra, y ha intervenido en festivales como el de Santander y Verbier Academy. Como miembro del 'Margulis Trío ha obtenido premios en la Competition de 99 Osaka Música de Cámara, y en el 'María Canals en Barcelona. Fue invitada para dar masterclasses en el Internacional Music Seminar en Vertiscos, Grecia.

    Desde 2007 es ayuda solista de la Orquesta Sinfónica de Madrid (Teatro Real).

  3. Sofya MelikyanSofya Melikyan

    Alabada por su “exquisita sensibilidad artística” (Mundoclasico), la pianista Armenia Sofya Melikyan ha sido invitada a ofrecer conciertos en prestigiosas salas de Europa, Asia, Estados Unidos y Canadá, incluyendo Carnegie Hall de Nueva York, Palau de la Música Valenciana, Salle Cortot en Paris, Palacio de Festivales de Santander, Fundación Juan March y Teatro Monumental en Madrid, Sala “Izumi” en Osaka, Guangzhou Opera House en China, Sala Filarmónica de Yerevan, Sala Filarmónica de Belgrado, Centro Cultural “Miguel Delibes” en Valladolid, “Cultural Center” en Chicago, “Historisches Kaufhaus” en Freiburg, entre muchas otras. Ha colaborado como solista con las Orquestas Sinfónica Nacional de Armenia, Estatal de Cámara de Armenia, Filarmónica Europea, Joven Orquesta Nacional de España, Sinfónica Nacional de Cuba, Sinfónica de Valencia, Filarmónica de Andalucía, Sinfónica de Radio y Televisión Española.

    Ha obtenido máximos galardones y premios especiales en los concursos internacionales tales como Concurso de Piano Marisa Montiel, Concurso internacional de Piano de Ibiza, Premio a la Interpretación Musical de la Asociación de Amigos del Colegio de España de París, Concurso Internacional de piano José Iturbi, Concurso Internacional de Piano Maria Canals, Concurso “Artists International” en Nueva York, Concurso Internacional de Música de Cámara “New England” en Boston y Concurso Internacional de Música de Cámara “J.C. Arriaga” en Stamford, EEUU. Sus actuaciones han sido retransmitidas por la Radio y Televisión Nacional de España, Radio y Televisión Nacional de Armenia, Canal Clásico WFMT de Chicago, Canal WQXR de Nueva York, Canal ABC de Melbourne, Canal “Mezzo” de la Televisión Francesa. Nacida en la ciudad de Yerevan, Armenia, realiza sus estudios musicales en la escuela de música Tchaikovsky de Yerevan con Anahit Shajbazyan. Continua su formación en el Real Conservatorio Superior de Música de Madrid con Joaquin Soriano, consiguiendo el Premio Extraordinario de Honor Fin de Carrera. Más adelante perfecciona su arte de interpretación con Galina Eguiazarova en Madrid, Ramzi Yassa y Brigitte Engerer en Paris. Sus estudios de postgrado los realiza en la Manhattan School of Music de Nueva York bajo la tutela de Salomón Mikowsky. Recientes y futuros compromisos incluyen recitales, conciertos de  música de cámara y con orquesta en Estados Unidos, Japón, China, Australia, Francia, Suiza, Alemania, Canadá, España y Armenia