(I) Ciclos de Miércoles UN ALBÉNIZ MENOS CONOCIDO

(I)

  1. Este acto tuvo lugar el
Elena Rivera Rivera, soprano. Jorge Robaina, piano

Comenzando este primer concierto, las Seis Baladas

muestran a un Albéniz no despersonalizado, pero sí abiertamente

entregado a una causa artística que no era la propia.

Hay un innegable artificio en este “Albéniz de salón”

dedicado a escribir ariette en italiano con referencia al bel

canto -especialmente a Bellini- e indisimulada influencia de

los melodistas italianos que triunfaban en los salones de la

burguesía acomodada de avanzado el siglo XIX. Estas Baladas

fueron escritas en 1887-88 sobre versos de Maria Paulina

Sprecca-Piccolomini, Marquesa de Bolaños, a la que

también Arbós dedicaría más tarde alguna composición. Y

acudimos al mismísimo maestro Arbós, a sus “Memorias”,

para encontrar una referencia a esta señora y al ambiente en

el que se movía, fidelísimamente reflejado en estas Seis Baladas

albenicianas: “Conocí en casa de Albéniz a la Marquesa

de Bolaños. Era italiana, de familia noble, y a la profunda

atracción y refinamiento de su personalidad, unía esa cualidad

inherente a casi todo el círculo aristocrático de Roma,

despierto siempre y hondamente interesado por cuanto sea

arte. Ella cantaba. El Marqués era hombre culto y distinguido

y pronto fue ésta la casa que más frecuentábamos por

su ambiente acogedor y simpático (...) Se hacía música. Yo

cambié enteramente el repertorio de la Bolaños haciéndole

sustituir Denza y Tosti por Schumann y Schubert”... A lo

que se ve, Albéniz no había procurado lo mismo, sino, muy al

contrario, surtir a la Marquesa de piezas vocales en su estilo

favorito.

De las cuatro canciones de Isaac Albéniz escritas en lengua

francesa que se presentan en este recital, la primera cronológicamente

es la Chanson de Barberine que Albéniz compuso

en 1889 sobre versos de Alfred de Musset y dedicó a Christa

de Morphi. En 1897 se fecha Il en est de l’amour, una mélodie

compuesta por Albéniz sobre versos de Charles A. Costa

de Beauregard, dedicada a la esposa de su colega y amigo el

compositor Ernest Chausson. A Pierre Loti se deben los textos

de los Deux morceaux en prose (Crépuscule y Tristesse) a

los que Isaac Albéniz puso música hacia 1897. Como precisa

Jacinto Torres en su imprescindible Catálogo sistemático

descriptivo de las obras musicales de Isaac Albéniz (Madrid,

2001), por la correspondencia entre Albéniz y el mencionado

Ernest Chausson se sabe que estas dos canciones fueron

interpretadas en París el 18 de marzo de 1899, en concierto

de la Société Nationale de Musique.

Walter Aaron Clark, en su documentada biografía de Albéniz,

de 1999 (vertida al español en 2002), da la siguiente

“seca” descripción de estas canciones francesas: “Especialmente

en las canciones sobre textos de Loti percibimos los

elementos esenciales del estilo de madurez de Albéniz: la

declamación silábica, al modo de la mélodie francesa, y la

ausencia de una melodía memorable en la voz; una preferencia

por las tonalidades de bemoles (típicas de toda su

música) con abundante cromatismo (especialmente dobles

bemoles) y modulaciones frecuentes; finalmente, acompañamientos

difíciles para piano”. En su estudio sobre la música

vocal de Albéniz, Antón Cardó se refiere al Crepúsculo de

las Prosas de Loti como un “drama de tintes íntimos” y ve en

Tristeza “un cromatismo tortuoso de filiación wagneriana,

quasi tristanesco, hasta el punto de ser bastante difícil situar

claramente la tonalidad en algunos compases, en el límite de

su disolución”...

A lo largo de la historia de la música vocal, cabe encontrar

algunas fusiones excepcionalmente fructíferas de poesía y

música, de poetas y compositores. Si en la primera mitad del

siglo romántico encontramos, como prototipo de lo que decimos,

el encuentro creativo entre Heine y Schumann, avanzado

ya este período nos encontramos con el poeta Paul Verlaine

(1844-1896) y el compositor Gabriel Fauré (1845-1924)

-tan solo un año más joven que aquél- como protagonistas

de otra maravillosa juntura artística. No fueron tantas las

canciones de Fauré sobre versos de Verlaine: las Cinco melodías

op 58, el ciclo La Bonne Chanson, op 61 y alguna canción

aislada (Claire de lune, Prison), pero la poesía del uno y la

música del otro, más que sintonizar entre sí, más que correr

en paralelo, más que vibrar al unísono, se nos antojan caras

distintas de un mismo rostro. Por añadidura, en el caso Fauré-Verlaine hubo trato personal, sellado en un último y conmovido gesto: Gabriel Fauré quiso ser el organista que

pusiera música al funeral con que se despidió a Verlaine en

1896. Gerardo Diego, quien consideraba a Fauré como músico

de tan exquisita sensibilidad poética que también se refería

a él como poeta, refiriéndose a las canciones que Fauré

hizo sobre poemas de Verlaine, escribió: “El encuentro entre

los dos grandes poetas fue fatal, como una conjunción astronómica”.

De esta extraordinaria juntura de poesía y música

surgieron productos bellamente representativos de la tendencia

simbolista.

Estas Melodías, compuestas en 1891, fueron dedicadas por

Fauré a Winnaretta Singer (1865-1943), dama norteamericana

de origen y francesa de nacionalidad, Princesa de Polignac

tras su matrimonio con Edmond de Polignac, en cuya

mansión encontraron apoyo cordial, ayuda económica y

salones donde dar a conocer su música tantos intérpretes

(Wanda Landowska, Clara Haskil, Dinu Lipatti...) y compositores

(Fauré, Satie, Ravel, Falla, Poulenc...) de la época.

Las Cinq mélodies op 58, conocidas como de Venise, fueron

estrenadas en la Société Nationale de Musique de París, el

2 de abril de 1892, por el tenor Maurice Bagès y el compositor

al piano. Sin embargo, la referencia veneciana no pareció

excesivamente adecuada a un importante estudioso de esta

música, Vladimir Jankélévitch, quien comentó que “estos

tiernos pasteles evocan más bien los bosquecillos de Versalles

que las ruidosas locuras de Venecia (alude al Carnaval),

y más bien las malezas y frondosidades de la Île-de-France

que la deslumbrante luz del Veronés”.

De la misma generación que Fauré, Henri Duparc (1848-

1933) dejó en el género de la canción de concierto lo mejor de

un intenso y extraño temperamento musical que, sin duda,

no llegó a cuajar en un catálogo más consistente debido a los

serios problemas de salud que el compositor sufrió. Coincidió

con Fauré al escoger buena parte de los poetas para

musicar, pero, en cuanto a los más grandes, Duparc se sintió

más atraído por Baudelaire (1821-1867) que por Verlaine.

Soupir, sobre un poema de Prudhomme, data de 1869 y es

una manifestación del amor que sentía entonces por Ellie

Mac Swiney, joven escocesa con la que Duparc se casaría en

1871. Poco antes, en 1870, durante la guerra franco-prusiana,

había compuesto L’invitation au voyage, sobre el célebre

poema de Charles Baudelaire (contenido en Les fleurs du

mal) y que es la más interpretada de sus canciones. Mucho

más tarde, en 1889, dio a conocer la mélodie titulada Phidylé,

compuesta años atrás sobre versos de Leconte de Lisle (de

sus Poemas antiguos), hermosa y brillante página vocal que

Henri Duparc dedicó a su colega Ernest Chausson y a la que

el autor se refería como su “vaso roto”, en alusión a la celebridad

que había adquirido el poema de Sully Prudhomme

Le vas brisé.

Si la poesía de Verlaine se había encontrado con la música

de Fauré, era imposible que no hiciera lo propio con la de

Claude Debussy, músico que, desde un punto de vista estético,

cabe considerarlo todavía más “hermano”. Y así fue.

Aunque la cima del Debussy simbolista -su ópera Pélleas

et Mélisande- se llevó a cabo con apoyo en Maeterlinck, la

juntura de la música debussysta y la poesía de Verlaine dio

frutos anteriores, entre ellos las seis mélodies sobre poemas

de Paul Verlaine que compuso Debussy entre 1885 y 1887,

tituladas Ariettes oubliées. El gran poeta había escrito estos

versos en 1872, cuando estaba en plena efervescencia su tormentosa

y escandalosa relación homosexual con otro de los

más grandes poetas franceses de la época, Arthur Rimbaud,

quien inspira uno de los poemas: Il pleure dans mon coeur.

El que abre la colección, C’est l’extase, así como el pequeño

díptico que forman Green y Spleen, también contienen ecos

de aquella relación amorosa y su contenido lo vierte Debussy

en una indefinible sensualidad que, por una parte, habla

de la personalísima asimilación que el compositor francés

había llevado a cabo de la música de Wagner y, por otro,

anuncia una fascinante composición propia: el Preludio a la

siesta de un fauno. En contraste, Chevaux de bois (Caballos de

madera) es la evocación sutil e ingeniosa de los caballitos de

un tiovivo. Por su parte, L’ombre des arbres es, acaso, la can

ción más poética y sutil de esta pequeña colección, la más

moderna también en tanto en cuanto presenta una armonía

delicuescente, un encadenamiento de sonidos no guiados

por más reglas que las dictadas por la propia sensibilidad.

Las Ariettes oubliées están dedicadas a Mary Garden, la primera

Mélisande, célebre soprano que las estrenó, con el propio

Debussy al piano. Garden y Debussy incluso grabaron

una selección de estas Ariettes en 1904.

Elena Rivera, soprano
Jorge Robaina, piano

Isaac Albéniz (1860-1909)
Seis Baladas
   Barcarola
    La lontananza
    Una rosa in dono
    Il tuo sguardo
    Moriró!!
    Tho riveduta in sogno

Gabriel Fauré
(1845-1924)
Cinq mélodies "de Venise" (Paul Verlaine), Op. 58
    Mandoline
    En sourdine
    Green
    A Clyméne
    Cest lextase

Henri Duparc
(1848-1933)
Linvitation au voyage
Soupir
Phidylé

Isaac Albéniz
Il en est de lamour
Chanson de Barberine
Deux morceaux de prose
   Crépuscule
    Tristesse

Claude Debussy (1862-1918)
Ariettes oubliées
   Cest la extase langoureuse
    Il Pleure dans mon coeur
    Lombre des arbres
    Chevaux de bois
    Green
    Spleen

  1. Elena Rivera Rivera

    Elena Rivera nace en Sonora (México). Tras estudiar en su ciudad natal recibe una beca para viajar a España,  ingresa en la Escuela Superior de Canto de Madrid donde termina sus estudios superiores obteniendo el premio "Lola Rodríguez Aragón". En el año 2004 recibe el segundo premio en el Concurso Internacional de  canto "Manuel Ausensi", y en 2005 del primer premio en el Concurso Internacional de canto de la Fundación "Jacinto Guerrero". En 2006 fue semifinalista en "Operalia" que organiza Plácido Domingo. En ese mismo año fue seleccionada para cantar en el Concierto del 150 aniversario del Teatro de la Zarzuela de Madrid junto a Carlos Álvarez, María Bayo, Carlos Chausson, Joan Pons y Josep Bros, entre otros.

    Ha realizado innumerables conciertos de Ópera, Lied y Zarzuela por todo el mundo; cabe destacar la interpretación del personaje  de  Gilda en Rigoletto, Violetta en La Traviata, o Adina en Lelisir damore. En España ha cantado en el Auditorio Nacional, Palacio Euskalduna. Teatro Arriaga, Teatro Cervantes y Palau de la Música.

  2. Jorge RobainaJorge Robaina

    Nacido en Las Palmas de Gran Canaria donde comenzó sus estudios musicales. Completó su formación en el Conservatorio Estatal en Viena. Ha obtenido, entre otros, el premio “Pegasus” y la bolsa premio “Bosendorfer” en Viena, “Coleman” en Santiago de Compostela, Juventudes Musicales de España y dos veces el premio al mejor pianista acompañante de la Fundación Jacinto Guerrero. Ha actuado en los principales auditorios europeos, recientemente ha debutado en el Carnegie Hall de Nueva York. Como solista ha colaborado con importantes orquestas españolas y europeas. Graba habitualmente para RNE y TVE. Realizó las primeras grabaciones mundiales del Concierto para piano de Falcón-Sanabria, de Nostálgico para piano y orquesta de Carmelo Bernaola y del Concierto para dos pianos y gran orquesta de Ángel Martín Pompey, junto a la pianista Marta Zabaleta. Obtiene el premio de la revista Ritmo por su disco de música para piano de Guridi y el Padre Donostia. Ha grabado, entre otros, el disco diez autores diez junto a Raquel Lojendio y Alfredo García. Es profesor de repertorio vocal en la Escuela Superior de Canto de Madrid desde 1991, e imparte regularmente clases magistrales de piano y repertorio vocal en distintos puntos de España. Colabora habitualmente con importantes cantantes.