3/4 Ciclos de Miércoles Flauta romántica española

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  1. Este acto tuvo lugar el
Juana Guillem y Manuel Guerrero, flauta

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TERCER CONCIERTO
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José María del Carmen Ribas: 18 Duettinos originales
Este compendio de dúos publicados en Londres en torno a 1840 es una amplia y variada muestra del gran sentido musical de nuestro flautista más internacional del siglo XIX. Eighteen Original Duettinos for two flutes es una obra compuesta a base de pequeños fragmentos con entidad estructural y musical propia que van desgranando poco a poco las posibilidades técnicas y expresivas de la flauta. Las dos voces fluyen por igual en una línea camerística de carácter marcadamente europeo, que deja vislumbrar un músico con oficio al más puro estilo de la época, tanto como intérprete, pedagogo, constructor y compositor. Sería tal la fama alcanzada por nuestro compatriota a estos niveles, que importantes libros le citarían y dedicarían escritos en sus páginas: W.N. James, A Word or Two on the Flute (Edimburgh 1826); Richard Shepherd Rockstro, quien esbozaría una resumida biografía suya con obras en A Treatrise on the Flute ( Rudall & Carte, Londres, 1890); o más tarde Macaulay Fitzgbbon en The Story of the Flute publicado en 1926, al margen de las numerosas alusiones en las más prestigiosas revistas del momento como "The Quarterly Musical Magazine", "The Harmonicon" o "The Musical World". Esta pieza, al igual que la siguiente, fue recuperada en Inglaterra por Fco. Javier López.

José María del Carmen Ribas: Gran Duo para dos flautas
Es composición de gran envergadura, que requiere de los solistas grandes exigencias virtuosísticas. Está estructurada en tres movimientos, durante los cuales los dos intérpretes van alternando simultáneamente los temas que configuran cada parte de la obra, si bien siempre es la primera flauta quien los va presentado antes, a lo largo de toda ella. Su escritura deja entrever, de nuevo, un flautista de gran dominio instrumental y un músico de fluida soltura, para el que no escatimaron elogios nuestros cronistas al hacerse eco de su paso por Madrid en las revistas especializadas. Por ser el testimonio más fiel que nos sirve para situar la obra y el autor en su justo contexto, además del valor añadido que conllevan estos escritos, merece la pena airear después de casi 150 años el firmado por Joaquín Espín y Guillén en La Iberia Musical, año I, diciembre de 1842, aclarando que en él aparece siempre escrito el apellido Ribas con V.
-Teatro del Príncipe-
Concierto del Señor Rivas
   "...Tiempo hacía que nuestros  teatros y sociedades no presentaban una novedad que llamase en tan alto grado la atención pública, se entiende, en la parte musical: poco acostumbrados nosotros a oir talentos de primer orden en género de instrumentistas, o por mejor decir, siendo muy escaso el número de instrumentistas de gran nombradía que acierta a venir a nuestro país, se nos ha querido echar algunas veces en cara que el público español es más aficionado a oír cantar regularmente, que a oir tocar al mejor instrumentista del orbe músico. Lo primero, sucede cabalmente en todos los países del mundo, porque no hay instrumento mejor ni que interese tanto al corazón del hombre como la voz humana; y lo segundo, porque siendo muy escaso el número de instrumentistas que sobresalga de la generalidad, no hay motivo para que el público comprenda a primera vista las dificultades y bellezas de un instrumento. En Italia mismo está sucediendo todos los días, que se escucha a los instrumentistas con algún tanto de frialdad. La razón es, porque siendo el canto el que absorbe la atención general, en razón a la abundancia de cantantes que hay en este país, están más connaturalizados los italianos a oir cantar, que a oir tocar.
    En Alemania, sucede todo lo contrario: allí el estudio favorito es el del instrumental, porque siendo escasas las buenas voces en aquel país, se dedican a poseer a fondo algún instrumento, saliendo en este género tan hábiles instrumentistas, que la Europa los admira como modelos de perfección.
    En nuestra España, si bien el estudio del instrumental está retrasado en comparación de otras naciones, de algunos años a esta parte ha tomado un impulso grandísimo, y lo tomaría más a medida que los jóvenes estudiosos tuvieran modelos a quienes poder observar.
    Por lo que hace relación con el público, podemos asegurar que en nuestros últimos días ha aplaudido con entusiasmo al distinguido violinista Ghys, y hace dos noches aplaudió igualmente a la joven e interesante arpista señora Lázare.
    Pero nos hemos alargado demasiado en hacer algunas digresiones, sin demostrar el objeto primordial de este artículo.
    El artista español Sr. D. José María de Rivas, primer flauta del gran teatro de la Reina y del Académico de Londres, ha hecho un viaje a su patria con solo el objeto de ver a su familia y demás compatriotas, teniendo al propio tiempo la feliz idea de presentarse a tocar en público para que sus paisanos juzguen imparcialmente de su mérito. ¡Loor eterno merece un artista que impulsado tan solo del amor patrio, ha emprendido un viaje a su patria, tan solo porque es español, y para hacer ver lo que un español de talento vale en el extranjero!
    Sí; nosotros, artistas y entusiastas por la gloria de nuestro arte tanto como el primero, apreciamos en todo su valor el paso que en honor de nuestro arte acaba de dar el señor Rivas, presentándose en la capital de las Españas a demostrar que si nuestro arte está decaído a falta de un gobierno que sepa darle impulso, de un gobierno que en vez de ocuparse de bombardear una hermosa ciudad, debía erigir en cada plaza pública un templo a Apolo; hay artistas españoles que con su talento dan honor al país que les vio nacer, ya que este país anegado en sangre y horrores, no pueda en cambio ofrecer a su talento sino el corto pero grande tributo de la admiración.
    La flauta, cuya invención atribuyen los poetas de la antigüedad a Apollon, Mercurio, Pallas, y Pan; y los griegos y romanos la atribuyen igualmente al divino Marsyas; la flauta, repetimos,  que en nuestros tiempos está dando tanta nombradía al célebre tocador Tulou, es un instrumento encantador en boca del artista español Sr. Rivas, y que a juzgar por el efecto que en nosotros ha causado el oírle tocar de una manera tal, no extrañamos que en los primeros tiempos de su invención obrase efectos tan maravillosos como nos cuenta la historia.
    Sorprendente es a la verdad que en un instrumento tan conocido se hayan hecho descubrimientos de tal valía como los que acabamos de observar en la ejecución del señor Rivas. Todo es sublime en este artista; la manera de ejecutar, veloz y limpia; la conducción de las frases, sin interrumpirlas las concluye con notable maestría; los alientos o manera de aspirar es tan sumamente imperceptible, que nos costaba trabajo el adivinar los pasajes en que lo hacía; la manera de filar el sonido, admirable; pues se queda este tan apagado, sin que por esto se entienda que falte a la afinación, que nos parece un imposible tanto dominio del instrumento: el modo de octavear, es como no lo hemos oído nunca, porque va tan unido el sonido grave al agudo, que la ilusión es tan completa que se llega a dudar si se oyen dos instrumentos o es uno solo el que tal encanto produce: pero donde Rivas es sublime, grande, es en la manera de expresar los andantes; emplea en tocar estos por lo regular la octava grave del instrumento en cuya extensión emite el canto con tanto sentido y expresión que logra asemejar a veces  a la voz humana; el espectador le sigue frase por frase, compás por compás, nota por nota, sin perder el más pequeño acento de dolor que se escapa misteriosamente del encantado instrumento; aquí el triunfo del artista es superior a todo cuanto podamos decir, pues cuando termina la ejecución del trozo que tanta sorpresa  como admiración  ha causado en el público, este mismo público prorrumpe en bravos y aclamaciones, que hacen al artista asemejarse a una cosa sobrenatural.
    El señor Rivas ha logrado lo que ningún instrumentista en España, ser aplaudido y aclamado por sus compatriotas como el Tulou español, es decir, como el primer ejecutante que reconocemos en su género. Este triunfo debe ser tanto más lisonjero para el artista español, cuanto que le ha alcanzado solo por su mérito. Se ha presentado Rivas en nuestra escena, sin pretensiones, sin estar protegido por pandillajes de ningún género, y solo sí,  por el alma  tan noble  como  artista  del señor  don  Julián Romea, empresario del teatro del Príncipe, quien accedió gustoso a la petición del expresado artista, facilitándole con este paso el logro de sus deseos.
    El señor don José Rivas va a partir para su patria adoptiva, dejando en nosotros un vacío inmenso: en otros países vemos con frecuencia que los gobiernos se muestran avaros en poseer artistas de nombradía que honren a su nación; nada costaría al nuestro nombrar al artista Rivas primer flauta de  la capilla Real (que por cierto no tiene más que uno), de la cámara, y aún del Conservatorio Nacional, aunque para esto tuviera que alterarse algo su reglamento; no sería la primera vez que esto último se ha hecho, y por lo menos en este paso habría un acto de justicia notorio, y de estimar a los artistas en lo que valen.
    Desgracia nuestra es, que para que un artista español logre fama y dinero, se vea precisado a recurrir al extranjero: ¡Cuándo llegará el día de bonanza para los artistas españoles!
    No terminaremos este artículo sin hacer mención honorífica y justa del Sr. D. Lorenzo Zamora, joven profesor pianista de una reputación justamente merecida. Este artista se prestó gustoso a tocar un dúo concertante de flauta y piano con el Sr. Rivas, mirando en esto la amenidad y mayor lucimiento de la función, y tributando en ello una pequeña prueba de  lo mucho que se interesaba en los triunfos de su compatriota. El Sr. De Zamora fue aplaudido con entusiasmo en las variaciones del dúo, y nosotros le felicitamos por ello de corazón, y porque quisiéramos que los artistas siempre que se presentasen ante el público, fuese en iguales términos que lo fue esta noche.
    La función del 22 de diciembre fue magnífica, los actores dramáticos ejecutaron la comedia de la Segunda Dama Duende a la perfección. S.M. y A. honraron el espectáculo con su presencia; la alta aristocracia, cuanto bello y elegante encierra la corte de España, asistió a prestar homenaje al talento elevado del Sr. Rivas, habiendo personas que pagaron a un precio exorbitante los billetes.
    Posteriormente se ha repetido dos noches la misma función, y el éxito ha sido tan satisfactorio para el expresado como en la primera noche.
    Pronto nos ocuparemos en publicar la biografía del Tulou español Sr. Rivas, tributándole el homenaje sencillo de dar su retrato en la colección que daremos el año 43 en la Galería de la Iberia Musical: nuestro objeto es alabar a los artistas de mérito y ya reconocidos como tales por todo el mundo musical, y nadie tiene tanto derecho a ello como el que sostiene nuestra reputación en países extranjeros, y trata que el honor de nuestro arte quede cual corresponde".


Joaquín Valverde Durán: El Recreo
El álbum de seis piezas de baile arregladas para dos flautas que muy significativamente Valverde tituló El Recreo, es una interesante "suite" de breves piezas, del tipo de música de baile y de salón tan populares en España en el siglo XIX. Los nombres de las mismas poseen un añadido descriptivo. Esta partitura fue editada por Romero y Marzo en Madrid en 1878, estando disponible a la venta en versión para dos flautas al precio de 24 reales y para flauta sola a 12 reales, motivo por el que solo la primera flauta es constantemente solista, quedando relegada la segunda al mero acompañamiento. Aún así, su gracia y originalidad son buena muestra del dominio de la genuina música española que poseía Valverde.
Aunque todo el mundo conoce y sitúa a Joaquín Valverde en torno al mundo del teatro y la zarzuela, es este ciclo el marco adecuado para dar a conocer también su faceta como flautista. Suficientemente mostrado quedó su interés y desvelos por el instrumento, al dedicarle dos cuadernos para la práctica e interpretación y las variadas piezas programadas en este ciclo, si bien es verdad que debido a sus múltiples ocupaciones de dirección y composición fue abandonándolo poco a poco. Pero algunas pequeñas referencias aparecidas esporádicamente en algunas revistas, nos revelan que cada vez que tenía ocasión de mostrar sus habilidades se prodigaba también como solista, cosa que al parecer dominaba con cierta soltura en su juventud. Así lo confirman testimonios como el aparecido en El Artista, Año I, Nº 16 de 30-9-1866, en donde comenta de Valverde a sus 20 años:
conciertos suspendidos con motivo de la estación veraniega en casa del Sr. Ayguals de Izco, que con tan buenos elementos artísticos cuenta para obsequiar a sus numerosos amigos y contribuir al fomento de las bellas artes alentando al entusiasmo de la juventud estudiosa, han vuelto a reanudarse. El último jueves 27 con motivo de ser la víspera del santo del dueño de la casa, fue tan brillante la concurrencia, que desde las siete de la tarde se prolongó la sesión hasta más de las dos de la madrugada. Dio principio al concierto un difícil Solo de flauta que tocó con mucho gusto el Sr. Valverde...".
Joaquín Gericó

  1. I
      1. Jose María del Carmen Ribas (1796-1861)
      1. 18 Duettinos originales para dos flautas (c. 1840)
      2. Gran Dúo para dos flautas
  2. II
      1. Joaquín Valverde Durán (1846-1910)
      1. El Recreo (1878)