(I) Ciclos de Miércoles Música para violonchelo sólo

(I)

  1. Este acto tuvo lugar el
Carlos Prieto Jacque, violonchelo

PRIMER CONCIERTO
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Suite I en sol mayor BWV 1007
    Es la más asequible desde un punto de vista técnico; de hecho, Vogt la considera como una introducción al ciclo. Se impone inmediatamente el grandioso Preludio (en 4/4), apoyado en acordes quebrados y juegos tímbricos, sobre la repetición punto menos que obsesiva de un diseño rítmico fijo. La Allemande que sigue presenta una cierta proximidad temática con el material del movimiento precedente; Bach despliega en ella una danza intensa y majestuosa, de figuración elaborada. Un ritmo muy marcado domina la vivaz Courante, trazada por medio de rasgos de escritura muy enérgicos. La Sarabande es de breve duración y ofrece una construcción más densa en acordes que el resto de los bailes de esta misma clase dentro de la serie. Los dos Minuetos cumplen una obvia función contrastante; vigoroso, el primero; cantable, el segundo. La Gigue, que incide en una nota insistentemente repetida, adquiere un sesgo italiano; es un movimiento de acusada sencillez y tampoco está exento de estilización a partir de su origen danzante.


Suite V en do menor BWV 1011
Las dos últimas Suites sobresalen por la expansión de los recursos del instrumento. En la copia de Anna Magdalena se lee "suite discordable", lo que indica la práctica de la scordatura, o cambio de afinación con respecto a la acostumbrada; en este caso la cuarta cuerda debe afinarse un tono por debajo de lo normal, sol en vez de la. La scordatura es un procedimiento raro en Bach, por el que opta aquí para permitir ciertos acordes en otro caso intocables.
La quinta es la más francesa de todas las Suites, ya desde el complejo Preludio (4/4), de grandes dimensiones, que constituye una grandiosa obertura a la francesa, con el característico ritmo con puntillo en la parte inicial, a la que sigue una sección fugada (3/8), con las entradas del sujeto dispuestas sucesivamente en las distintas cuerdas. Esta sección es una muestra magnífica del arte de Bach para crear un efecto polifónico por completo imaginario, cuando realmente la escritura nunca abandona una sola voz, si bien con la ayuda de la memoria del oyente se completa lo que falta y parecen oírse las dos líneas correspondientes a sujeto y contrasujeto. El compositor omite la preceptiva repetición de la parte lenta de la obertura, tal vez por considerar que el Preludio tendría entonces una duración excesiva. Un tanto paradójicamente, la Allemande, con su ritmo semejante al del Preludio, del que parece provenir, se acoge también al estilo francés. Incluso la Courante contiene rasgos de estilo francés en su ritmo tan diversificado; presenta acordes que recuerdan el idiomatismo propio de la viola da gamba. La sobria, noble Sarabande, por el contrario, no contiene pasajes en dobles cuerdas, como otras danzas de esta naturaleza dentro del ciclo, pero se trata seguramente de la más honda. La Gavotte I es de ritmo binario, en oposición al ternario de la segunda, en do mayor, construida como un rondó, ambas contribuyen a aligerar la gran tensión acumulada hasta su entrada. Se cierra la Suite con una vivaz Gigue, que recupera el carácter francés que domina a lo largo de toda la composición.


El neobarroquismo de Reger
Compuso Reger toda una colección de piezas para instrumentos de cuerda a solo, violín, viola y violonchelo, que en su momento tuvieron un carácter único, dado que este repertorio no se practicaba. Desde luego, todas ellas reclaman a Bach como modelo por su empeño polifónico, si bien son páginas donde abundan las secuencias meramente melódicas. Las Suites de viola son originales, ya que son las primeras en su género, adelantándose a Hindemith, pero son composiciones más modestas que las destinadas al violonchelo.
    Las tres Suites para violonchelo Op. 131c (1915, dedicadas a chelistas de la época: sol mayor, Julius Klengel; re menor, Hugo Becker; la menor, Paul Grümmer) se enmarcan perfectamente en el fenómeno de recuperación de las obras homólogas de Bach llevado a término por Casals. La opinión más demoledora sobre ellas puede que sea la de Béla Bartók, a quien las Suites de Reger, en comparación precisamente con la Sonata de Kodály, le parecían una "pálida imitación de las de Bach". Aquí tal vez se fijaba Bartók demasiado en Reger como intérprete, editor y arreglista de Bach, al que siempre entendió de una manera romántica. Esta última faceta, la de adaptador de obras de Bach, ha sido estudiada muy a fondo por Johannes Lorenzen en su libro fundamental en el tema (Wiesbaden, 1982). En las Suites no hay tal cosa, en tanto que el material es original y ni siquiera hay una suerte de "adaptación al cuadrado", si acaso, el estilo sí que es adscribible a una tendencia neobarroca. Ciertamente, no puede negarse valor musical a estos trabajos, ni importancia desde el punto de vista del crecimiento del repertorio para violonchelo, cuyos recursos instrumentales son explotados con conocimiento. Reger desmiente aquí un tanto a sus críticos, que le tachan de practicante del "arte como oficio", aunque nunca se libra del todo de un formalismo heredado de Hugo Riemann.
    La primera Suite es la más breve y sencilla de las tres. El movimiento inicial, Preludio, es el que sin duda está más próximo a Bach, pero con la diferencia de que no hay polifonía oculta o latente. Un lenguaje nítido y melódico, ligado a la expresividad, está presente en el Adagio. Se concluye con una fuga a dos voces, que se distingue de la escrita por Bach en su quinta Suite por la claridad y ausencia de polifonía encubierta. Las Suites de Reger han contado con algunos defensores ilustres entre los violonchelistas, muy especialmente Enrico Mainardi.

      1. Johann Sebastian Bach (1685-1750)
      1. Suite nº 1 en Sol mayor para violonchelo solo BWV 1007
      2. Suite nº 5 para violonchelo solo en Do menor, BWV 1011
      1. Max Reger (1873-1916)
      1. Suite en Sol mayor, Op. 131 c