1/3 Ciclos de Miércoles Cuartetos españoles del siglo XVIII

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  1. Este acto tuvo lugar el
Cuarteto de Cuerda "Manuel Canales" . Juan Llinares y Roberto Mendoza, violín. Luis Llácer, viola. Jagoba Fanlo, violonchelo

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NOTAS AL PROGRAMA
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Los Cuartetos de Enrique Ataide
Hace ahora tres años que, durante un recuento de los fondos de la Biblioteca del Conservatorio Superior de Música de Madrid, "descubrimos" emocionados cuatro cuadernillos apaisados e impresos con la siguiente inscripción: "Seis quartetos de dos violines, viola y baxo, opera I / de D. Enrique Ataide y Portugal, caballero aficionado. -- Madrid : en la librería de Copin". El impreso, que conocíamos sólo a través de citas bibliográficas, aparece mencionado por primera vez en un anuncio del Memorial Literario de 1789 como "Seis quartetos nuevos... compuestos por D.E.A.P", y se vendía a 50 reales en la librería del francés Miguel Copin, promotor de ediciones de música en su tienda de la madrileña Carrera de San Jerónimo.
    El ejemplar localizado ingresó en el siglo XIX en el Conservatorio, junto a otros impresos y manuscritos regalados por el profesor Eusebio Ruiz, bibliotecario en funciones y propietario de una excelente colección de música de cuerda. El impreso está completo y bien conservado, y lleva la signatura S/ 4779- 1-4  que, sin duda, ha pasado desapercibida a la mayoría de los intérpretes e investigadores.
    Según Rafael Mitjana , que cita al autor como Enrique Cabalt de Ataide, había un ejemplar de esta edición en la biblioteca del Doctor Strahl en Giefsen, pero no aparece descrita en ninguna de las series de RISM (Répertoire International des Sources Musicales) ni en los catálogos de las principales bibliotecas musicales. No conocemos, por tanto, la existencia de ningún otro ejemplar original conservado, aunque sí de una versión posterior para dos guitarras, publicada en París en el siglo XIX por el editor Richault.
    Dejando aparte la valoración de su interés musical (a nuestro juicio, nada desdeñable), la importancia histórica de estas piezas es innegable. S egún nuestros conocimientos actuales, los cuartetos de cuerda de Ataide son la segunda publicación realizada en España para este tipo de agrupación camerística, sólo posterior al op. 1 de Manuel Canales. No conocemos ningún otro intento de publicación anterior al siglo XIX, cuando Vicente Garviso reprodujo en tipografía el primer cuarteto de José Teixidor y otras tres piezas del mismo género compuestas por Bernhard Romberg (1801). El impresor anunciaba además la publicación de varias obras de cámara de G. Brunetti que, según todos los indicios, no llegaron nunca a estamparse.
    Baltasar Saldoni afirma que en mayo de 1800 se publicaron en Madrid varias obras musicales de Enrique de Ataide y Portugal, autor que no aparece documentado en su diccionario de músicos españoles por haberlo considerado extranjero . No hemos podido constatar la existencia de estas supuestas composiciones ni de ninguna otra partitura atribuible a Ataide, pero creemos precipitado el juicio de Saldoni sobre la nacionalidad del músico, ya que, si bien es cierto que el apellido procede de la antigua nobleza lusitana, también lo es que aparece tempranamente afincado en España. Todas las búsquedas realizadas en diccionarios de músicos portugueses han resultado hasta el momento infructuosas.
A falta de una investigación más profunda, y sin que la consulta de las principales obras de referencia haya aportado ningún dato biográfico sobre este autor, nos limitamos a constatar su arraigo en la cultura de la Ilustración española y su responsabilidad directa en algunas publicaciones ajenas a la música, como el texto satírico Almacén de chanzas y veras (ediciones madrileñas de 1802 y 1807), donde el didáctico discurso impuesto por su educación francesa se disculpa por ceder a la graciosa seguidilla; Amenidades filosóficas o discursos sobre todos los estados de la vida (Barcelona, 1804), o las traducciones del francés al español de El tesoro de los niños (Madrid, 1807), Colección de filósofos moralistas antiguos (Madrid, 1802) y otras obras de filosofía, religión y medicina.
    El apelativo "Caballero aficionado", que figura en la portada de los cuartetos, parece hacer referencia tanto a la condición social del músico, como a la orientación del impreso a un público no profesional en el que el propio compositor se encuadraría, los "Signori dilettanti di Madrid", destinatarios de los cuartetos de cuerda G.171-176 compuestos por Boccherini en 1770.
La música de Ataide responde a esas perspectivas, resulta fresca, ingeniosa y alegre, aunque de escasas pretensiones formales y sin la elaboración que se aprecia en la música de Canales, más profunda e introspectiva. Como aquél, hace un uso reiterado de armonías basadas en segundas aumentadas y emplea con frecuencia los unísonos. Muchas de sus melodías recuerdan a las de Haydn, y la estructura de todos los cuartetos obedece a la forma de tema con variaciones, muy en boga en aquel momento. En general, el papel de violín primero destaca notablemente sobre los demás (característica de los cuartetos menos evolucionados) y algunos pasajes alcanzan gran dificultad técnica, especialmente en la primera obra de la serie, la más trabajada desde el punto de vista compositivo.
No existe, de momento, ninguna grabación de estos cuartetos de Ataide, aunque la partitura ya ha sido publicada, en edición facsímil, dentro de la revista Música (n.4-6 de 1997-1999). Todo indica que tenemos el privilegio de asistir al "reestreno" de estos rarísimos e interesantes cuartetos después de más de doscientos años en silencio.
Los Cuartetos de Manuel Canales
A Manuel Braulio Canales López (1747-1786) le cabe el honor de ser el primer compositor español conocido de cuartetos de cuerda,  además de autor del mayor número de obras conservadas: un total de doce piezas divididas en dos series de seis. La más antigua es el op. 1, dedicado al XII Duque de Alba, D. Fernando de Silva y Álvarez de Toledo,  calcografiada  por el grabador Juan Fernando Palomino  y que aparece anunciada en la Gaceta de Madrid del 12 de julio de 1774 .  La colección más moderna, presentada como op. 3, denota mayor madurez y está dedicada al rey Carlos III, de quien seguramente el músico esperaba un trato de favor que nunca llegó a producirse; fue publicada en Londres hacia 1782 por el editor William Napier con el título "Six quartettos for two violins a tenor & bass by Emmanuel Canales, composer to the King of Spain, op.III". No conocemos ningún documento que informe sobre la historia de estos impresos, ni sobre las circunstancias que motivaron la publicación del último de ellos en Inglaterra.
De la primera serie tan sólo hay dos ejemplares localizados, uno en la Biblioteca Provincial de Toledo y otro incompleto en la Biblioteca Nacional de Madrid (partes de violines I-II), mientras que de la segunda, que debió de tener mayor difusión y tirada, se guardan varias copias en colecciones de Italia, Inglaterra y Estados Unidos, además de en las dos españolas citadas.
Es una lástima que B. Saldoni no fuera más explícito cuando mencionó a M. Canalescomo "músico de la catedral de Toledo, que desde julio de 1774 hasta junio de 1786 publicó en Madrid varias obras de su composición cuyos títulos poseemos" , sin decir absolutamente nada más sobre ellos y abriendo nuevos interrogantes. Es muy probable que su op. 2, que lógicamente debió de imprimirse, fuera también otra colección de cuartetos desconocida, pero de momento sigue entrañando un misterio que esperamos sea resuelto con la catalogación de bibliotecas musicales que permanecen sin estudiar. Aparte de los cuartetos, sólo conocemos de su composición varias misas manuscritas  en la Catedral de Toledo y la noticia de unos villancicos para Navidad y Reyes que no han sido localizados.
La figura de Manuel Canales permaneció en oscuridad casi absoluta durante más de un siglo y medio, mereciendo tan sólo mínimas referencias en diccionarios e historias de la música española, y también alguna crítica sangrante por parte de Francisco Asenjo Barbieri . Fue Julio Gómez, compositor y musicólogo, el primero que en 1912 empezó a investigar sobre su biografía, con el fin de presentar un proyecto de edición musical de sus cuartetos al Concurso de la Exposición Nacional de Bellas Artes. Poco tiempo hacía que Gómez había descubierto al personaje cuando, ejerciendo de bibliotecario en la Biblioteca Provincial de Toledo, encontró un volumen encuadernado con sus obras.
El musicólogo hace un juicio justo y equilibrado del compositor, resaltando sus méritos artísticos sin ocultar sus limitaciones técnicas y siempre subrayando la importancia histórica derivada de su excepcionalidad. Al trazar un paralelismo entre la música de Boccherini y la de Canales, afirma: "También nuestro autor es original, también tienen belleza sus más sencillas frases, también posee pensamientos melancólicos y graciosos, también emplea con frecuencia el unísono. También su armonía es a veces descuidada y sus contrapuntos infantiles o poco hábiles, pero estos defectos, que se refieren a la parte mecánica del arte, están compensados por la belleza de la parte ideal y por la sencillez idílica que domina como matiz característico del hasta ahora desconocido compositor español" .
Julio Gómez localizó documentación que arrojaba las primeras luces sobre la vida y la obra del compositor, en el archivo de la catedral de Toledo y entre los "Papeles Barbieri" de la Biblioteca Nacional. Aunque sus trabajos permanecieron inéditos hasta 1986, fueron utilizados por otro ilustre colega, José Subirá, que los dio a conocer parcialmente en su célebre monografía La música en la Casa de Alba (Madrid, 1927), dedicada a analizar una colección donde faltaba la obra de Manuel Canales, a pesar de haber trabajado como músico asalariado de la casa ducal.
El compositor nació en Toledo el 26 de marzo de 1747, y a la edad de nueve años fue admitido como "seise", denominación que se aplicaba a los "niños cantorcicos" o pequeños aprendices de músicos vinculados a la catedral. Inició sus estudios con el maestro de capilla Jaime Casellas, demostrando un gran talento para la composición y destreza como violonchelista e intérprete de contrabajo y viola de amor. Como tantos otros músicos, en fecha no determinada viajó a Madrid para intentar abrirse camino en la corte y, probablemente por influencia de su amigo el violinista italiano Francesco Montali, fue admitido como músico de la Casa de Alba. Allí debió de tomar contacto con distintos círculos  cortesanos y se familiarizó con el repertorio internacional de música de cámara; incluso se especula con la posibilidad de que realizase algún viaje a Francia e Italia formando parte de la servidumbre del Duque, circunstancia que habría supuesto una excelente ocasión de aprendizaje. A esa época corresponde sin duda la dedicatoria de sus primeros cuartetos.
    El fallecimiento de su patrón en 1776 supuso la pérdida del empleo; Canales se vio obligado a regresar a su ciudad natal y solicitar su reincorporación a la plantilla de la catedral a finales de 1779, favor que obtuvo gracias a un  informe muy favorable del maestro de capilla Juan Rosell y a la mediación del Nuncio apostólico en España. Su ingreso como violón se produjo en condiciones muy especiales, ya que no existían vacantes y tuvo que aceptar la obligación de encargarse de la enseñanza de los seises y  de la composición de música en ausencia o enfermedad del maestro de capilla. Al morir Rosell en 1780 Canales se hizo cargo interinamente del magisterio pero, a pesar de la buena disposición del Cabildo, que lo tenía en gran estima, no se le pudo asignar el cargo de forma definitiva debido a su condición de seglar.
    Otros documentos del archivo de la catedral de Toledo nos hablan de su vida familiar, de la existencia de una hija monja en un convento de Madrid y de los gastos generados por la enfermedad de su madre, generosamente cubiertos por el Cabildo. Diferentes permisos para desplazarse a la Corte en 1782 y 1783, quizá puedan relacionarse con las gestiones necesarias para la publicación de sus obras.
Los cuartetos del op. 3 de Canales están mucho más elaborados que los de Ataide, es más equilibrada su escritura de las distintas voces y en conjunto muestran la mano de un músico profesional muy experimentado en la música de cámara y conocedor del estilo del clasicismo europeo: se han señalado paralelismos estructurales y expresivos con los cuartetos op. 9 de Haydn. Como los del maestro austriaco, los cuartetos de Canales se presentan en cuatro movimientos: los primeros tiempos son brillantes y están escritos en una forma sencilla de sonata con frases breves y cantables; siguen los minuetos con sus respectivos tríos y en tercer lugar los movimientos lentos, especialmente expresivos e inspirados, concluyendo con movimientos muy vivos. Como ya se ha indicado, hace uso frecuente de unísonos y de otros recursos de técnica delicada.
A pesar de su importancia musical e histórica, los cuartetos del op. 3 de Canales rara vez se han programado en  concierto y son desconocidos por la mayoría de los intérpretes, que apenas disponen de una escasa discografía de referencia y de ediciones modernas en partitura. El op. 1 está todavía sin explorar, y desde aquí lanzo la idea de una posible edición futura de la integral de cuartetos de Canales, que nos permitiría un mejor conocimiento de este capítulo esencial de nuestra música del siglo XVIII.


  1. I
      1. Enrique Ataide y Portugal (c. XVIII)
      1. Cuarteto en Mi bemol mayor, Op. 1 nº 1
      1. Manuel Canales (1747-1786)
      1. Cuarteto en Mi bemol mayor, Op. 3 nº 2
  2. II
      1. Enrique Ataide y Portugal
      1. Cuarteto en Re mayor, Op. 1 n º 2
      1. Manuel Canales
      1. Cuarteto en Re mayor, Op. 3 nº 1