(y III) Ciclos de Miércoles TECLA ESPAÑOLA DEL SIGLO XIX

(y III)

  1. Este acto tuvo lugar el
Miriam Gómez-Morán, fortepiano

Comienza el programa de este tercer concierto con

Marcial del Adalid (1826-1881) una de las más interesantes

figuras del romanticismo español. Nacido en La Coruña, recibió

su primera formación musical en las veladas que organizaba

su familia, iniciadas por su abuelo, que había sido

creador de la orquesta del Salón Filarmónico coruñés. Entre

1840 y 1844 amplió sus estudios de composición y piano

con Ignaz Moschèles en Londres, donde publicó sus primeras

obras, para volver después a residir en La Coruña y en

el pazo de Lóngora, aunque participando en las décadas siguientes

de manera muy activa en la vida musical madrileña.

Mantuvo una estrecha relación con Guelbenzu, Morphy

o Sánchez-Allú. En los primeros años realizó una abundante

obra pianística en la que se muestra su buen conocimiento de

las creaciones de los principales compositores del momento,

como Chopin o Liszt, así como igualmente su amplia cultura

literaria y, como era muy habitual en la época, en muchas

de sus piezas encontramos citas poéticas de autores como

Espronceda, Lamartine o Lord Byron. Los más destacados

géneros románticos, como romanzas sin palabras, elegías, baladas,

mazurcas, valses, nocturnos o barcarolas figuran en su

atractivo catálogo, pero sus inquietudes le llevaron a trabajar

en otros terrenos de forma destacada. Así se interesó de manera

profunda por la canción, y destacan en este sentido sus

Cantares Viejos y Nuevos de Galicia, además de producción de

mélodies en seis idiomas. En la música de cámara tiene incursiones

a través de su Cuarteto de cuerda o la Sonata para violín

y piano, e incluso emprendió el trabajo para la escena, campo

en el que debemos destacar su ópera Ines e Bianca, que por diversas

circunstancias finalmente no estrenó. Lamento. Balada

Op. 10, dedicada a su gran amigo Sánchez-Allú, fue publicada

por Casimiro Martín en Madrid en torno a 1848 y es un buen

ejemplo de la primera etapa creadora del autor, de carácter

plenamente romántico. Se trata de una bella y expresiva página

que demuestra un pleno conocimiento de los hallazgos

sonoros del piano del momento en la línea de Chopin.

En el siglo XIX los usos sociales pasaban por la costumbre

de los álbumes de autógrafos musicales, de los que tenemos

algunos destacados ejemplos como curiosos reflejos de la

vida musical española: famoso es precisamente el que se llevó

Glinka en recuerdo de su viaje por España. En la Biblioteca

del Real Conservatorio Superior de Música de Madrid se

conservan dos interesantes muestras de este tipo de álbumes,

ambos relacionados con la casa real; así el dedicado a la

Infanta Doña Isabel de Borbón en los años de la Restauración

por parte de los principales músicos de la Villa y Corte, con

el titulo de Armonía. Saldoni, Serrano, Fernández Caballero,

Barbieri, Chapí o Bretón dedicaron sus autógrafos a la infanta

como muestra de cariño. Otro álbum, de carácter muy distinto

se encuentra también en la Biblioteca del Conservatorio,

esta vez para expresar sus condolencias a la Reina Regente

doña María Cristina, y está firmado el 23 de enero de 1886

por la Asociación de Profesores de Música y aficionados, con

autores como Bretón, Romero o Zabalza. En la Biblioteca del

Palacio Real de Madrid se conserva otro álbum de autógrafos

musicales, en este caso dedicado a S.M. la Reina Doña María

de las Mercedes, con fecha del 23 de enero de 1878, día de su

boda con Alfonso XII. En él figuran los principales nombres

de la musical madrileña, desde Barbieri, Eslava o Arrieta hasta

Ynzenga, Monasterio y Bretón. Como era habitual en este tipo

tan especial de colecciones, cada autor ofrecía el género que

prefería, y nos encontramos con canciones, piezas para piano,

alguna página camerística o incluso algún motete. Hoy escuchamos

piezas pianísticas que en este álbum escribieron algunas

destacadas personalidades; así Juan María Guelbenzu

(1819-1886), que en 1841 fue nombrado profesor de la corte

y que sucedió a Pedro Albéniz en el cargo de organista de la

Real Capilla, y que fue uno de los más activos incentivadores

de la vida musical madrileña. Murió en el mismo año 1886,

y su aportación a este álbum, Invocación, apareció editada

en la colección Obras póstumas de Juan María Guelbenzu,

publicadas por iniciativa y a expensas de S.A.R. la Srma Sra.

Infanta D. Isabel de Borbón (en edición de A. Romero, 1887).

También figura en el álbum Jesús de Monasterio (1836-1903)

considerado como fundador de la escuela española de violín,

instrumento que protagonizó sus más destacadas obras,

como es el caso de su famoso Concierto para violín y orquesta,

pero que en esta ocasión se inclinó por una Barcarola para

piano. Nacido en Santander, Monasterio se formó en Madrid

y Bruselas, y tuvo una destacada carrera internacional y gran

actividad en la vida musical madrileña tanto en los conciertos

(recordemos su participación en la Sociedad de Conciertos)

como en la enseñanza desde el Conservatorio de Madrid.

Tomás Bretón (1850-1923), una de las más reconocidas figuras

de la música española de la segunda mitad del siglo XIX y

primeros años del XX, aparece también en el álbum con una

pieza para piano, instrumento que nunca llegó a dominar del

todo (recordemos que él había iniciado sus pasos en la música

como violinista). Se trata de una página además de carácter

orientalista, una estética en la que Bretón tiene algunos de los

más destacados ejemplos en ese particular enfoque español

que hoy llamamos “alhambrismo”. José Ildefonso Jimeno de

Lerma (1842-1903) fue hijo del primer catedrático de órgano

del Real Conservatorio de Madrid, puesto que él ocuparía

posteriormente, e incluso llegó a ser director del centro, así

como miembro de la Real Academia de Bellas Artes de San

Fernando, y en esta ocasión participó con un Nocturno. El

vizcaíno Valentín Zubiaurre (1837-1914) estudió en Bilbao y

después en Madrid con Eslava, al que sucedió como primer

maestro de la Real Capilla. Fue autor de obras religiosas, instrumentales

y también escénicas, y su zortzico Flor de mi valle

apareció publicado posteriormente en la Biblioteca de “La

España Musical”.

El temprano fallecimiento del salmantino Martín Sánchez-

Allú privó a la música romántica española de una figura especialmente

activa y prometedora. Tras sus estudios iniciales

en su Salamanca natal emprendió su carrera en Valladolid y

Madrid, con giras por distintas ciudades españolas, y se afincó

definitivamente en la Villa y Corte en 1850, donde entró a formar

parte del equipo de redacción de El Pasatiempo Musical,

donde publicó artículos y distintas partituras. Dirigió buena

parte de sus esfuerzos hacia el campo de la zarzuela, con alguna

incursión también en la creación sinfónica y camerística,

pero la mayor parte de sus obras pertenecen al piano, sin

olvidar por ello el terreno de la canción. Su producción pia

nística presenta todos los géneros importantes del momento,

con un buen número de fantasías y caprichos sobre motivos

de óperas y zarzuelas, páginas de inspiración nacionalista,

algún ejemplo también del incipiente orientalismo y desde

luego un apreciable acercamiento a las formas expresivas

típicas del piano romántico. En esta ocasión vamos a poder

comprobar esta última e importante faceta del compositor

con representativos ejemplos de sus nocturnos y romanzas

sin palabras, a lo que se añade una de las muchas piezas que

compuso tomando como punto de partida la escena, en esta

ocasión con una obra sobre la tirolesa de la ópera Betly de

Donizetti. que en este caso no responde a la denominación de

Fantasía, Capricho o Variaciones, sino a la de Improvisación.

En ella muestra su buen dominio de las principales dificultades

técnicas de la época, con notas dobles, octavas, toque

cantabile diferenciado, mordentes, etc.

Y el programa se cierra con una de las personalidades más

influyentes en el piano romántico español, Pedro Albéniz

(1795-1855), nacido en Logroño, y que estudió primero con

su padre Mateo Pérez de Albéniz y después en París con Karl

Brenner y Herz. Fue el primer profesor de piano del Real

Conservatorio, donde formó a numerosos pianistas: a través

de su famoso Método de piano (1840) su influencia en la escuela

española de piano se multiplicó. En calidad de profesor

de piano de Isabel II escribió un buen número de piezas para

piano a cuatro manos, que presentan un gran interés para el

desarrollo del género en España. En su catálogo podemos

encontrar junto a partituras de carácter pintoresquista numerosas

fantasías sobre óperas, uno de los géneros más extendidos

por toda Europa. Su Fantasía elegante sobre motivos

de I Puritani de Bellini, Op 29, está dedicada “a la Excma Sra

Dª María Francisca del Castillo, condesa de O´Reilly”, y es un

perfecto ejemplo del brillante virtuosismo de esta forma tan

característica del piano romántico. Sobre esta misma ópera

escribiría posteriormente otra Fantasía, su opus 44, en esa

ocasión para piano a cuatro manos.

Miriam Gómez-Morán, fortepiano

Marcial del Adalid (1826-1881)
El lamento, Op. 9 (Balada en Mi menor)   
Del "Álbum de autógrafos musicales dedicado a S. M. La Reina Dña Mercedes":

Juan Mª Guelbenzu (1819-1886)
Invocación

Jesús de Monasterio
Barcarola

Tomás Bretón (1850-1923)
Oriental

Ildefonso Jimeno de Lerma (1842-1903)
Nocturno para piano

Valentín Zubiaurre (1837-1914)
Zortziko "Flor de mi valle"

Martín Sánchez-Allú (1825-1858)
El canto del cisne "Nocturno sentimental"
Un souvenir de bonheur "Romanza sin palabras, Op. 32"
Inspiración "Nocturno, Op. 52"
Siempre amor "Romanza sin palabras, Op. 14"
Tirolesa de Betly

Pedro Albéniz (1795-1855)
Fantasía elegante sobre motivos de I Puritani

  1. Miriam Gómez-MoránMiriam Gómez-Morán

    Comienza sus estudios de piano a los 11 años en el Real Conservatorio Superior de Música de Madrid, donde obtiene su título de profesor superior de piano en 1994, con C. Deleito, M. Carra y J.L. Turina. De 1992 a 1996 estudia en la Academia de Música “Liszt Ferenc” (Budapest, Hungría), bajo la dirección de F. Rados, K. Zempléni y K. Botvay. Entre 1998 y 2000 realiza estudios de clave y fortepiano en la Musikhochschule de Freiburg (Alemania) con R. Hill y M. Behringer, así como de piano con T. Szász.

    Galardonada en numerosos concursos nacionales e internacionales, Miriam Gómez-Morán mantiene desde los doce años una creciente actividad concertística con actuaciones en España, Hungría, Reino Unido, Alemania, Francia, Italia, Canadá y Estados Unidos. Además de sus apariciones como solista en recital y con orquesta, realiza frecuentemente conciertos como componente de grupos de cámara y de música contemporánea. Forma dúo con Javier Bonet (trompa natural y fortepiano) y trío con este mismo trompista y la soprano Mª Eugenia Boix (Trío “Auf dem Strom”), así como dúo de piano a cuatro manos (“Dúo Prometheus”) con José Felipe Díaz.

    Imparte clases magistrales regularmente, es autora de varios artículos para revistas especializadas y ha realizado grabaciones para los sellos "Verso" y "Arsis". Desde el año 2000 es Catedrática de Piano en el Conservatorio Superior de Música de Castilla y León.