(II) Ciclos de Miércoles Música para violonchelo sólo

(II)

  1. Este acto tuvo lugar el
Carlos Prieto Jacque, violonchelo

SEGUNDO CONCIERTO
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Suite III en do mayor BWV 1009
    Ensaya Bach en esta obra una sonoridad más redonda, propia de la luminosidad del tono de do mayor. En el Preludio (3/4), procede a realizar una sorprendente acumulación de tensión musical; en un gesto en apariencia ajeno a todo esquema constructivo, un mismo dibujo rítmico se repite casi constantemente, elevando una y otra vez la espiral de energía musical de la secuencia. La extensa, compleja Allemande ofrece un ritmo acelerado en fusas, en tanto que la refulgente Courante recupera la imagen de un movimiento perpetuo en la ligereza de sus corcheas, ambas danzas utilizan un material temático conexo. Es muy marcado el valor de reposo de la Sarabande, iniciada por unos imponentes acordes, se desprende una melodía de indudable sencillez, a la par que noble efecto. La primera de las Bourrées semeja una música popular; la segunda, en do menor, se muestra mucho más íntima. La Gigue conduce al paroxismo rítmico; el sonido del violonchelo imita entonces el de una musette (gaita pequeña), efecto auditivo que se suma a esa actitud tan barroca de colocar en primer plano la apariencia en detrimento de la realidad.


Suite IV en mi bemol mayor BWV 1010
   El Preludio (4/4), a base de arpegios, sugiere el mantenimiento de una larga nota pedal - en realidad inexistente-  que va, apaciguándose lentamente; desde una escucha moderna, son muy interesantes las modulaciones y el efecto que se crea de inestabilidad tonal. Prosiguen una Allemande que se decanta por la sencillez y una Courante, bastante más intrincada, de estilo muy francés, en la que alternan los ritmos binario y ternario. La Sarabande es contemplativa, concebida para sacar partido al uso de dobles y triples cuerdas. La primera Bourrée se genera de una célula mínima de cinco notas; la segunda, de muy corta duración, aporta un toque de ingenuidad. La Gigue adopta un gesto fogoso; su aire general es muy italiano. Plantea también unas demandas virtuosísticas extremas, a fin de crear sobre el oyente la sensación de un deslumbrante movimiento perpetuo.


Rostropovich y Britten con Bach al fondo
    En 1960, asistió Benjamín Britten al estreno británico del Concierto para violonchelo nº 1 de Dimitri Shostakovich. Fue su solista Mstislav Rostropovich, dedicatario de la obra. De ese encuentro surgió una relación de amistad entre el compositor británico y el violonchelista ruso y una importante serie de obras, con el violonchelo de protagonista y las capacidades del propio Rostropovich como modelo, escrita por el autor del War Requiem de 1961 a 1971: la Sonata para violonchelo y piano en do mayor (1961), que supone el retorno a la música instrumental abandonada por Britten desde los años cuarenta, la Sinfonía para violonchelo y orquesta (1963) y las tres Suites para violonchelo solo (1964, 1967, 1972). Estas tres páginas se miran en el espejo de las bachianas por su condición de estudio de la simultaneidad, pero no dejan de fundamentarse igualmente en el arte "quebrado" de los laudistas y clavecinistas barrocos. Michael Kennedy apunta también como origen la manera de tocar Rostropovich algunas de las Suites de Bach y que Britten habría tenido oportunidad de escuchar. Sin embargo, el autor inglés se aparta del precedente bachiano en que cada una de sus Suites responde a una organización formal totalmente diversa; ello, con todo y ser muy interesante y distintivo, no es bastante, en el plano estético, para afirmar, como en efecto hace parte de la crítica británica, que el creador moderna ha superado al barroco.
    Para la primera Suite, hay además un antecedente, menor si se quiere, pero de contacto muy estrecho con el arte interpretativo de Mstislav Rostropovich. En junio de 1964, Britten, la English Chamber Orchestra y el propio Rostropovich tocaron en Aldeburgh el Concierto para violonchelo en do mayor de Haydn, escribiendo el autor de Peter Grimes y director de esa ocasión las cadencias para el solista (hay testimonio discográfico, grabado en julio de ese año).
    La Suite nº 1 fue redactada precisamente en Aldeburgh durante los meses de noviembre y diciembre de 1964, al regresar Britten de una gira por la U.R.S.S. La estrenaría Rostropovich, al que está dedicada ("For Slava", se lee en el manuscrito), en el Festival de Aldeburgh, el 27 de junio de 1965. La estructura de la obra es sumamente original: consta de seis movimientos agrupados por bloques, que a su vez se ven separados por un canto que funciona, bajo sus diversos aspectos o configuraciones, como elemento recurrente. La obra se inicia con el Canto primo (sostenuto e largamente), entra a continuación la Fuga, tratada un tanto humorísticamente, sobre dos células muy diferenciadas. El Lamento, de hiriente lirismo, plantea el choque entre mi y mi bemol. Tras el Canto secondo, de breve duración, la Serenata introduce un clima fantasmal y obsesivo. Britten crea con el violonchelo una guitarra imaginaria por medio de los pizzicati y los sugerentes efectos de los glissandi. La Marcia impone figuras en ostinato, sacando mucho partido de los sonidos de la afinación natural del instrumento. Son distinguibles dos temas, uno que imita las fanfarrias de la trompeta; y otro, a modo de acompañamiento rítmico con un metafórico instrumento de percusión, tañido col legno. Se da paso al Canto terzo, la secuencia más concentrada de la obra, donde se alcanzan ribetes punto menos que siniestros. Enlaza con el Bordone, cuyo zumbido característico subraya dos temas, uno en pizzicato, que a Kennedy le parece que pueda provenir del Concierto para violín (1939); y el segundo que toma la apariencia de una frase muy ondulante. En el Motto perpetuo despliega el compositor un obsesivo, brillantísimo torbellino instrumental; a él se asocia el Canto quarto y final, que ejerce un papel de resumen de toda la obra.

      1. Johann Sebastian Bach (1685-1750)
      1. Suite nº 3 en Do mayor para violonchelo solo BWV 1009
      2. Suite nº 4 en Mi bemol mayor, BWV 1010 para violonchelo solo
      1. Benjamin Britten (1913-1976)
      1. Suite nº 1 en Sol mayor, Op. 72 para violonchelo solo